El momento más esperado: Gordo dejó para siempre su oxidada jaula en el zoo de Luján (Four Paws)

Los viejos portones oxidados del ex zoológico de Luján se abrieron bajo una escena inusual: jaulas alineadas, veterinarios extranjeros revisando papeles y equipos, y personal de seguridad atento a cada movimiento. Gordo y Florencia, los osos pardos que habían llegado cuando eran cachorros, y Flora, la tigresa de Bengala, aguardaban el desenlace de una historia atravesada por el encierro y la tristeza. Pero estaban comenzando una despedida largamente esperada.

La clausura del zoológico, decretada tras denuncias y graves irregularidades el 21 de febrero de 2020, dejó a decenas de animales en una suerte de limbo lleno de descuidos. Pero, casi al mismo tiempo, proteccionistas y veterinarios improvisaron protocolos para sostenerlos cuando las condiciones críticas apremiaban. Entonces, el operativo de traslado internacional apareció como la primera posibilidad concreta de ofrecerles algo más que supervivencia: la oportunidad de tener la vida digna que les arrebataron desde el nacimiento.

“Hoy quedan alrededor de sesenta grandes felinos en el exzoológico de Luján. Es un trabajo enorme el que falta, pero estos primeros traslados son un mensaje de esperanza para todos los que alguna vez levantaron la voz por estos animales”, le sintetiza a Infobae Luciana D’Abramo, directora de Programas de Four Paws, la fundación a cargo de los traslados.

El lunes 23 de febrero se convirtió en el punto final de semanas de preparación, tratamientos médicos y coordinación entre equipos locales e internacionales. Al fin llegó el día de dejar atrás el sufrimiento, el ruido metálico de las rejas y la posibilidad de asomarse, por primera vez en años, a lo más parecido a la libertad.

Florencia y Gordo dejaron la vida en cautiverio (Four Paws)

Una logística para romper cadenas

El operativo comenzó en la madrugada del lunes 23 de febrero, cuando el ex Zoo Luján todavía estaba envuelto en penumbra y silencio. Solo el murmullo de los equipos técnicos y el sonido metálico de las transportadoras rompían esa quietud y nerviosismo. Los especialistas de la organización internacional Four Paws, junto a veterinarios argentinos y personal local, iniciaron el traslado de Gordo, Florencia y Flora hacia sus cajas transportadoras especialmente diseñadas para viajes de larga distancia.

Esos primeros movimientos fueron el inicio formal de una misión de emergencia que, tras seis años de denuncias y abandono, comenzaba a materializar el fin del cautiverio para tres de los casos más urgentes del predio, cerrado desde el 21 de febrero de 2020, cuando fue clausurado de manera definitiva por el Ministerio de Ambiente, prohibiendo que el lugar volviera a abrir.

La intervención de la fundación se activó luego de una evaluación veterinaria integral realizada en noviembre de 2025. Durante varios días, el equipo examinó a más de 60 grandes felinos y a los dos osos que permanecían en el lugar. El diagnóstico fue concluyente: múltiples animales presentaban patologías crónicas, estrés prolongado y condiciones de alojamiento incompatibles con estándares internacionales de bienestar. En ese contexto, Gordo, Florencia y Flora fueron priorizados por la gravedad de sus cuadros clínicos y por la urgencia de un cambio de entorno.

Los osos vivieron durante años en jaulas reducidas (Four Paws)

Gordo, de 16 años, era el caso más delicado. Con un peso cercano a los 350 kilos, el oso pardo sufría obesidad severa asociada al sedentarismo y a una alimentación inadecuada durante años. Su jaula era reducida y, por temor a una posible fuga, había permanecido largos períodos sin acceso regular al exterior. La falta de estimulación y movimiento había profundizado el deterioro físico. Florencia, de 17 años, vivía sola en un pequeño recinto de concreto con una pileta poco profunda que apenas ofrecía enriquecimiento ambiental. Ambos presentaban problemas dentales y requerían seguimiento clínico constante. Sus condiciones estaban muy por debajo de los estándares mínimos aceptables para la especie.

Flora, la tigresa de diez años, tampoco escapaba a la situación crítica. Padecía graves uñas encarnadas que le provocaban dolor persistente y dificultaban su movilidad. Durante la misión veterinaria fue sometida a una cirugía de urgencia para tratar las lesiones en sus patas y se le extrajo un colmillo fracturado que podía derivar en infecciones severas. Tras la intervención, la mejoría fue notoria: comenzó a apoyarse con mayor firmeza, a desplazarse con menos dificultad y a mostrarse más relajada en su entorno inmediato.

Flora antes de ser operada (Four Paws)

En paralelo a las cirugías y tratamientos, el equipo implementó una campaña sanitaria integral. Se colocaron microchips de identificación, se actualizaron esquemas de vacunación y se realizaron desparasitaciones completas. Para muchos de los animales evaluados, fue la primera atención veterinaria exhaustiva en años. Por su magnitud y velocidad de ejecución, la operación sanitaria se convirtió en una de las intervenciones coordinadas más importantes realizadas en la región en este tipo de contextos de rescate.

La preparación para el traslado incluyó un componente clave: el entrenamiento conductual. Durante semanas, cuidadores y especialistas trabajaron con Gordo, Florencia y Flora para habituarlos a entrar voluntariamente en las cajas de transporte. Mediante refuerzos positivos y rutinas progresivas, lograron que los animales asociaran las estructuras metálicas con experiencias no amenazantes. El objetivo era evitar la anestesia, reducir el estrés y minimizar riesgos durante el viaje.

Amir Khalil, veterinario y líder de la misión de emergencia, explicó que el tamaño de Gordo obligó incluso a adaptar temporalmente su jaula para mejorar sus condiciones antes del traslado. También destacó que, tras la cirugía, Flora mostró signos evidentes de alivio. “Entrenamos a los tres animales para que ingresaran con calma a las cajas. Queremos que redescubran la alegría y el juego en sus nuevos hogares”, destacó.

Flora, meses atrás (Four Paws)

La salida de los tres animales representó un hito después de meses de coordinación con autoridades argentinas y organismos de control. “La reubicación de Gordo, Florencia y Flora marca un gran paso adelante, que es posible gracias a la dedicación de nuestro equipo de Four Paws y a la sólida cooperación con las autoridades argentinas. Enviar a los primeros animales en su viaje hacia una nueva vida es un logro extraordinario tras meses de trabajo incansable. Estos animales ahora se convierten en símbolos de un cambio positivo para la protección animal en Argentina. Pero aún queda mucho por hacer. Ahora nuestro enfoque se centra en los muchos otros grandes felinos que permanecen en el ex Zoo Luján. A pesar de las mejoras temporales, sus condiciones actuales siguen siendo totalmente inadecuadas, y estamos trabajando a toda velocidad para asegurarles también futuros acordes a su especie”, dijo emocionada D’Abramo, quien recibirá a los osos en Bulgaria.

La jornada de liberación animal estuvo acompañada por organizaciones locales, rescatistas y funcionarios que durante años sostuvieron la atención básica de los animales en condiciones adversas. La cooperación entre el sector público y las ONG permitió que el operativo se desarrollara bajo protocolos internacionales estrictos, con monitoreo constante de temperatura, ventilación y estado clínico durante todo el trayecto.

Luego de las despedidas, el convoy partió bajo custodia hacia el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Allí, la logística alcanzó su punto más delicado. Gordo y Florencia fueron embarcados en un avión de carga con a Sofía, Bulgaria. Dentro de las cajas llevaban agua, alimento y un sustrato blando que absorbiera vibraciones. El diseño permitía movimiento suficiente para mantener estabilidad sin comprometer la seguridad. El trayecto superaría las 24 horas.

Flora viajó en un vuelo comercial hacia los Países Bajos, acompañada por personal técnico especializado. Su transportadora fue ubicada en un sector específico con monitoreo permanente de condiciones ambientales. Cada variable —temperatura, humedad, tiempos de escala— fue cuidadosamente planificada para reducir el impacto fisiológico del viaje.

El oso Gordo es llevado en la caja por José Gallo, Amir Khalil, Katarzyna Dziuda

El trabajo detrás del traslado y el desafío que sigue

“Hoy estos tres animales están en camino hacia un futuro mejor, real y tangible. Es increíble. La verdad, es difícil de describir lo que sentimos luego de este tiempo de trabajo para llegar a este momento”, asegura Luciana D’Abramo sobre el momento en que Gordo, Florencia y Flora dejaron atrás años de cautividad en Luján. Pero enseguida vuelve a poner el foco en lo que resta: “Quedan alrededor de sesenta animales en este momento, así que es enorme el trabajo que todavía tenemos por delante para seguir avanzando”.

Sobre los detalles del operativo y la preparación previa para que los animales puedan estar volando (al momento en que habla con Infobae), destaca el entrenamiento conductual que permitió evitarles la anestesia: “Estuvimos minuto a minuto, sobre todo en las últimas dos semanas, cuando empezamos a ver las primeras victorias. Después del trabajo intenso de nuestros colegas, muy cerca de ellos, los tres animales ya habían aprendido a entrar a las jaulas de traslado sin necesidad de ser anestesiados, y eso es súper importante. Hoy fue una confirmación de que todo ese esfuerzo valió la pena: subieron sin problemas, sin estresarlos y sin necesidad de sedación”.

Volviendo la vista atrás, Luciana recuerda el primer impacto personal cuando entró por primera vez al predio de Luján. “Fue impactante. Sentí una enorme responsabilidad. Nos dio una adrenalina enorme para decir: ‘Esto tiene que cambiar, no se puede repetir nunca más’. Si en tantos años nadie había podido dar una solución y hoy se nos abrían las puertas, teníamos que asumir ese desafío con respeto, compromiso y decisión”.

Florencia, Gordo y Flora camino a Ezeiza

La repercusión social fue inmediata, apenas se supo que los animales serían sacados de ese recinto y este primer traslado tiene un significado particular, especialmente para el mundo animalista, que desde hace décadas denuncia los casos de maltrato en el ex zoo.

En ese sentido, Luciana dice: “Estos primeros movimientos son un impulso de esperanza, no solo para nuestro equipo y para quienes hoy nos acompañan, sino también para las cientos y miles de personas que durante años levantaron la voz por estos animales, incluso antes de que nosotros nos involucráramos. Ellos hicieron que esta situación se discutiera y no quedara en el olvido. Hoy también están acompañando y siguiendo cada paso”.

Finalmente, la miembro de Four Paws resume el sentido de lo que viene: “Esto es un mensaje de esperanza para quienes entienden que la verdadera conservación y el bienestar animal solo existen en la naturaleza. Nuestra meta es que ningún otro animal tenga que esperar tanto tiempo para acceder a una vida digna y que, como sociedad, podamos asumir ese cambio”.

Florencia y Gordo, osos del exzoológico de Luján, son cargados en un avión de Lufthansa Cargo en Buenos Aires rumbo a un santuario en Bulgaria

Dos santuarios y una nueva vida

El destino final de Gordo y Florencia es el santuario de Belitsa, en Bulgaria, a 167 kilómetros de Sofía. El centro, gestionado por Fundación Brigitte Bardot junto a Four Paws, nació para albergar a osos rescatados del maltrato en los Balcanes. Hoy se extiende sobre más de 120 hectáreas de bosque, lagos y refugios. Allí no hay exhibiciones ni aplausos: hay silencio, tierra húmeda y árboles para rascarse la espalda.

Tras la cuarentena obligatoria, y sus propios tiempos, podrán acceder a recintos amplios donde explorar, hibernar y buscar alimento por sí mismos. Volver a cavar, a oler, a elegir dónde descansar. Recuperar, en la medida de lo posible, la dignidad de sus instintos.

Ojalá que el año que viene, a esta misma altura, podamos estar celebrando que tanto Gordo como Florencia hibernaron por primera vez. Son animales que necesitan hibernar; es parte esencial de su biología. Pero, lamentablemente, en cautiverio —y sobre todo en las condiciones en las que estaban— no lo logran, porque viven en un estado permanente de tensión, miedo y alerta», lamenta Luciana.

A ello, agrega: “Cuando regresan a un entorno lo más natural posible dentro del cautiverio, como el que ofrecen nuestros santuarios, y comienzan a sentirse seguros y en equilibrio, la hibernación se convierte en la señal más clara de bienestar. La primera vez que hibernan es el mejor mensaje de que, finalmente, se sienten en casa y están viviendo de acuerdo con lo que su especie necesita y demanda”.

La tigresa Flora abandona el exzoo de Luján (REUTERS/Irina Dambrauskas)

Flora será recibida en el Felida Big Cat Sanctuary especializado en grandes felinos que vivieron un cautiverio más que complicado, y queda en las afueras de Ámsterdam. Su rehabilitación será lenta y personalizada debido a cómo llega. Aunque no podrá regresar a la vida silvestre, tendrá espacio para moverse, estímulos para jugar y cazar simbólicamente, y la tranquilidad de no ser observada como espectáculo.

“Flora fue una de las prioritarias porque, lamentablemente, tenía un tamaño muy inferior al esperado para una tigresa de su edad. Creció en una jaula de apenas dos por dos metros, con movilidad extremadamente limitada y rodeada de tigres y leones machos, lo que la volvió particularmente temerosa. La falta de ejercicio y de estímulos naturales tuvo consecuencias físicas severas: las uñas de sus garras, especialmente en las patas delanteras, crecieron de manera descontrolada hasta encarnarse y presionar contra el hueso. Se trata de una condición sumamente dolorosa, por lo que estimamos que llevaba años viviendo con un sufrimiento constante”, recuerda.

La osa Florencia recibe una uva antes de comenzar su viaje (REUTERS/Irina Dambrauskas)

Respecto a la socialización de los osos, dice que llevará su tiempo. Aunque es siempre muy festejada, no siempre ocurre en los santuarios porque los osos son animales solitarios al igual que los tigres. Pero cuando ocurre es más que festejada. “En el caso de Gordo y Florencia, todavía es muy temprano para saber si podrán convivir en un mismo recinto. Por ahora estarán en espacios aledaños, cerca de otros osos y eso en sí mismo ya es un factor muy positivo y reparador frente a la situación en la que se encontraban.»

Distinto es el caso de la tigresa. “En el caso de Flora, sabemos que no será socializada. Los tigres son, por naturaleza, animales solitarios y, además, en su situación particular —con los problemas físicos que arrastra y las necesidades especiales que requiere—, intentar integrarla con otros individuos sería demasiado riesgoso. Le generaría más estrés que beneficios. Por eso, el enfoque estará puesto en una rehabilitación individual, respetando su temperamento y priorizando su estabilidad física y emocional”, finaliza.