
(Enviado especial a Mar del Plata) Después de girar por todo el país, Damián De Santo y Martín Seefeld plantan bandera en la costa argentina. La dupla recorre todo tipo de ciudades presentando Una clase especial y promete una noche de risas. Sobre el escenario, esa amistad que los une, se convierte en un nexo inquebrantable con el público, al cual integran a su “familia”.
Ellos no ocultan su entusiasmo por llevar el espectáculo por lugares como Miramar, Villa Gesell, San Bernardo, aun así, admiten su amor por Mar del Plata. “Me quedaría todo el día en la playa si pudiera, acá se come muy bien”, confiesa el artista de Los Simuladores. Como si se hablaran por telepatía, responden en sincronía, se ríen de los mismos chistes y confiesan su eterna amistad.

Tal es el mimetismo, que ambos responden de forma parecida cómo comenzó su año y hasta destacan el hecho de tener salud. “Empecé bien. De gira, con la obra, ensayando, con laburo, ¿qué más puedo pedir? Con salud, que es fundamental. Uno a veces dice esas cosas que decían los viejos, pero es fundamental. Sin salud no podés disfrutar nada», comienza diciendo De Santo, a lo que Seefeld agrega: “Con mucha alegría, con el deseo de que todo vaya bien, sobre todo tener mucha salud. Han pasado cosas muy dolorosas. Tuvimos la pérdida de Pablito Lago. Esas pérdidas de gente tan joven, tan talentosa, tan creativa, son estiletazos que te dejan pensando, ¿no? Entonces, tener la posibilidad de estar sanos, de tener salud, de disfrutar el día a día, el presente. Todo lo demás es aleatorio».
Con un perfil más serio, Martín se sienta en un sillón que forma parte de la escenografía del teatro Lido. Luce sweter, campera y pantalones negros. Además, una chalina blanca. Mientras se acomoda, toma un mate, lo convida. Por otro lado, Damián, de remera blanca y jean, sonríe y cuelga un brazo sobre el respaldo del sillón. Así, se disponen a charlar con Teleshow y abrir la puerta de su intimidad.

-Damián, estás de muy buen humor. ¿Sos así desde principio de temporada a fin de temporada?
De Santo: -Soy un rompeb…. Siempre, siempre lo fui. Preguntale a Martín, que me odia. Todos los días me río, me divierto, la paso bien, vivo de lo que me gusta. ¿Qué más puedo pedir? Me hubiese encantado ser alto, rubio, ojos celestes, pero bueno, en eso no pienso porque sino me entristezco (ríe). Dios me hizo simpático.
-¿A qué le atribuís ese entusiasmo?
De Santo:-Soy geminiano y eso es casi un colorario de la personalidad. Si se cansa uno, aparece el otro. Preguntale a Martín Seefeld, que hicimos cinco meses de gira, no bajé los brazos nunca. Siempre estuve arriba, divertido, todos los días un hotel nuevo, todos los días un teatro nuevo (ríe). Yo creo que el humor me ayuda a todo. Hasta los malos momentos de mi vida, el humor me salvó. Creo que salva al mundo también de alguna manera, ¿no?

– ¿Cómo es la dinámica entre ustedes?
De Santo: -Tenemos el mismo humor. Él es un poco más serio porque es de escorpio. Los de escorpio son más estructurados. Parezco Ludovica Squirru casi (ríe), pero le doy bola a los signos, para mí es muy importante. Somos tan diferentes, somos diametralmente opuestos y los opuestos se atraen, así que nos llevamos genial y tenemos un humor ácido los dos. Vos le pedís a Martín todo y él se mata por cumplir. Es un gran amigo, un gran compañero.
Seefeld: -Yo soy bastante obsesivo en el laburo. Y él es más geminiano, más libre. Después me lo agradece, pero reconozco que yo le rompo las b…. pero hacemos un buen equipo. La verdad es que éramos íntimos desde los treinta años. Fui a su casamiento, él vino al mío, vimos crecer a nuestros hijos. Esto nos convirtió en familia.

-¿Por qué la Costa es un lugar especial para cada uno?
Seefeld: -Yo soy muy playero, me encanta estar en la playa y si no tuviera teatro, me quedo en la playa hasta la noche. Me llevo todo. Me voy de viaje porque me llevo abrigo, bolso, campera, mate, todo. (ríe). Y me gusta comer en Mar del Plata. Se come muy bien.
De Santo: -Yo casi me crié, nací en Mar de Ajó, tengo mi vida hecha en Mar de Ajó. Conservo la casa de mis bisabuelos que fueron fundadores. Nosotros estuvimos acá en Mar del Plata, lleno, ochocientas personas. Y ahora vamos para el lado de San Bernardo, Monte Hermoso, Necochea, Santa Teresita, Pinamar, Villa Gesell. Vamos a hacer todos los puntos, donde haya un teatro vamos a estar.

-¿Tu hijo es guardavidas en Mar de Ajó?
De Santo: -Sí, me encanta. En general, uno dice: “Mi hijo es ingeniero, trabaja en Noruega”. A mí me gusta que sea feliz, porque yo también luché para ser feliz en esta profesión. No era que en mi casa me apoyaban y decían: “Ay, va a ser actor”. Es como juntar monedas, es como ser filatelista, como juntar estampillas. Uno empezó a vivir de la profesión y lo vieron mis abuelos, lo vieron mis viejos antes de partir. Entonces, yo los apoyo con lo que elijan. Joaquín, el más grande, tiene veinticuatro, se recibe este año, recibió este año de actor en la Universidad Nacional en Córdoba y lo apoyo un montón. Y yo sé lo que es esta profesión, que no es fácil, pero nada es imposible. Y hay un montón de ramas de la profesión también que se pueden aplicar y él tiene la capacidad, así que de los dos estoy orgulloso que hayan elegido algo que les guste.

-¿Qué sienten al trabajar juntos?
De Santo: -Es un placer. Yo creo que para él también es un placer laburar conmigo porque le meto garra, lo doy todo en los ensayos. Y la pasamos muy bien. Es un tipo que me animaría a decir que lo elegí para esta obra de teatro. Ya no quiero laburar con gente complicada, no me interesa, no quiero y no voy a laburar. Elijo con quién trabajar. Después de 35 años de profesión, creo que eso es lo que uno tiene que lograr.
-Martín, ¿sos tan bueno como dice Damián?
Seefeld: -Como todos, tengo mi cuota de maldad y me divierto. Esas son las cosas que le digo al gordo, a Damián. Nos reímos a carcajadas. No es que sea bueno. Tiene que ver con estar realmente consciente de qué es lo importante para mí. Yo vivo la vida de esa manera porque tuve muchas pérdidas. Tomé conciencia de la finitud muy temprano, con gente muy joven, amigos muy cercanos, hermanos míos, mi familia, amigos que perdí en la AMIA. Entonces, hay que estar muy agradecido

-Siempre estás presente para él…
Seefeld: -Yo hago una cultura de la amistad, la laburo. Me parece que es la familia que uno elige. Después, la familia tuya te toca y la familia que vos generás vuela. Los chicos vuelan. Lo que en realidad te queda siempre en la vida son los amigos, porque los chicos hacen su vida y es normal. Y obviamente que siempre te van a amar y van a estar con vos y demás, pero también es normal que vuelen y que vos los veas cada vez menos. ¿A quiénes ves en realidad? ¿Con quiénes estás? Con tus amigos. Por eso padezco, a veces sufro mucho cuando la amistad no termina de pegar el salto, pero también es parte del proceso en donde uno tiene que aprender a soltar. Hay pocos tipos más laburadores que Damián, pero no solamente en este oficio, sino en todo lo que él hace: cómo construyó sus cabañas, cómo se armó un futuro independientemente de la profesión, cómo eso le permitió elegir en la profesión. Tuvo una visión, cambió de vida, se fue a vivir a Córdoba. Tuvo, tuvo un coraje enorme de hacer todo lo que hizo.
-¿Su amistad se traslada al escenario y mejora la obra?
Seefeld: -Yo creo que sí y eso pasa mucho en televisión. Nos pasó en Simuladores. El hecho de tener la amistad que nosotros teníamos fue lo que permitió también que se pudiera armar ese código de que, con solo una mirada, la gente entendiera todo. Creo que a veces eso pasa el vidrio en la tele y me parece que también lo pasa en el teatro.

-Con su humor alegran a toda la gente, los distraen de sus problemas por una noche…
De Santo: -Es una buena salida, porque uno amalgama lo que te está sucediendo con el buen humor, entonces uno lo puede digerir paso a paso. Esta es una obra, y no es para venderla, que de verdad te vas feliz. Es una comedia muy inteligente, es muy divertida, te deja pensando, si bien no está hecha para tirar un mensaje, el mensaje está, siempre está en una historia, siempre te identificás con alguien, con alguno de los dos o algún personaje que esté arriba del escenario. Y esta es la obra con la que empezás a reírte desde el inicio hasta el final. Hay gente que nos ha pedido: “Paren un poquito porque no podemos respirar”. Está muy bien escrita por Daniel Dátola y muy bien dirigida por Manuel González Gil y muy bien trabajada por los otros. Martín está muy bien, eh, a pesar de la edad que tiene, está muy bien.

-Damián, en lo personal, ¿de qué te salvó el humor?
De Santo: -El día que falleció mi mamá no, porque fue un proceso muy largo, una enfermedad. Mi mamá tuvo cáncer de colon, fue complicado. De mi papá fue un accidente el mismo año casi. Nos estaban esperando en la cochería y cuando llegué dije que lo quería ver. Y estaba ahí en el cajón. Y lo agarré de la cabeza a papá y le dije: “Decime que se te cayó el pucho, hijo de p… que estabas fumando mientras manejabas”. Porque se hizo todos los estudios clínicos, estaba perfecto. Se le debe haber caído el pucho y por manotear el pucho… Y el tipo de la cochería no podía creer lo que veía, pensó que íbamos a llorar todos. Después sí, después pasás por todo el proceso de despedida, pero fue un papá tan especial el viejo que daba solo decirle eso. Porque tuvo un accidente solo, por suerte. Yo creo que eso nos salva. A los argentinos nos salva. No es que somos mejor que los brasileros, pero somos más divertidos también en ese sentido, metemos humor. Vos fijate cada vez que pasa algo importante en la Argentina, aparecen los chistes y esto hace que se afloje un poco y uno pueda seguir sobreviviendo.