Leicester City causó alto impacto en la Premier League cuando se la apoderó en la temporada 2015/2016 rompiendo todos los pronósticos. Ese equipo dirigido por el italiano Claudio Ranieri, con figuras como el arquero danés Kasper Schmeichel, el mediocampista francés N’Golo Kanté y el delantero inglés Jamie Vardy también lució en su plantilla al argentino Leonardo Ulloa, formado en la CAI de Comodoro Rivadavia y con pasado en las juveniles de la Selección y San Lorenzo de Almagro.

En una entrevista con el canal Offsiders, Ulloa dio detalles de su tormentosa relación con el entrenador: “Tenía dos ofertas de clubes de Premier que me doblaban el salario y me daban chances de jugar, porque yo no venía jugando a pesar de haber sido campeones. Ahí empecé a llevarme muy mal con Ranieri. En su momento, me había sido frontal y me avisó que no iba a jugar. Yo acepté porque fue franco. Me senté con él en la pretemporada en Los Ángeles y le expliqué que tenía dos ofertas para ganar más dinero y tener continuidad. Me dijo que no, que él me quería y me necesitaba porque íbamos a jugar la liga, la Champions y dos copas nacionales. Que me quedara porque iba a tener muchos minutos”.

Hasta allí, el rionegrino de 39 años aseguró haber entendido a su técnico, aunque se aseguró de preguntarle si pensaba contratar a otro delantero en ese mercado porque en el plantel estaban Vardy, el japonés Shinji Okazaki y había arribado el nigeriano Ahmed Musa. “Me dijo que no iba a traer a nadie más, yo no estaba del todo convencido, pero me valía. Lo único que le pedí es que me renovaran el contrato porque habían hecho eso con toda la plantilla. Me dijo que no me preocupara, que iba a hablar con él club para que me renovaran”, precisó Ulloa.

Leo Ulloa fue campeón en Leicester, pero su historia con el DT Claudio Ranieri no terminó bien (Michael Regan/Getty Images)

A continuación, Ulloa relató el momento del cortocircuito: “El último día del mercado, como les encanta en Inglaterra, pusieron 30 millones por (el argelino Islam) Slimani. Yo estaba… No iba a jugar porque era mi posición. Me fui a la oficina de Ranieri y le dije ‘¿qué es esto?’. Me dijo que no sabía, que era cosa del club. ¿Sabés cómo estaba yo? Muy enojado. Le dije un par de cosas, bastantes cosas, y me fui a hablar con el director general (Jonathan Rudkin), que no tuvo mejor idea que decirme que podía irme a préstamo al Brighton. Yo lo quería agarrar del cogote. Había dejado pasar dos ofertas, pero el problema era que ellos no querían que me fuera a préstamo, querían que me quedara porque Slimani y Riyad (Mahrez) se iban a jugar la Copa de África y querían que yo les cubra esa posición”.

El episodio continuó con una suerte de huelga pasiva del futbolista argentino: “Cuando caí en la cuenta de todo, lo encaré a Ranieri y le dije que no iba a jugar más con él, ni ahí ni cuando me necesitara. Que hiciera las cuentas que quisiera, pero que no jugaba más. A partir de ahí se empezaron a torcer las cosas. El club no se portó mal conmigo, Ranieri sí. Empecé a entrenar un poco, estaba muy fastidioso y enojado porque sabía que no iba a jugar, porque no me renovaron el contrato ni me vendieron. Dije ‘listo, me voy a tocar los huevos’, literal. Prácticamente dejé de entrenar. Me empezó a molestar el cuádriceps y dejé de entrenar. Pasaban los partidos, iba al club a cumplir horarios y no entrenaba”.

El epílogo de esta historia se inició con el pedido obligatorio de Ranieri para que Ulloa saltara al campo de juego en un entrenamiento: “Salí y era un cono literalmente. Yo había hablado con los capitanes (Schmeichel, Wes Morgan y Robert Huth) y les avisé que no iba en contra del grupo, que no quería jugar más ni saber más nada con el técnico porque se había portado muy mal. Ellos me respondieron que me entendían y apoyaban. Les dije que no iba a moverme. La primera pelota me pasó por al lado y, yo, nada. La segunda, me pega la pelota y ni la toco. Vino el segundo entrenador (Craig Shakespeare) y me dijo que Ranieri dijo que me fuera para adentro. Me di vuelta y me fui. La relación se rompió totalmente”.

Lo paradójico es que, al poco tiempo, a Ulloa le renovaron el contrato y militó en Leicester dos temporadas más, mientras que Ranieri fue despedido: “Lo sacaron porque quiso cambiar las cosas en un grupo que era muy sólido, que había dado mucho. Quiso cambiar las comidas y los horarios de entrenamiento. Y no, había cosas que no se podían tocar porque el grupo era muy fuerte siempre. Cuando el grupo dijo basta, fue basta”.