
Desde Nueva York – Jorge Brito recuerda que prefirió quedarse en Buenos Aires. Venía de realizar el roadshow por Asia y Europa antes de la salida a la bolsa de Banco Macro en Wall Street y tenía que cerrar la compra de Banco Bisel. Por eso no viajó a tocar la campanita en el New York Stock Exchange, a pesar de que su padre, Jorge Horacio Brito -quien falleció en un accidente de helicóptero en 2020- le insistió. Fue hace 20 años.
“Estaba quemado, no vine y me arrepiento de no haber estado a su lado. En la foto están algunos de mis hermanos, mi madre y los banqueros de inversión de ese momento. Fue muy lindo, muy importante para un banco familiar, que creció y siguió profesionalizándose sin perder esa impronta. Hoy, que mi viejo no está, lo vivo con mucha nostalgia”, dice Brito en una entrevista con Infobae y otros medios en la Universidad de Columbia -donde dio una charla a estudiantes argentinos y de países de América Latina-, en el barrio de Morningside Heights, en la zona norte de esta ciudad.
Horas más tarde, junto a sus colaboradores más cercanos e invitados, encabezó la tradicional ceremonia de toque de campana en el NYSE, con la que la entidad que preside desde 2023 celebró sus 20 años cotizando en el corazón financiero del mundo.

Brito habló de la economía local, de qué piensa de la fuerte tensión entre el presidente Javier Milei y algunos empresarios, del sector bancario y del potencial del país. También de los rumores que lo vinculan con una posible candidatura presidencial.
“Vengo a Nueva York a ver inversiones hace décadas y lo de Argentina Week no lo había visto nunca antes. Todo muy coordinado, todos juntos, todo el sector. El impacto fue muy positivo», dijo sobre el encuentro que organizó el Gobierno días atrás en esta ciudad. “Me gustó mucho el apoyo de los gobernadores que viajaron. Más allá de las internas, que seguramente las hay, esas coincidencias me llenaron de orgullo. La apertura del Presidente, con las críticas a Paolo Rocca y a Madanes, empañaron un poco todo”, agregó.
— ¿Qué le generó esa situación?, le preguntó Infobae.
— Independientemente de las diferencias que se puedan tener, hay ámbitos y formas. No era el ámbito ni la forma. Con esto no estoy diciendo que sea justa la crítica al empresario. Suponiendo que lo fueran, se debería haber seguido la línea de lo que fue la reunión del ministro Luis Caputo con los gobernadores. El propósito es atraer inversiones.

— ¿Qué piensa que falta para convencer a esos inversores?
— Los inversores que primero entran son los más “calientes”, los que ingresan en activos públicos. Inversiones de deuda que hacen que se compriman los spreads, algo que vimos desde el inicio del gobierno de Milei. Ahora estamos en 600 puntos de riesgo país y hubo un abaratamiento en el costo de financiamiento e, inexorablemente, la baja de esos costos genera inversión. Pero se da todo en tiempos distintos, con sectores que son los famosos perdedores del ajuste. Si el ajuste se hace rápido aparecen los ganadores y otros sectores a los que la generación de empleo y la inversión llegan a un ritmo menor. Por eso hablé de “estrangulamiento” la vez pasada.
La referencia de Brito es a declaraciones que hizo hace un mes en Mendoza, en un evento de Genneia, una empresa de energías renovables que también preside. “Comparto la lucha que ha tenido el Gobierno para bajar la inflación con su política fiscal y monetaria, que ha sido satisfactoria. Pero se llega a un punto en el cual hoy hay una suerte de estrangulamiento en la actividad privada. Entonces hay que discutir si se quiere que ese proceso desinflacionario se siga acentuando, con riesgos para la actividad, o ir un poco más lento”, dijo en ese momento.
Ahora amplió esa idea: “Me refería a que el Gobierno viene trabajando con medidas que están enfocadas principalmente a bajar la tasa de inflación. Algunas son de índole fiscal, que celebramos, y otras son más monetarias, que bajan la inflación, pero también generan impacto en la economía. El planteo era que tal vez estamos yendo más rápido de lo que podemos y eso provoca problemas. Por ejemplo, el aumento de la morosidad en los bancos y en todo el sector financiero.

— Se lo vincula mediáticamente con posibles candidaturas presidenciales. ¿Le interesa la política de esa manera?
— No, la política sólo me interesa como ciudadano. Me preocupa que vivamos en un péndulo, de una profunda derecha a una profunda izquierda. Lo ve la sociedad, lo ven los inversores.
— ¿Lo tentaron?
— No, me gusta mucho la política y si algún día me dedico no va a ser porque me tienten, será porque encuentre un espacio en el cual pueda aportar.
— ¿Debería haber un sector que equilibre ese péndulo?
— En el mundo, los extremos se alimentan entre sí. Cuando la extrema derecha critica a un determinado candidato de izquierda, lo posiciona como su rival político y terminan no dejándoles espacio a las opciones de centro. El partido que más participación política tuvo en la historia de la democracia argentina, el PJ, se vino recostando hacia la izquierda porque los dos presidentes de derecha que tuvimos los pusieron como sus rivales. Tenemos que intentar resolver ese péndulo si queremos ser un país serio y no pasar de un extremo a otro cada cuatro años.
— ¿Ve hoy algún posible candidato que pueda ocupar ese centro?
— Hoy, como están las cosas, no. No veo que haya ningún candidato de centro. De los candidatos posibles, ninguno expresa el centro.
— ¿Se deberían tomar medidas puntuales para ayudar a los sectores de la economía que peor la están pasando?
— Tomar medidas sectoriales es bueno, tanto desde el sector público como el privado. Lo hacemos los bancos, pero también tiene que hacerlo el Estado. Un soft landing de sectores: coordinar esfuerzos para que no sea tan drástico para algunas regiones y empleados.

— ¿Por qué no baja más el riesgo país?
— Creo que es cuestión de tiempo. Que la gente y los inversores crean que esto no es un veranito de dos años, sino que Milei o el que le siga respetan el derecho privado, no gastan más de lo que tienen y pagan las deudas. Todos conceptos básicos que en Argentina no son tan básicos. El mundo todavía debe creer y confiar en que esto es de largo plazo.
— ¿Es una cuestión política?
— Sí, es político. Pero afecta a todo porque cuando alguien ve que hay un problema en el nivel de actividad, por ejemplo, ese problema se manifiesta en la gente y la gente responde encuestas que le llegan al banquero en Nueva York. Y ese banquero dice: “Bueno, a ver cómo sigue la cosa. Vendo los bonos, compro los dólares y me voy”. Eso genera una salida de dólares fenomenal. Eso hizo que se terminara el gobierno de Macri un año y medio antes de las elecciones. No digo que vaya a ocurrir eso ahora porque la situación es muy distinta y desde el punto de vista económico hay un sustento mucho más sólido.
— ¿Hay relación entre el ruido político y el freno a la baja del riesgo país de los últimos días?
— No lo puedo decir con exactitud. Tuvimos algunas semanas que no han sido positivas. Por lo que me dicen en EEUU, hay muchas dudas entre los inversores sobre Argentina, pero la más importante es si Milei seguirá o no. Cuando hay políticas internas que afectan la imagen del Presidente o de su gobierno puede haber correlato con el riesgo país. Si el inversor ve que no hay ninguna otra alternativa potable dentro del universo de lo posible, ven a Milei como la única expresión de un modelo satisfactorio para su inversión. Y cuando eso se afecta se ve el impacto. Siento que en las últimas semanas hubo algunas medidas que me hacen creer que tomaron conciencia de la cuestión monetaria.
“La apertura del Presidente, con las críticas a Paolo Rocca y a Madanes, empañaron un poco todo”
— ¿Se refiere a la baja de tasas?
— Sí, a la baja de tasas de interés y a un Banco Central cercano a los bancos, interesado por lo que está ocurriendo con el aumento de la morosidad. El Central y los bancos tenemos un trabajo colectivo para hacer. Cuando se mira el aumento de la morosidad, la mitad tiene que ver con las corporaciones y la otra mitad tiene que ver con los individuos. En individuos, la mitad es por pérdida de empleo y el resto por cambios de banco para la acreditación de los haberes. Y eso es un tema que sectorialmente tenemos que trabajar sin afectar las libertades de la gente. La morosidad de quien acredita sueldo es de 5% y cuando se cambia de banco sube a 20%. Nosotros pudimos detectar en octubre del año pasado el tema de la mora y tomamos medidas que hicieron que prácticamente no haya aumentado más. Ajustamos el credit scoring de los planes sueldos, por ejemplo. La mora al 31 de diciembre era 5% total, en promedio. Las moras sistémicas de individuos del sistema que hace dos años estaban en 4%, ahora están en 11 por ciento.
— ¿Le preocupa la inflación un poco más alta?
— Cuando se mira la historia de los países que han bajado la inflación, no hay prácticamente experiencias de países que hayan pasado de una hiperinflación a un dígito rápido. Lleva tiempo. También que hay otras variables, como que este Gobierno asumió con un petróleo a USD 65 el barril y hoy está a USD 100, cuestiones estacionales y un acomodamiento de precios. En lo que respecta a la inflación, creo que van en buen camino.
— Tres cuestiones: tipo de cambio, cepo y demanda de dólares.
— Con respecto al cepo, se abrió en gran parte, pero hay cuestiones que quedan pendientes y que hay que resolver para recoger los beneficios de estar en un mercado abierto y fluido. Eso todavía es una preocupación de algunos inversores que esperan entrar. Entiendo que es algo que está en la agenda y entiendo los motivos por los que no se terminó de levantar del todo aún. Con respecto al tipo de cambio, no creo que esté atrasado, más allá de que en dólares el país está mucho más caro de lo que estaba antes. Sobre la demanda de los minoristas, cuando se mira la dolarización de portafolios, estamos en los últimos 12 meses en 36.000 millones de dólares. Hemos tenido picos de 5 o 6 mil millones los meses de elecciones del año pasado, entre los años con mayor dolarización de portafolios de la historia. No es un dato positivo, pero sí que gran parte de esos dólares se quedan en el sistema.

— Recientemente el banco anunció una alianza muy importante con Personal Pay, de Telecom. ¿Cuál es el alcance de ese negocio?
— En Argentina y en el mundo empezó a haber una modalidad distinta, sobre todo en los jóvenes, que es transaccionar con fintech. Son empresas que en algunos casos son bancarias y en otros no. Desde los bancos venimos pidiendo “nivelar la cancha”, porque queremos un marco regulatorio, impositivo y laboral muy estricto para todos, algo que ellos no tienen. Pero también entendemos que hay una cuestión que tiene que ver con la forma de vincularse con ese cliente que puede ser positiva. Queremos que Personal Pay sea un banco, por eso la semana pasada se anunció la compra del Banco Sáenz, con la idea de que el negocio se dé dentro de la comunidad bancaria. Será un banco digital nuevo y distinto a Macro, que seguirá teniendo separada de su estrategia general y digital.
— En la reforma laboral, los bancos acaban de ganarles la pulseada a las billeteras virtuales y los dejaron afuera del pago de las cuentas sueldo.
— Yo no creo que hayan ganado los bancos, ganó Argentina. Es algo que el Gobierno supo entender muy bien. La seguridad de los salarios de los empleados del sector privado y público es un tema importante, de Estado. No puede ser que cualquier proveedor de servicios de pago (PSP) pueda ser agente de liquidación de un salario. Para eso hay un Banco Central que regula y tenemos un seguro de depósitos, de unos USD 5.000 millones que no se ejecuta desde hace unos 25 años. Eso habla de la estabilidad de un sistema que desde hace más de dos décadas no tiene problemas.
“La política sólo me interesa como ciudadano”
— ¿Está más nivelada la cancha ahora?
— La nivelación no debe venir por el lado de más regulación a los agentes externos, sino por la flexibilización a los bancos. Hay un tema mucho más complejo, que es el más importante que tenemos hoy los bancos: los impuestos que tenemos que pagar para otorgar un préstamo. Eso es algo que debemos intentar corregir.
— ¿Qué mensaje le daría a los inversores de los bancos argentinos?
— Los inversores tienen que invertir en Argentina porque estamos lejos de las guerras y tenemos gran calidad de recursos naturales y humanos. Nos ha ido mal durante muchos años porque hicimos las cosas mal. Los bancos vamos a ser protagonistas de este proceso de crecimiento que debe tener Argentina: tenemos que lograr que la relación de préstamos-PBI, que hoy es apenas del 10 u 11%, llegue a 30, 40, 50 por ciento. También creo que puede seguir el proceso de consolidación. Nosotros crecemos hace dos décadas de dos maneras: orgánicamente y comprando entidades.
— ¿Cómo cree que va a afectar la guerra en Medio Oriente a la economía local?
— Estrictamente en términos económicos, porque la guerra es lamentable siempre, somos un país productor de alimentos, minerales y petróleo. Debería afectarnos positivamente. Todo eso que es negativo para el mundo podría terminar siendo positivo, en parte, para Argentina.