
Escribí hace unos días un esbozo de lo que puede ser el final de la intervención de Estados Unidos e Israel en Irán, pero en solo ocho días las cosas cambiaron de tal manera que hoy se pueden ver unos escenarios distintos con una confrontación aún mayor.
En ese texto adelanté que lo más probable, dada la decapitación de toda la autoridad religiosa y militar, era que el régimen iraní diera paso a una dictadura militar tradicional, sin el matiz islámico, con la cual se podría negociar un cambio, que incluiría entregar todo el uranio y eliminar toda posibilidad de construir armas atómicas, dejar la financiación de grupos terroristas, como Hamas, Hizbollah y los Houtis, y poner fin al intervencionismo a lo largo y ancho del mundo, que Irán tenía como práctica común bajo el régimen de los ayatollahs. ¿La contraprestación? Fin de las sanciones y normalización de las relaciones económicas y políticas con el mundo.
Lo que ha pasado en los últimos días enreda un poco esta solución que se vislumbraba; ahora, antes de llegar de todas maneras a un acuerdo, en el cual, desafortunadamente, la democracia, lo que quieren más del 60 por ciento de los iraníes, no se va a dar, creo que habrá una operación militar como la que se llevó a cabo en Venezuela, pero que en Irán tendrá su prueba mayor, la toma del negocio del petróleo iraní en la isla de Kharg.

Hay un sector de líderes iraníes que se sienten victoriosos por la subida del precio del petróleo, y asumen que Donald Trump y Estados Unidos no van a aguantar. Es más, el cierre del estrecho de Ormuz, a pesar de la destrucción de toda la armada iraní, le ha abierto un negocio increíble a la Guardia Revolucionaria, que hoy cobra dos millones de dólares por barco al que le dan paso por esa zona restringida.
Estos dos éxitos de Irán, más el ataque a otros países del Golfo y a una base americana en Arabia Saudita -que dejó diez militares estadounidenses heridos- han envalentonado a sectores radicales iraníes, que hoy creen tener la sartén por el mango y no están dispuestos a negociar.
Si en los próximos diez días Irán no negocia, la segunda etapa del modelo venezolano se va a ejecutar y hoy las fuerzas militares norteamericanas están listas para hacerlo, tomarse el control del petróleo iraní.
Los americanos ya bombardearon todos los objetivos militares en la isla de Kharg, desde donde se mueve el 90 por ciento del petróleo iraní, pero sin tocar nada de la infraestructura energética: el mensaje es claro.
Ahora que Irán se hace el intransigente, esa opción, que doblegaría el régimen, pues la crisis económica es absoluta, se vuelve necesaria para lograr el objetivo final de esta operación militar, iniciada hace unas semanas. No será fácil, pero sí es mucho más que tener el control del estrecho de Hormuz. La diferencia: militares americanos e israelíes en suelo iraní. La posibilidad de muertos es mucho más alta y, por ende, el costo político aumenta, aunque la recompensa política también es enorme.
¿Va a prevalecer algún tipo del sensatez en Irán que facilite una salida antes de que esto se dé, pues es un escalamiento total? Una acción de esta naturaleza, sin duda, llevaría a Irán a atacar de manera mucho más obvia, y masiva, por cierto, a sus vecinos, incluyendo objetivos civiles de gran importancia, como las plantas desalinizadoras que le dan agua a todas las grandes ciudades del Golfo. El escalamiento, de todas maneras, ya comenzó, y para los países de la región quedó claro que Irán es el enemigo y apaciguarlo no vale de nada.

Los diez días de suspensión de operaciones contra la infraestructura civil que Trump dio para hacer negociaciones terminan el 6 de abril. Ya el mandatario estadounidense dijo hoy que atacaría toda la infraestructura energética, petrolífera e incluso de plantas desalinizadoras si Irán no negocia los 15 puntos que Estados Unidos puso sobre la mesa.
Es decir, estamos ante el final de esta operación a corto plazo o ante una escalada que, al final, si Estados Unidos se mantiene -y eso está por verse-, puede llevar incluso a un cambio total de régimen en Irán, que no ha sido el objetivo norteamericano, aunque sí es el de Israel. Es más, el control del estrecho o el control de barcos con petróleo, al estilo Venezuela, le dan a Estados Unidos otras opciones para estrangular la ya debilitada economía iraní y lograr lo que quieren, pero prolongan la operación, algo con lo que Iran cuenta.
El libreto que Estados Unidos está construyendo sobre intervenciones a lo largo y ancho del mundo, distinto a Irak, a Afganistan, a Libia o a Panamá, y que comenzó con la extracción de Nicolás Maduro en Venezuela, hoy tiene un segundo capítulo en Irán. Mucho más complejo, pero con un objetivo claro, dejar de lado la dependencia del petróleo iraní y de los estrechos de Ormuz y de aquel que conecta el golfo de Adén con el mar rojo, donde operan los Huties, terroristas entrenados por Irán.

La comodidad energética con que se vivió durante décadas, y que le permitió a Irán lograr esa posición de chantaje, se acabó, e independientemente de lo que pase, occidente, tal le pasó a Europa cuando Rusia invadió Ucrania, apenas comienza a buscar alternativas.
Hasta hoy, Irán puede chantajear, amenazar y atacar a otros países, como lo hizo desde que llegó al poder el ayatollah Khomeini, pues tiene el petróleo y el control del estrecho, pero esa ventaja táctica está a punto de terminar, e Irán, independientemente de lo que pase (con excepción de que logre desarrollar una bomba atómica) va a dejar de ser el país medianamente poderoso en el que se convirtió gracias al terrorismo.
La pregunta que todos nos debemos hacer es, ¿quién cede primero? Y la segunda, ¿en cuánto tiempo? Irán quiere esperar y causar más daño a sus vecinos y a Occidente, para negociar la supervivencia del régimen, aunque no sepamos hoy quién está a cargo. Trump quiere apretar aun más, para lograr en corto tiempo sus objetivos políticos internos y externos. En poco días lo sabremos.
Que momento geopolítico tan interesante.