La revelación de Luisana Lopilato durante su visita al programa Otro día perdido asombró al conductor Mario Pergolini y al resto del equipo con un inesperado relato. La actriz compartió, por primera vez en público, un episodio marcado por el riesgo y la fortuna en su infancia. Un hecho, cargado de detalles personales, sobre un instante que la marcaría para siempre.
Nacida y criada en el barrio de Parque Chas, Lopilato identificó la “Plaza del Trébol” como el escenario de un accidente que, según sus palabras, nunca antes había contado fuera de su círculo íntimo. El recuerdo se activó cuando el equipo del programa le acercó un mapa de su barrio natal, evocando imágenes y sensaciones de una etapa de cuando era niña, y disfrutaba jugar en la calle.
Mientras rememoraba su niñez, Lopilato confesó: “Me acuerdo perfectamente de esa plaza. Me he electrocutado ahí. Nadie lo sabe, nunca lo conté. Tengo hasta una marca en la mano y todo”. La actriz situó el incidente en los años en que tenía entre ocho y nueve, cuando acompañaba a su hermano mientras este jugaba al fútbol en la plaza.

El accidente ocurrió de forma repentina. Lopilato relató que, al esperar a su hermano, se entretuvo balanceándose en un poste de luz. Sin advertir el peligro, tomó el poste sin notar que la tapa estaba abierta y un cable eléctrico estaba expuesto. El contacto fue inmediato: “Me empecé a electrocutar”, explicó, imitando con su cuerpo los movimientos involuntarios que experimentó en ese momento.
La experiencia no solo dejó una huella emocional, sino también física. La actriz mostró que conserva una marca en la mano. Este detalle se suma a la singularidad de la confesión, ya que nunca antes había compartido públicamente ese momento traumático de su historia personal.
El relato cobró otra dimensión al describir la reacción de su hermano cuando notó la situación de peligro y sin dudarlo recurrió a una maniobra poco convencional pero efectiva: “Mi hermano me vio desde la cancha, salió y me pegó una patada. Literal”, relató Lopilato.

Según la propia actriz, este acto fue determinante. Sostuvo que, de no haber intervenido su hermano, el desenlace habría sido fatal: “Si él no hacía eso me moría. Mi hermano me salvó la vida”. En su explicación, añadió que en casos de electrocución es necesario un golpe fuerte o una patada para separar a la persona del objeto electrificado, ya que el cuerpo tiende a quedar adherido debido a la corriente.
La narración aportó además un matiz didáctico, al explicar que la reacción de su hermano fue la única solución posible en ese instante. “Se tiene que pegar una patada o algo así porque sino no podés despegarte”, concluyó, reforzando el carácter excepcional de la intervención.
El diálogo se produjo durante la primera emisión de lasegunda temporada del ciclo, con Mario Pergolini al frente, y en una atmósfera de confianza que permitió a la actriz abrirse más allá de los temas habituales de promoción de su carrera y su familia.

La sorpresa de Pergolini fue evidente ante la magnitud y crudeza del relato. La interacción permitió que la audiencia observara una faceta distinta de la invitada, más ligada a la experiencia personal y al riesgo físico.
Durante el programa, se evocaron otros episodios vinculados a la Plaza del Trébol, como el recuerdo de una agresión con una piedra, lo que subraya el carácter vivo y a veces accidentado de la infancia en el espacio público de Parque Chas. El episodio que contó la actriz, se sumó a la lista de momentos que definieron el debut de la nueva temporada de Otro día perdido, en el que la memoria y la confesión espontánea fueron protagonistas.