
El yate ARA “Fortuna III” de la Armada Argentina alcanzó la Cinta Azul tras posicionarse como la primera embarcación en cruzar la meta en la clásica Regata Oceánica Buenos Aires – Río de Janeiro, una travesía de aproximadamente 2.200 kilómetros (1.200 millas náuticas). El comandante de la embarcación, Capitán de Navío Gustavo Pablo Rúa, describió a los organizadores que el logro fue “una satisfacción personal y del trabajo en equipo, y un momento mágico poder disfrutar la Cinta Azul; llegar primeros es todo un desafío y pudimos lograrlo”.
La competencia, confeccionada por el Yacht Club Argentino y el Iate Clube do Río de Janeiro, inició el 14 de febrero y reunió a 14 veleros bajo distintas fórmulas: ORC, ORC Club Tripulación Reducida, ORC Club Tripulaciones en Dobles y Veleros Clásicos, procedentes de Argentina y Brasil.

La embarcación Fortuna III, que fue la primer embarcación en arribar a la ciudad brasileña con un tiempo de 6 días, 9 horas, 25 minutos y 28 segundos, estuvo bajo el liderazgo de Gustavo Pablo Rúa. Y contó con una tripulación de 17 personas, cuya experiencia en regatas oceánicas resultó clave para la exigente preparación física y psicológica que demandó la prueba.
Desafíos técnicos y clima adverso en el inicio
Al analizar los obstáculos, Rúa aseguró que los primeros días presentaron dificultades significativas: “Los primeros días de la regata resultaron particularmente exigentes al dejar el Río de la Plata, debido al fuerte oleaje y a los vientos intensos, lo que obligó a un reajuste de las guardias y a un especial cuidado del aspecto anímico de la tripulación, requiriendo un marcado espíritu de equipo”.
Además, advirtió que tras superar este tramo inicial, las condiciones meteorológicas variaron y el desarrollo de la embarcación se estabilizó: “Tras un período inicial difícil, la derrota mejoró con vientos más benévolos y el barco empezó a comportarse mejor”, detalló el capitán.

Formación, entrenamiento a bordo y llegada a Brasil
El comandante subrayó la composición diversa de la tripulación: “El ARA ‘Fortuna III’ cuenta con una tripulación integrada por civiles y militares, entre ellos oficiales jóvenes en formación, quienes aprenden maniobras de alta complejidad junto a tripulantes con amplia experiencia náutica”.
Rúa enfatizó que el objetivo a bordo del velero excedió el ámbito competitivo: “No solamente se corre para tratar de ganar la regata, sino que también hay una función de entrenamiento y de transmisión de experiencia”.

Durante la travesía, todas las embarcaciones estuvieron custodiadas por la corbeta ARA “Robinson”, encargada de garantizar la seguridad hasta el arribo final en Río de Janeiro.
Al relatar el ingreso a la ciudad carioca, Rúa desglosó los minutos finales: “Cuando llegamos a la puerta, ya a una milla de la línea, se acabó el viento y empezó a tirarnos la corriente. Tuvimos que esperar con paciencia y, con la marea y una leve brisa, nos fue llevando hasta que pudimos cruzar la meta”.
La combinación entre espíritu de equipo y capacitación técnica confirmó su importancia decisiva en este tipo de regatas oceánicas, con desafíos operativos que obligan a una evaluación constante de variables técnicas, humanas y climáticas, según analizó el capitán argentino.