Cindy Crawford (REUTERS/Mario Anzuoni)

El lunar que se dibuja sobre su labio superior se convirtió en su sello distintivo. En la década del ‘90, cuando las grandes pasarelas internacionales captaban la atención de todo el mundo, Cindy Crawford supo marcar un estilo propio. Y fue, sin lugar a dudas, una de las grandes supermodelos de la época. Pero no se quedó en el tiempo. Evolucionó. Y hoy, con 60 años, sigue cautivando con su estelaridad y su glamour, en cada sitio en el que se presenta.

Aunque la belleza que tantas puertas le abrió fue una cuestión de genética y no un mérito propio, la realidad es que sus primeros años no fueron tan simples como cualquiera hubiera imaginado. Nació el 20 de febrero de 1966 en DeKalb, Illinois, Estados Unidos, bajo el nombre de Cynthia Ann Crawford. Durante toda su infancia vio como su madre, Jennifer, era manejada económicamente por su padre, John, con quien mantenía una relación sentimental desde que eran muy jóvenes. Y esto hizo que ella creciera convencida de que debía convertirse en una mujer independiente.

Finalmente, sus padres se separaron cuando Cindy era una adolescente. Y, a partir de ese momento, empezó a realizar distintos trabajos para ayudar a la manutención de su hogar. De hecho, comenzó limpiando y descargando maíz en algunas granjas de los alrededores de la zona en la que residía. Hasta que un reportero gráfico con el que estaba de novia le propuso hacer una producción. Y su foto en traje de baño, recostada sobre el borde de una piscina, terminó ilustrando la portada del periódico DeKalb NITE Weekly, de la universidad local.

La modelo durante su relación con Richard Gere

En ese momento, ella no sentía que el modelaje fuera su vocación. Y tampoco tenía ansias de fama. Pero sí necesitaba llevar dinero a su casa y, gracias a esta oportunidad, pudo hacerlo. Entonces tomó coraje y, con 17 años, se anotó en un concurso de la agencia Elite. Lo ganó. Y terminó instalándose en Nueva York, donde al poco tiempo logró firmar contratos con las grandes marcas internacionales. Sin lugar a dudas, su destino estaba marcado. Y ella estaba dispuesta a ir a su encuentro.

No solo tuvo su propio programa de televisión en la cadena MTV, House of Style, sino que aprovechó el furor de sus admiradores para convertirse en una referente de la vida fitness al estilo Jane Fonda. Pero, definitivamente, su fuerte fueron los desfiles en los que se presentaba junto a las otras top models de su generación, como Naomi Campbell, Linda Evangelista, Christy Turlington, Claudia Schiffer y Kate Moss, con las que conformaba el grupo conocido como las Big Six. Ellas eran las favoritas de los grandes diseñadores entre los que se destacaban Karl Lagerfeld, Gianni Versace y Giorgio Armani. Y facturaban, como verdaderas estrellas, varios millones de dólares al año.

Cindy y su marido, Rande Gerber

Claro que la enorme popularidad de Cindy, que se animó a posar tanto para Vogue como para Playboy, hizo que la prensa del corazón hiciera foco en su vida amorosa. Sobre todo, después de que en 1988 comenzara una relación sentimental con Richard Gere. La historia empezó cuando lo conoció de casualidad en la casa de un amigo en común. Él le llevaba 15 años y estaba catalogado como “el hombre más sexy del mundo”. Así que el romance ilustró las tapas de todas las revistas de la época. Y ella fantaseaba con una boda de ensueño.

Sin embargo, el casamiento no fue lo que esperaba. Es que, tras dos años de noviazgo y dada su insistencia por legalizar el vínculo, el actor de Hollywood la llevó en un jet privado a Las Vegas, donde una limusina los trasladó hasta The Little Chapel en The West. Y allí, en esa pequeña capilla y con un anillo improvisado, la modelo y él contrajeron enlace frente a un reducido grupo de amigos.

Tras cuatro años de matrimonio, en tanto, en 1995 Cindy y Richard se divorciaron. Y, al poco tiempo, la modelo volvió a ser noticia por su relación con Val Kilmer. Sin embargo, el gran amor de su vida llegó más tarde. Él era el empresario Rande Gerber, con quien se casó en 1998. La ceremonia se realizó en una playa de California, también con unos pocos amigos oficiando como testigos. Sin embargo, desde entonces nunca más se separaron. Tuvieron dos hijos, Presley, de 26 años, y Kaia, de 24. Y, al día de hoy, se siguen mostrando felices y enamorados.

Crawford junto a su marido y sus hijos (Photo by Daniel LEAL-OLIVAS / AFP)

Aunque en la actualidad Cindy le cedió su legado como modelo a su hija, la realidad es que sigue siendo una figura relevante a nivel mundial. Por eso hay muchas marcas que continúan eligiéndola como embajadora. Y, como empresaria, sigue cosechando éxitos con sus propias líneas de productos de belleza y decoración. También se destaca por su trabajo solidario: a raíz de la muerte de su hermano Jeff a los dos años de edad producto de una leucemia —situación que la marcó desde su infancia— se ocupó de fomentar la investigación contra el cáncer pediátrico.

Vivimos en un mundo marcado por el edadismo y nosotros mismos tendemos a ser muy autocríticos. En cambio, deberíamos aceptarnos y ser nosotros mismos”, dijo hace unos días en una entrevista con la revista People, al ser consultada sobre el paso del tiempo. Y dejó en claro que no es necesario darle batalla a los años para ser feliz. Porque ni siquiera ella, que supo ser una de las mujeres más lindas de la esfera pública, puede ganar esa pelea estéril. Y con sus seis décadas encima, se siente absolutamente plena.