El retrato oficial de John F. Kennedy, creado por Aaron Shikler y exhibido en la Casa Blanca, ha vuelto a captar la atención tras aparecer en la serie Love Story. Detrás de este cuadro hay una historia que simboliza el duelo de Jacqueline Kennedy y la construcción del legado del presidente asesinado.
El retrato oficial de John F. Kennedy, encargado después de su muerte en 1963 y concluido en 1970, fue pintado por Aaron Shikler a partir de fotografías y recuerdos familiares con la supervisión directa de Jacqueline Kennedy.
Su pose inusual y reflexiva lo distingue de otros retratos presidenciales y sigue siendo relevante hoy en día por su aparición en la cultura popular y su profundo significado personal y político, según detalló Artnet News.

El origen y la creación del retrato oficial de John F. Kennedy
El encargo de Jacqueline Kennedy Onassis representó una excepción para la tradición artística de la Casa Blanca, al pedir un retrato presidencial póstumo para su esposo.
El artista Aaron Shikler fue seleccionado por su relación previa con la familia Kennedy. Shikler trabajó en la residencia neoyorquina de Jacqueline Kennedy y basó la composición en fotografías, especialmente en una de Ted Kennedy en la tumba de su hermano.

La pintura muestra a John F. Kennedy cabizbajo y con los brazos cruzados en una postura meditabunda. El propio Shikler explicó al medio que eligió esa posición para transmitir un carácter reflexivo: “Lo pinté con la cabeza baja, no porque lo vea como un mártir, sino porque quise mostrarlo como alguien pensante… Un presidente que piensa es algo raro”.
Con unas dimensiones de 127 por 86 centímetros (50 x 34 pulgadas), la tela fue completada en 1970 y pasó a formar parte de la colección oficial de la Casa Blanca.

La selección del retrato y la participación de Jacqueline Kennedy
La decisión final sobre la imagen fue tomada por Jacqueline Kennedy Onassis, quien revisó bocetos y descartó varias propuestas previas. Shikler recordó: “La única condición que ella puso fue: ‘No quiero que se parezca a los retratos habituales, con las ojeras y esa mirada penetrante. Ya estoy cansada de esa imagen’”, según recogió Artnet News.
El proceso de selección involucró modificaciones guiadas por la viuda para huir de una imagen heroica y mostrar a JFK como un ser humano reservado y pensativo. El resultado, sobrio y alejado de los clichés visuales, generó opiniones divididas entre la crítica y el público.
Mientras algunos consideraron el retrato enigmático y poco usual para un presidente estadounidense, la familia Kennedy lo reconoció como un símbolo de introspección genuina.

El impacto y legado del retrato en la Casa Blanca y la familia Kennedy
El impacto de la obra alcanzó a la familia Kennedy y a la institución presidencial. Jacqueline Kennedy regresó a la Casa Blanca únicamente una vez tras dejarla, el 3 de febrero de 1971, en una visita privada junto a sus hijos Caroline y John Jr. para contemplar el retrato antes de su presentación pública. El encuentro, organizado por la primera dama Pat Nixon, fue completamente privado, según recordó Artnet News.
Actualmente, el retrato de JFK cuelga en el pasillo central de la Casa Blanca, cercano al retrato oficial de Jacqueline Kennedy, también obra de Shikler y ubicado en la Sala Vermeil. En la escena de Love Story, aparecen además otros retratos realizados por Shikler, como los de la ex primera dama y sus hijos.
Más allá de los Kennedy, Shikler fue el autor de retratos presidenciales de figuras como Ronald y Nancy Reagan, así como de personalidades internacionales como la reina Noor de Jordania.

La escena dramatizada en Love Story, donde Jacqueline Kennedy baila con el retrato de su esposo, subraya el significado emocional y simbólico que la obra mantiene más de cincuenta años después de su creación.
Los Kennedy destacaron el valor del retrato no solo por su calidad artística, sino por su papel como testimonio histórico de un periodo crucial en Estados Unidos.
La composición singular de Shikler, aprobada por la familia, se distingue entre los retratos presidenciales de la Casa Blanca por su autenticidad y capacidad de evocación.