
Durante meses, se ha estado especulando en el debate en redes sociales que una novela de terror que ha generado mucha expectativa, Shy Girl (Chica tímida), fue escrita con la ayuda de inteligencia artificial (IA). El relato, que trata sobre una joven desesperada que es secuestrada por un hombre que conoció online y obligada a vivir como su mascota, fue autopublicada en febrero de 2025. El libro rápidamente encontró lectores entre los aficionados al terror, y la editorial Hachette la publicó en el Reino Unido en octubre de 2025 y planeaba lanzarla en Estados Unidos en los próximos días, presentándola como “una novela de terror de venganza visceral y sin disculpas”.
A principios de este año, Max Spero, fundador y director ejecutivo de Pangram, un programa de detección de IA, escuchó las afirmaciones sobre Shy Girl y decidió probar el texto completo. Sus resultados indicaron que el 78 por ciento del libro fue generado por IA. “Estoy muy seguro de que esto es en gran parte generado por IA, o muy fuertemente asistido por IA”, dijo Spero, quien publicó su investigación en X en enero.
The New York Times también analizó pasajes de la novela utilizando varias herramientas de detección de IA y encontró patrones recurrentes característicos de los textos generados por IA, como lagunas en la lógica, uso excesivo de adjetivos melodramáticos y una dependencia exagerada en la regla de tres. En los meses transcurridos desde el lanzamiento de Shy Girl en Gran Bretaña, cada vez más lectores expresaron sus sospechas de que la escritora recurrió a la IA, citando metáforas sin sentido y frases extrañas y repetitivas. A medida que crecían las acusaciones a finales de enero de que la novela era generada por IA, Hachette guardó silencio. En respuesta a las preguntas sobre las acusaciones de uso de IA en Shy Girl, la editorial que su sello Orbit canceló los planes de lanzar la novela en Estados Unidos y que suspenderá también la edición en el Reino Unido.
La autora de Shy Girl, Mia Ballard, quien según su biografía escribe poesía y vive en el norte de California, tiene muy poca presencia en las redes sociales y no parece haber abordado las acusaciones sobre el uso de IA en sus perfiles. En un correo enviado el jueves por la noche, negó haber utilizado IA para escribir Shy Girl, argumentando que una conocida a la que contrató para editar la versión autopublicada de la novela sí usó IA.
La decisión de cancelar la publicación llegó después de un análisis extenso y minucioso, dijo una portavoz de Hachette, señalando que la empresa valora la creatividad humana y exige a los autores declarar que su obra es original. Hachette también pide a sus autores que informen si están utilizando IA a la empresa.
Shy Girl parece ser la primera novela comercial de una gran editorial retirada por evidencias de uso de IA. Su cancelación es un indicio de que la escritura con IA no solo aparece en libros electrónicos baratos autopublicados que inundan Amazon, sino que también se está infiltrando en la ficción publicada de manera tradicional. El sorprendente hecho de que Shy Girl llegara tan lejos en el proceso editorial, e incluso fuera lanzada en el Reino Unido antes de que los editores investigaran minuciosamente las acusaciones de uso de IA, es señal de lo poco preparadas que están muchas personas en el mundo editorial para enfrentar el auge de la IA. También anuncia el inicio de una nueva era incierta para el mundo de los libros, ya que tanto editores como lectores cada vez se preguntan más si la prosa que leen fue escrita por un humano o por una máquina.
Pocos editores o editoriales hablarían oficialmente sobre cómo están manejando la IA, ya que sus usos en escritura son tan divisivos y éticamente ambiguos. Pero algunos ejecutivos editoriales están preocupados porque creen que es poco lo que se puede hacer para detener la invasión de la IA, especialmente mientras la tecnología evoluciona rápidamente. “Es como el plagio: estamos a merced del autor”, dijo Morgan Entrekin, editor de Grove Atlantic. “Tenemos que confiar en nuestros socios”.
Por ahora, las disrupciones más evidentes de la IA afectan a la esfera de la autopublicación, donde los autores aseguran que el ecosistema está inundado de “basura” generada por IA. Pero algunos en la industria creen que es solo cuestión de tiempo antes de que más libros escritos con IA se filtren ante los editores de las grandes editoriales. La tecnología se ha vuelto cada vez más extendida, al igual que la práctica de recoger libros autopublicados y relanzarlos a través de sellos tradicionales. “No es solo inevitable”, dijo Thad McIlroy, consultor de la industria editorial que ha instado a las editoriales a aclarar sus políticas sobre la tecnología. “Ya estamos en ello”.
Luego de enterarse de las acusaciones sobre Shy Girl por un empleado de Pangram, McIlroy consiguió una copia del libro y solicitó informes de Pangram y de otros dos programas de detección de IA, GPT Zero y Originality.ai. Los tres concluyeron que probablemente una gran parte del texto fue generada por IA, y el informe de Pangram marcó ciertas frases —incluyendo “la pausa se siente como un cuchillo en mi pecho, afilado e inflexible”, y más adelante, “presiono el teléfono contra mis labios, la pantalla fría e inflexible”— como propias del estilo de los chatbots.

Es casi imposible calcular cuántos textos generados por IA se están publicando, pero hay evidencia de que la tecnología ha provocado un aumento en la publicación de libros. El año pasado se autopublicaron más de 3,5 millones de libros, frente a los 2,5 millones en 2024, según Bowker, que recopila datos de la industria editorial. Las editoriales tradicionales publicaron más de 642.000 libros el año pasado.
Tuhin Chakrabarty, profesor de ciencias de la computación en la Stony Brook University, usó Pangram para revisar más de 4.000 novelas autopublicadas en Amazon en busca de escritura con IA. El programa encontró que cerca del 20 por ciento de las novelas habían sido escritas en gran medida por IA. Observando principalmente novelas lanzadas entre 2024 y 2025, Chakrabarty vio un aumento del 41 por ciento año tras año en la cantidad de novelas de su muestra aleatoria que contenían una gran cantidad de texto generado por IA, según explicó.
Los detectores de IA a veces señalan por error textos humanos como generados por computadora. Aun así, Chakrabarty dijo estar seguro de que Pangram estaba detectando lenguaje de chatbot. El programa fue creado para detectar patrones lingüísticos usados con frecuencia por grandes modelos de lenguaje como ChatGPT y Gemini, y tiene una tasa de falsos positivos de aproximadamente uno en 10.000, según Spero. También está diseñado para detectar intentos humanos de ocultar el uso de IA mediante edición.
Después de recopilar una lista de novelas autopublicadas que Pangram identificó como muy generadas por IA, Chakrabarty se enfocó en los libros que estaban causando mayor impacto entre los lectores, en función de la cantidad de calificaciones en Goodreads y el promedio de estrellas. Al clasificar los libros según el mayor número de reseñas, Shy Girl estaba entre los más valorados y ampliamente reseñados, con más de 4.840 calificaciones y un promedio de 3,5 estrellas. Sin embargo, la primera reseña en la página le otorga una estrella, de un lector que escribió: “Estoy bastante seguro de que esto fue escrito por ChatGPT”.
La autora Olivie Blake, quien escribió un elogio alabando Shy Girl, indicó en un correo electrónico que era “realmente desalentador saber que podría haber estado involucrada la IA”, enfatizando que “no tiene cabida en el arte”. Cuando leyó el libro, continuó, “confié de buena fe en que la historia había sido escrita por un ser humano, y sinceramente la encontré audaz, inventiva y singularmente aterradora”. “Dicho esto”, agregó, “Mia Ballard ocupa una posición altamente vulnerable en la industria editorial como autora negra, así que no quiero sacar conclusiones precipitadas”.
Muchas editoriales no prohíben explícitamente el uso de IA a los autores en sus contratos de libros. En su lugar, confían en cláusulas contractuales de larga data que exigen que los escritores afirmen que su trabajo es “original”, lo que muchos en el sector ahora interpretan como una prohibición efectiva del uso de IA para crear texto o imágenes.
Las editoriales también desconfían del contenido generado por IA porque actualmente los textos y artes generados por IA no pueden ser protegidos por derechos de autor. No obstante, dado el uso tan extendido de la IA durante la investigación, el esbozo de ideas y otras fases del proceso creativo, hay poca claridad sobre qué constituye un uso adecuado. Muchos en la industria temen que las editoriales se estén exponiendo a estafadores, o incluso a autores que consideran que su uso de la IA no traspasa ningún límite.

Un problema para regular el uso de la IA por parte de los autores es que la mayoría de las grandes editoriales no quieren prohibirla de manera absoluta. Los editores reconocen que los autores usan la IA de diferentes formas, no necesariamente en la escritura. Y los ejecutivos editoriales quieren asegurarse de que sus empleados puedan usar la tecnología para tareas como la elaboración de copys de marketing, narración de audiolibros y traducción.
El hecho de que las empresas editoriales generalmente no hayan trazado una línea clara sobre el uso de la IA genera confusión respecto a lo que está permitido. ¿Podría un novelista pedir a la IA que sugiera giros de la trama, proponga un final alternativo o pula un borrador y aun así reivindicar su obra como original? ¿En qué punto la obra deja de ser humana? Las sospechas generalizadas sobre el uso de IA por parte de los autores han puesto a las editoriales en una posición precaria. Muchos siguen viendo a la edición tradicional como el único bastión que queda para la ficción original, seleccionada y pulida por editores perspicaces. Si la IA es capaz de producir ficción atractiva, y lectores y editores no pueden discernir su origen, podría erosionar el estatus de las editoriales como árbitros literarios.
“Es un problema real, y tenemos que encontrar algunos límites”, dijo Mary Rasenberger, directora ejecutiva de la Authors Guild, que lidera una demanda colectiva de derechos de autor en nombre de autores contra OpenAI y Microsoft, alegando que ChatGPT fue entrenado ilegalmente con obras protegidas por derechos de autor. (The New York Times ha demandado a OpenAI, fabricante de ChatGPT, y a su socio Microsoft por infracción de derechos de autor sobre contenido noticioso relacionado con sistemas de IA. Ambas compañías han negado esas acusaciones.) “Hay editores y autores que piensan que el nivel de calidad de la IA no les va a competir, y no creo que ese sea el caso con los nuevos grandes modelos de lenguaje”, añadió Rasenberger.
La escritura con IA sigue siendo un tema sumamente divisivo entre autores y lectores. Algunos la ven como una forma de hacer trampa, especialmente si los lectores no se dan cuenta de que el libro que leen incluye pasajes generados por un chatbot. Para otros, se siente como robo: muchos programas generativos de IA fueron entrenados con copias sin licencia de obras protegidas por derechos de autor. Seth Fishman, agente literario, dijo que los autores que representa están en su mayoría en contra de usar IA para escribir. “Para los autores, esto no es solo una tecnología, es un problema moral”, afirmó. “Los autores sienten que su trabajo ha sido robado”.
Incluso antes de Shy Girl, circulaban rumores en el mundo editorial sobre “casi” casos, cuando los editores detectaron el uso de IA antes de que un libro se publicara. En un caso, un editor de una importante editorial, que habló bajo condición de anonimato porque el proceso editorial es privado, preguntó a un escritor por qué ciertos pasajes en su último libro eran tan planos y poco expresivos. El autor reconoció que había usado IA para las revisiones. Otra editorial descubrió que un libro que había adquirido contenía prosa asistida por IA y lo retiró antes de publicar, según un empleado que no quiso dar más detalles ni identificar al autor o el sello, citando la naturaleza confidencial de los contratos editoriales.
Hay poco consenso sobre qué se debe hacer para revisar los libros y detectar textos de IA no divulgados. Algunos agentes y editores argumentan que las editoriales deberían indicar explícitamente sus expectativas sobre la IA, para evitar confusiones o incluso fraudes por parte de autores que no son transparentes sobre su dependencia de la tecnología. Penguin Random House, la mayor editorial de Estados Unidos, ha creado directrices para establecer límites en el uso de la IA para autores e ilustradores que se hacen eco de sus cláusulas contractuales de originalidad. Representantes de otras grandes editoriales, como HarperCollins, Simon & Schuster y Macmillan, declinaron detallar sus políticas sobre IA, más allá de mencionar dichas cláusulas de originalidad en sus contratos editoriales, aunque una portavoz añadió que Macmillan evalúa los casos de uso de IA de manera individual.
Aun así, algunos temen que la ambigüedad en torno a la IA, y el estigma que la tecnología acarrea en el mundo literario, hacen más probable que los escritores no sean transparentes al respecto. “Si es algo secreto, si no quieres hablar de ello, la gente lo va a malusar”, dijo Chakrabarty. “La vergüenza alrededor de la IA está causando más daño que beneficio.”
Fuente: The New York Times