
En la primavera de 1892, Frank Lenz cruzó por última vez la puerta de su casa en Pittsburgh, saludó a sus amigos y pedaleó decidido hacia el horizonte. Tenía un objetivo claro: dar la vuelta al mundo en bicicleta, desafiar límites y narrar cada etapa.
Partió desde Nueva York, avanzó hacia el oeste de Estados Unidos, atravesó Asia y proyectó llegar a Europa. Su meta consistía en completar el viaje en dos años y relatar la experiencia. Sin embargo, en el este de Turquía, el destino de Lenz se oscureció y el mundo perdió su rastro para siempre.
Lenz compró su primera bicicleta en 1886, cuando invirtió USD 100, el equivalente a un mes de salario. A partir de ese día, se unió a un club ciclista local y estableció récords de distancia, incluyendo 162 millas recorridas en 24 horas. A su afición unió la fotografía y registró cada aventura en imágenes. Su trayecto inspiró a otros deportistas, ya que seguía los pasos de Thomas Stevens, pionero de los viajes ciclistas de largo alcance.

El avance tecnológico influyó en su travesía. Aunque dominó la tradicional rueda alta, Lenz adoptó la bicicleta de seguridad con dos ruedas de igual tamaño, ya que requería patrocinadores y ofrecía un formato más moderno. Así, consiguió el apoyo de un medio y consolidó la idea de cruzar continentes, llevando su relato y fotografías a lectores de todo el mundo.
Un viaje sin precedentes y el primer misterio global del ciclismo
Lenz cruzó Estados Unidos utilizando el ferrocarril del norte como referencia y prefirió rutas desafiantes. Visitó Yellowstone y descartó opciones cómodas como la diligencia. Siguió los caminos, impulsado por su bicicleta Victor y convencido de las ventajas de los neumáticos, según sus propias crónicas publicadas en Outing.
Desde San Francisco cruzó el Pacífico y llegó a Japón. Continuó su trayecto en China, Myanmar e India, registrando cada etapa en diarios y fotografías. La ruta planeada incluía Persia, donde eligió rutas comerciales hacia Teherán y proyectaba llegar hasta Constantinopla. Allí pretendía finalizar el viaje y embarcar hacia Estados Unidos.
La última noticia ubica a Lenz en el pueblo de Chilgani, en las llanuras de Alasgird, cerca del paso Delibaba, en el este de Turquía. Un mes después, medios locales difundieron rumores sobre su posible asesinato en las cercanías de Koord Ali.

De acuerdo con investigaciones posteriores, la desaparición generó especulación y cobertura internacional, aunque la falta de comunicación inmediata ralentizó los esfuerzos de búsqueda.
El caso de Lenz impulsó una campaña mediática. La revista Outing financió una investigación encabezada por el ciclista William Sachtleben.
Con apoyo parcial de funcionarios diplomáticos y la comunidad ciclista internacional, Sachtleben entrevistó testigos y recorrió la región. Concluyó que Lenz murió asesinado, posiblemente por disputas locales, aunque nunca se recuperó el cuerpo. La versión oficial quedó abierta debido a la escasez de pruebas físicas.
El legado de una vida audaz y un destino incierto
Frank Lenz figura entre los deportistas más influyentes del final del siglo XIX. Alcanzó reconocimiento por sus hazañas ciclistas, su espíritu pionero y su capacidad para combinar deporte y narrativa visual. Las crónicas de su viaje pusieron a prueba las rutas comerciales y demostraron la posibilidad de viajes intercontinentales en bicicleta.

Su desaparición marcó un hito. De acuerdo con el periodista David V. Herlihy, la historia de Lenz refleja tanto la audacia individual del protagonista como las dificultades logísticas y sociales de la época.
Comunicaciones precarias, barreras idiomáticas y tensiones políticas aumentaron la complejidad de la investigación. El periodista Duncan R. Jamieson sostiene que la falta de apoyo inmediato retrasó la reacción ante la noticia de su ausencia.
El homenaje llegó en palabras de su publicista, que lo describió como “un ciclista fantasma cuyo espíritu permanece intacto, con un rostro sin rastro de miedo o odio, solo determinación y amabilidad”.
Frank Lenz se mantiene como icono del ciclismo y la aventura. Su vida y desaparición siguen generando debate, interés académico y narrativas periodísticas.
El misterio no se resolvió, pero la huella de Lenz conserva vigencia para los amantes del deporte, la historia y los desafíos audaces.