Zeno Stizzoli, conocido como 'el hombre bajo cero', conquista popularidad por caminar descalzo y sin camiseta sobre la nieve

La imagen de Zeno Stizzoli, caminando descalzo y sin camiseta sobre un manto de nieve, desafía la lógica y los límites de lo habitual. Este joven veronés, conocido como “el hombre bajo cero”, ha atraído la atención por su insólita relación con el frío: lejos de buscar notoriedad o aprobar un reto, ha encontrado en las bajas temperaturas un espacio de transformación personal, fuerza y claridad.

El apodo que lo acompaña no fue elección propia. Stizzoli aclara que la denominación de “hombre bajo cero” surgió por iniciativa de quienes observan sus actividades extremas: largas caminatas sobre la nieve, inmersiones en lagos helados y travesías sin ropa de abrigo ni calzado. Para él, no se trata de una travesura ni de un acto de rebeldía. “Fue una invención de los demás. Lo dedujeron de las experiencias que emprendo en el frío, incluso bajo cero, sin ropa. No es una travesura. Es una disciplina”, explica.

La exposición al frío se ha convertido en el eje central de su vida. Stizzoli define su práctica como “hibernación”, un estilo que implica exponerse de manera consciente a temperaturas extremas como método de entrenamiento físico y mental. “Cuando estás cubierto, no sientes nada. Cuando estás expuesto, en cambio, el cuerpo reacciona de verdad. Es en ese momento cuando aprendes a escucharlo”, asegura. Esta actitud trasciende el simple desafío físico: responde a una necesidad interior de autoconocimiento y superación.

Las travesías extremas de Zeno Stizzoli incluyen largas caminatas sobre nieve y baños en lagos helados, según su singular disciplina personal

En diciembre pasado, Stizzoli realizó una de sus experiencias más notorias: atravesó la Toscana de norte a sur siguiendo la Vía Francígena hasta Asís, siempre con el torso desnudo. A diferencia de otros peregrinos, eligió el invierno y las bajas temperaturas para realizar el recorrido. “Una peregrinación fuera de temporada. Normalmente, estas rutas se realizan en temporada alta. Yo, en cambio, quise combinarla con la exposición al frío”, relata. Las temperaturas variaban entre diez y doce grados. “Para mí no hacía tanto frío. Pero para quienes me veían era algo inusual. Muchos tenían escalofríos solo con mirarme”.

La experiencia no terminó ahí. Comenzó el trayecto con zapatos, pero pronto decidió caminar completamente descalzo. Cada travesía, para él, es una oportunidad de práctica y autoconocimiento. Aunque suele avanzar solo, ha descubierto que hay otros que comparten su afinidad con el frío. “Pensaba que era el único en mi zona, pero he descubierto que somos pocos, pero estamos ahí”, revela.

El vínculo de Stizzoli con el frío no es reciente, aunque su exposición sistemática es fruto de una búsqueda deliberada. “Me di cuenta de lo natural que me resultaba. De niño ya tenía predisposición al frío, aunque no me exponía realmente a él”. Este reconocimiento lo llevó a profundizar, estudiar y practicar a diario, hasta convertir la disciplina en parte de su identidad.

El método de exposición al frío de Stizzoli, al que llama “hibernación”, se centra en el entrenamiento físico y mental consciente a bajas temperaturas

En el desarrollo de su método, Stizzoli se inspiró en el holandés Wim Hof, famoso por sus récords mundiales de resistencia al frío. El método Hof, basado en la exposición controlada a bajas temperaturas y técnicas de respiración, ha sido objeto de estudios universitarios. Según Stizzoli, existen investigaciones que avalan los beneficios de esta práctica: “La exposición al frío desencadena reacciones químicas que ayudan a gestionar el estrés, la ansiedad y las molestias físicas y psicológicas. No es magia”. Esta visión transforma el frío en un aliado, no en un enemigo.

Para Stizzoli, caminar en el frío no implica negar el cuerpo ni buscar el sufrimiento como fin en sí mismo. Su reflexión apunta a un problema más amplio: la tendencia social a evitar cualquier forma de malestar. “El frío no es el enemigo, el verdadero problema es la huida continua del malestar, vivimos siempre en la comodidad que, prolongada, nos hace frágiles”. Su experiencia pone en cuestión la cultura contemporánea del confort, defendiendo el valor del desafío y la incomodidad como herramientas para el crecimiento físico y mental.

Stizzoli ha convertido su particular relación con el frío en una filosofía: vivir lo incómodo como vía de aprendizaje y fortaleza. Cada caminata sobre la nieve, cada inmersión en aguas heladas, es un recordatorio de que el cuerpo y la mente pueden adaptarse y crecer cuando se enfrentan a lo adverso. La exposición al frío, lejos de ser una excentricidad, se revela como una disciplina consciente, una forma de escuchar el propio cuerpo y romper con la fragilidad que impone la vida moderna. El testimonio de este joven italiano, que recorre descalzo los caminos más gélidos, invita a repensar la relación entre el cuerpo, el entorno y los límites de la comodidad.