
Israel completó una nueva oleada de ataques contra “centros de mando móviles” del gobierno iraní y plantas de producción de armas en Teherán durante la noche pasada, según informó el ejército israelí este domingo.
De acuerdo con un comunicado militar, en los últimos días “el régimen iraní había comenzado a reubicar sus centros de mando en unidades móviles, después de que la mayoría de ellos fueran atacados por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) durante el último mes”.
Según el parte castrense, los cazas israelíes destruyeron varios de estos centros de mando temporales, “incluyendo a los comandantes que operaban en ellos”, durante la más reciente serie de bombardeos.
Además, el ejército israelí indicó que los ataques también se dirigieron a infraestructuras de la industria de producción de armas iraní, alcanzando “decenas de depósitos y plantas de armamento”.
La represalia iraní contra territorio israelí dejó un saldo de 18 personas muertas, según el balance oficial. Entre las víctimas se cuentan dos fallecidos por ataques de Hezbollah. Además, cuatro mujeres palestinas murieron tras el impacto de un ataque iraní en Cisjordania, una zona que carece de refugios y sistemas de alerta por sirenas.
Una oleada de misiles cruzó los cielos de Israel durante la madrugada del domingo, en un ataque nocturno que el ejército israelí identificó como lanzado desde Irán
El sábado, Israel lanzó ataques aéreos sobre la sede de la Organización de Industrias Navales de Irán y otras instalaciones militares clave en la noche del viernes al sábado, utilizando cerca de 50 cazas. El objetivo principal fue debilitar la capacidad de desarrollo de armamento naval iraní y afectar infraestructuras críticas, mientras extendió las operaciones a posiciones de Hezbollah en Líbano.
Los bombardeos buscaron impedir el avance de tecnologías militares iraníes, degradar sistemas de defensa y limitar la amenaza que representan estas capacidades para la región. Además, Israel procuró mantener la superioridad aérea y reducir los riesgos para su población mediante acciones coordinadas en varios frentes.
La ofensiva se centró inicialmente en la sede de la Organización de Industrias Navales de Irán en Teherán. Según información de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), este complejo se encarga de investigar, desarrollar y producir armas navales, incluidos buques, submarinos y sistemas tanto tripulados como no tripulados.
El ejército israelí informó que la operación nocturna empleó cerca de 50 cazas de combate para atacar este y otros centros de investigación y fabricación militar, donde se desarrollan motores, equipos y armamento utilizados en operaciones marítimas, considerados pilares de la industria militar naval iraní.
Ante la ola de bombardeos de Israel y Estados Unidos contra la república islámica, la Guardia Revolucionaria de Irán anunció en la madrugada de este domingo que ya considera universidades de Israel y Estados Unidos en Oriente Medio como objetivos militares y exigió su evacuación inmediata, luego de acusar a Washington y Tel Aviv de atacar instituciones educativas iraníes.

En ese sentido, denunció que durante la madrugada del sábado, Estados Unidos e Israel bombardearon la Universidad de Ciencia y Tecnología en Teherán y, el jueves anterior, la Universidad Tecnológica de Isfahán en el centro del país. Ninguno de estos ataques provocó víctimas mortales, según el balance oficial difundido.
En su comunicado, la Guardia Revolucionaria especificó que “profesores, estudiantes y residentes” cercanos a universidades estadounidenses en la región deben mantenerse al menos a un kilómetro de distancia de estos recintos.
“Si el Gobierno de EEUU quiere que sus universidades en la región no sean objetivos, menos dos de ellas, debe condenar oficialmente el bombardeo”, advirtió el cuerpo militar iraní, exigiendo que la administración estadounidense condene públicamente los ataques antes del mediodía del lunes 30 de marzo, hora local de Irán. Esta declaración fue citada por varios medios internacionales, entre ellos Reuters.
La nota oficial también incluyó la exigencia de que Washington impida a sus aliados atacar otros centros de educación e investigación en la región.