La guerra en Medio Oriente, que enfrenta a Estados Unidos e Israel contra Irán, ha comenzado a generar efectos concretos en la economía ecuatoriana, desde el encarecimiento de combustibles hasta disrupciones en exportaciones clave, en un contexto de alta dependencia energética y vulnerabilidad logística del país.
Uno de los impactos más inmediatos se observa en el mercado de combustibles. El precio internacional del diésel, referencia clave para las importaciones ecuatorianas, se ha duplicado en menos de tres meses. Antes del conflicto, a inicios de enero de 2026, el galón de diésel ultra bajo en azufre se ubicaba en USD 1,99, mientras que para marzo alcanzó los USD 4,09, impulsado por restricciones en la producción y el transporte de crudo en el Golfo Pérsico.
Este incremento responde, entre otros factores, a las limitaciones en el estrecho de Ormuz, un paso estratégico para el comercio global de petróleo, así como a la menor capacidad operativa de refinerías en la región. La presión sobre la oferta ha generado un efecto en cadena que impacta directamente a países importadores como Ecuador.

A nivel interno, el impacto no es inmediato en la misma proporción debido al sistema de bandas implementado tras la reducción del subsidio a los combustibles en 2025. Sin embargo, el precio del diésel en el país ya registra incrementos sostenidos y alcanzó los USD 2,82 por galón entre marzo y abril de 2026, el valor más alto en décadas . Este mecanismo limita los aumentos mensuales, pero traslada la presión a las finanzas públicas, que deben cubrir la diferencia cuando el precio internacional se dispara.
El efecto fiscal es significativo. A medida que el diésel sube en el mercado internacional, el Estado ecuatoriano incrementa su gasto en subsidios y compensaciones, especialmente al transporte público. Para 2026, el Gobierno ya había presupuestado USD 218 millones en compensaciones, de los cuales más de USD 54 millones han sido ejecutados. A esto se suma la necesidad de importar mayores volúmenes de combustible debido a limitaciones estructurales en la capacidad de refinación, agravadas por el incendio de la Refinería de Esmeraldas en marzo.
El encarecimiento del diésel también tiene efectos en el sistema eléctrico. En medio del estiaje que reduce la generación hidroeléctrica, el país depende más de centrales termoeléctricas que operan con este combustible. El Estado subsidia hasta USD 1,56 por galón para este sector, lo que incrementa la presión sobre el presupuesto y eleva los costos de generación para actores privados, según información de Primicias.

Paralelamente, el conflicto ha alterado las cadenas logísticas internacionales, afectando directamente a uno de los principales productos de exportación del país: el banano. La inseguridad en rutas marítimas hacia el Golfo Pérsico ha provocado la suspensión de envíos directos hacia mercados como Emiratos Árabes Unidos, Qatar o Kuwait, lo que ha reducido en aproximadamente 600.000 cajas semanales las exportaciones hacia esa región.
Según representantes del sector exportador, consultados por Ecuavisa, la demanda se mantiene, pero el problema es logístico. Las empresas han tenido que recurrir a rutas alternativas más largas y costosas, como el envío hacia Turquía o Arabia Saudita para luego redistribuir la carga por vía terrestre. Esto ha extendido los tiempos de entrega, que normalmente eran de entre 30 y 40 días, y ha generado retrasos en el retorno de contenedores, afectando la operatividad del sector.
El impacto en costos también es relevante. Los fletes marítimos han aumentado entre USD 200 y USD 600 por contenedor, debido al alza del petróleo y al riesgo en las rutas comerciales. Este encarecimiento reduce la competitividad del banano ecuatoriano en mercados internacionales y podría tener efectos acumulativos si el conflicto se prolonga.
Además, factores internos agravan el escenario. Medidas como el toque de queda en varias provincias han reducido las horas operativas para el traslado de carga hacia los puertos, generando cuellos de botella adicionales en la logística exportadora.
En conjunto, la guerra en Medio Oriente evidencia la exposición de Ecuador a choques externos en dos frentes críticos: energía y comercio exterior. La dependencia de combustibles importados y la concentración de exportaciones en rutas sensibles amplifican los efectos de un conflicto geopolítico lejano, pero con consecuencias directas en la economía local.