Miembros de las fuerzas armadas saludan durante un traslado digno de los restos de seis soldados fallecidos durante la guerra con Irán (REUTERS/Nathan Howard)

El Ejército de Estados Unidos registró este domingo su séptima baja en la guerra contra Irán: un militar murió el sábado en Arabia Saudita a causa de las heridas que recibió el 1 de marzo, cuando el régimen iraní lanzó su primera oleada de ataques de represalia contra posiciones estadounidenses en toda la región. Su identidad se mantiene reservada hasta que las autoridades notifiquen a su familia.

El Comando Central (CENTCOM) informó en un comunicado que el soldado falleció “a causa de las heridas recibidas durante los ataques iniciales del régimen iraní”. El organismo no dio detalles sobre las circunstancias del ataque ni sobre la unidad a la que pertenecía el fallecido. Según el protocolo habitual del Ejército, la identidad no se divulga hasta 24 horas después de que la familia sea notificada.

Las seis bajas anteriores se produjeron también el 1 de marzo, en Kuwait, cuando un dron iraní impactó directamente en un centro de operaciones táctico del puerto de Shuaiba. Los seis soldados identificados eran reservistas: el mayor Jeffrey O’Brien (45 años), el capitán Cody Khork (35), el sargento primero Noah Tietjens (42), el sargento primero Nicole Amor (39), el sargento Declan Coady (20, ascendido póstumamente) y el suboficial jefe Robert Marzan (54). Todos pertenecían al 103.° Mando de Apoyo con base en Des Moines, Iowa.

El presidente Donald Trump presidió el sábado en la Base Aérea de Dover, Delaware, el traslado digno de esos seis primeros caídos. Junto al vicepresidente JD Vance, el secretario de Defensa Pete Hegseth y la primera dama Melania Trump, hizo el saludo militar al paso de cada uno de los féretros envueltos en la bandera estadounidense. Tras la ceremonia, a bordo del Air Force One, calificó el momento como “un día muy triste” y reafirmó las operaciones en curso: “Estamos ganando la guerra por mucho.”

Soldados cargan un féretro que lleva los restos del reservista de la sargento de primera clase Nicole Amor, mientras el presidente Donald Trump observa la llegada de los restos en la Base de la Fuerza Aérea Dover, en Delaware (AP Foto/Mark Schiefelbein)

La guerra comenzó el 28 de febrero con ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel que causaron la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Khamenei, junto a varios miembros de su familia. Irán respondió con oleadas de misiles y drones contra Israel y una decena de países donde operan tropas o bases estadounidenses: Kuwait, Arabia Saudita, Baréin, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Jordania, entre otros.

La mayor parte de esos ataques fue interceptado, aunque las consecuencias alcanzaron infraestructura civil. Baréin acusó a Irán de haber dañado una de sus plantas de desalinización, instalaciones que abastecen de agua a millones de personas en el Golfo. En Arabia Saudita, proyectiles iraníes alcanzaron instalaciones próximas a la refinería de Ras Tanura, una de las mayores del mundo, lo que avivó el temor a una interrupción del suministro energético regional.

Con Khamenei muerto y sin un sucesor oficialmente designado, la Asamblea de Expertos iraní trabaja en la selección del nuevo líder supremo, aunque admitió que “existen obstáculos” para concretar el proceso. El presidente Masud Pezeshkian pidió a los países vecinos que no participen en los ataques, mientras el jefe del poder judicial, Gholam Hossein Mohseni-Ejei, prometió que las represalias continuarán contra los territorios desde los que se lanzan las ofensivas.

La séptima baja estadounidense ilustra el alcance geográfico creciente del conflicto: ya no se limita a Kuwait, sino que se extiende a Arabia Saudita, cuya exposición directa complica la ecuación política de una guerra que, según el propio Trump, podría prolongarse entre cuatro y cinco semanas.