Un incidente poco usual alteró la calma en barrio Ciudadela, en Santa Fe, cuando la convivencia entre vecinos y un gallo callejero, conocido como Cocó, se vio interrumpida de forma abrupta cuando un hombre lo intentó matar a tiros para que deje de cacarear.

El hecho central, reportado por medios como El Litoral y Aire de Santa Fe, ocurrió el último sábado y derivó en intervención policial, secuestro de un arma y una denuncia formal. El vecino involucrado le disparó con un aire comprimido a Cocó porque le molestaba su canto, lo que desencadenó una fuerte reacción en la comunidad.

La historia de Cocó comenzó hace cinco meses, cuando apareció junto a una gallina en la intersección de Quintana y San Lorenzo. La gallina desapareció al poco tiempo, pero el gallo permaneció. “No tiene dueño, pero es del barrio”, repiten quienes lo cuidan, según Aire de Santa Fe.

La intervención policial resultó en el secuestro del arma, los balines y la apertura de una denuncia formal contra el agresor

Adultos mayores, niños y automovilistas lo identifican como parte del paisaje cotidiano: recorre veredas, picotea el pasto y recibe alimento y agua de los vecinos. El ave canta durante un breve lapso matinal y, después, baja, busca comida y vuelve a su refugio habitual, un árbol en la esquina.

El episodio que quebró la convivencia ocurrió cerca de las 15:30. Un vecino, molesto por el canto del gallo, adquirió por internet un aire comprimido y, según las fuentes, le disparó al menos cuatro veces. Las cámaras de seguridad captaron el momento del ataque, y el video circuló en redes sociales. En el mismo se puede ver el momento en el que dispara y se escuchan cuatro explosiones.

Marisa, una de las cuidadoras de Cocó, fue alertada por teléfono y se acercó rápidamente al lugar. “Le dije ‘¿qué hacés?, estás loco’. Y él me respondió que el gallo lo tiene repodrido, que le molesta, que no lo quiere acá”, relató en declaraciones a El Litoral.

Tras el ataque, el animal escapó y no sufrió heridas, aunque quedó visiblemente asustado. El miedo también se extendió entre quienes se ocupan de su bienestar. “Te lastima feo. Imaginate si le daba en un ojo o a una persona”, expresó Marisa. La preocupación aumentó al enterarse de que el agresor había comprado el arma de forma accesible. “Compró el arma por internet. Eso es lo que más asusta”, señalaron otros vecinos al mismo medio.

La intervención policial fue inmediata. Los agentes secuestraron el aire comprimido, los balines y la caja original tras mostrárselos el propio vecino. “Nos mostró todo y se lo llevaron. También dijo que tenía una escopeta”, detallaron testigos a El Litoral. El procedimiento quedó asentado en una constancia policial, aunque el atacante no fue aprehendido.

El impacto de la agresión se reflejó en la reacción del gallo. Desde el episodio, Cocó busca refugio en los árboles y se muestra receloso ante la presencia de personas. Marisa relató que el animal “voló y cayó en el portón de mi casa. Fue como si viniera a buscar protección”. La comunidad, que hasta entonces encontraba en el gallo una pequeña atracción, ahora observa con inquietud el futuro de la convivencia.

Vecinos evalúan construir un gallinero en una casa particular para resguardar la seguridad y el bienestar del gallo Cocó

La indignación de los vecinos fue inmediata. “No entendemos la actitud de ese vecino. Cocó no hace nada, no molesta a nadie”, sostuvo Marisa. Para la mayoría, el gallo representa un símbolo del barrio y un motivo de encuentro entre generaciones. Las imágenes de Cocó caminando entre casas y comercios, seguido de niños o posando para fotos, refuerzan esa identidad compartida.

“Somos un barrio tranquilo, gente grande, nunca tuvimos problemas. Esto nos descoloca”, resumieron los vecinos de la zona sobre el incidente.

La preocupación por posibles nuevos ataques llevó a evaluar alternativas para proteger al gallo. Marisa ofreció su patio como nuevo hogar y manifestó su intención de construir un gallinero. “El mismo policía me dijo que si está dentro de una casa no va a haber problema. Nosotros lo queremos, pobrecito”, aseguró. Por el momento, Cocó sigue en la esquina, atento, mientras la comunidad permanece alerta.