La guerra en Medio Oriente escaló este miércoles a una nueva fase con ataques coordinados y simultáneos entre Israel, el grupo terrorista Hezbollah y la participación del régimen de Irán.
En cuestión de horas, se registraron lanzamientos de cohetes, misiles y drones sobre múltiples objetivos en Israel, mientras las Fuerzas de Defensa israelíes ejecutaron bombardeos de gran magnitud en Beirut y el sur del Líbano.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán confirmó que los ataques de la jornada fueron una “operación conjunta e integrada” con Hezbollah, según informó la agencia iraní Tasnim.
Irán lanzó varios misiles balísticos contra el centro, norte y sur de Israel, mientras que Hezbollah disparó drones y unos 150 cohetes hacia más de 50 objetivos israelíes, en paralelo a la ofensiva iraní.
Todas las municiones balísticas fueron interceptadas por los sistemas de defensa aérea israelíes; los cohetes de Hezbollah causaron daños materiales y alteraciones en la vida cotidiana del norte de Israel.
En respuesta, las Fuerzas de Defensa israelíes iniciaron una extensa campaña de bombardeos sobre el Dahye, los suburbios del sur de Beirut, y otras posiciones asociadas a Hezbollah, con al menos ocho ataques de gran potencia que se sintieron en la capital libanesa.
El portavoz militar, Avichai Adraee, advirtió en redes sociales que “los ataques israelíes son el doble y lo que viene es aún peor”.
La ofensiva de Hezbollah, denominada “Operación Paja Devorada”, fue presentada como represalia a bombardeos israelíes previos sobre localidades libanesas. El grupo chií detalló que los proyectiles impactaron en ciudades como Kiriat Shemona y Nahariya, y confirmó el uso de misiles de alta precisión contra bases militares en Haifa, Tirat Carmel, Dado, Ein Zeitim, Amiad y Samson.
Israel movilizó a la Brigada Golani, una de sus unidades de infantería más experimentadas, a la frontera con el sur del Líbano ante la posibilidad de nuevos enfrentamientos.
“Atacaremos y seguiremos atacando”, dijo el portavoz del Ejército israelí, Effie Defrin.
Entretanto, las autoridades libanesas informaron que los bombardeos israelíes han causado al menos 634 muertos, entre ellos cerca de un centenar de menores, y más de 1.500 heridos desde el inicio de la escalada. Más de 760.000 personas han sido desplazadas, según fuentes oficiales del Líbano.
En territorio israelí, los ataques con misiles desde Irán han provocado 12 muertes desde el inicio de la guerra. Hasta ahora, los cohetes lanzados por Hezbollah no han causado víctimas fatales en Israel, pero sí daños materiales y el desplazamiento de civiles en las zonas fronterizas.
El actual escenario de enfrentamientos se desarrolla tras la ofensiva sorpresa lanzada por Israel y Estados Unidos contra Irán el 28 de febrero, lo que desencadenó una ola de ataques desde Teherán y sus aliados.
Hezbollah ha intensificado sus acciones en este contexto, y las autoridades israelíes advierten que “lo peor está por venir” si las hostilidades no cesan.
A pesar de un alto el fuego acordado en noviembre de 2024, que establecía la retirada de fuerzas tanto israelíes como de Hezbollah del sur del Líbano, el Ejército de Israel mantiene posiciones en la zona, situación criticada por el gobierno libanés y por Naciones Unidas.
Hezbollah y las autoridades de Beirut insisten en que la presencia militar israelí en territorio libanés es un factor clave en la persistencia de las tensiones.
Mientras la violencia se intensifica, la comunidad internacional observa con preocupación el riesgo de una escalada aún mayor en la frontera entre Israel y Líbano, donde la situación humanitaria se agrava y la estabilidad regional sigue en juego.
(Con información de EFE y Europa Press)