Personas con párkinson bailan durante una sesión de tangoterapia en Buenos Aires (JUAN MABROMATA / AFP)

Cuando suena el tango, Lidia Beltrán deja de lado el Parkinson que la aqueja, toma de la mano a su terapeuta y baila, con el cuerpo suelto y pasos precisos, como parte de un programa de tratamiento innovador en Buenos Aires.

Unos 200 pacientes han participado en los talleres de tango ofrecidos en los últimos 15 años en el Hospital Ramos Mejía para estudiar el impacto del baile en los síntomas de esta enfermedad neurodegenerativa incurable, informaron los organizadores.

“Uno de los principales problemas de la enfermedad es el trastorno de la marcha, y el tango, como danza caminada, trabaja el inicio y frenado de los pasos y estrategias para caminar”, explica la neuróloga Nélida Garretto.

Los resultados han sido alentadores. Muchos pacientes encuentran formas de aliviar síntomas como los bloqueos motores que “congelan” la marcha, dice la neuróloga Tomoko Arakaki.

Unos 200 pacientes han asistido a los talleres bianuales de tango que organiza el Hospital Público Ramos Mejía

“Una paciente nos contó que cuando se congela, intenta hacer el ‘ocho’ —uno de los pasos clásicos del tango— con los pies, y eso le permite salir del bloqueo”, relata Arakaki.

Bailar tango ayuda a construir una “vía sensorial” que facilita la caminata, según su explicación.

“Sabemos que el Parkinson requiere tratamiento farmacológico. El tango se utiliza para rehabilitar la parte motora. Con la música se puede salir de situaciones complejas”, sostiene.

Beltrán, de 66 años y diagnosticada con Parkinson hace dos, nunca había bailado tango. Se sumó al taller por recomendación médica. “Si es para frenar el avance, tengo que hacerlo, tengo que bailar para vivir”, afirma.

Además de temblores, rigidez, dificultades de equilibrio y problemas del habla, el Parkinson provoca aislamiento social y depresión. El taller de tango puede ayudar en estos aspectos.

Una anciana con Parkinson baila con la profesora de tango Verónica Alegre durante una sesión de terapia de tango

Beltrán cuenta que la danza mejora su estabilidad y su ánimo. “Mañana seguro me voy a sentir mejor porque hoy bailé tango”, declara.

La felicidad de los martes

Los pacientes bailan con parejas que no padecen Parkinson y bajo la guía de terapeutas de danza como Manuco Firmani, bailarín profesional de tango involucrado en la rehabilitación de pacientes con Parkinson desde 2011.

Emilia, de 86 años, prefiere no dar su apellido porque baila en contra de la voluntad de su hijo, quien teme por el viaje en colectivo de dos horas que hace para llegar al estudio en el centro de Buenos Aires.

“Para mí, esta es la felicidad de todos los martes”, dice la jubilada, de cuerpo frágil y encorvado y voz suave, para quien el tango le recuerda su juventud.

El objetivo de estudiar su impacto en la progresión de esta enfermedad neurodegenerativa incurable y brindar herramientas de rehabilitación

“Cada año realizamos evaluaciones específicas para analizar los beneficios del tango”, señala el neurólogo Sergio Rodríguez. “Hemos medido mejoras en capacidades cognitivas, habilidades motoras, marcha y equilibrio”.

Multitarea

Según los especialistas, caminar está en el centro del tango argentino. Pero esa no es la única razón por la que es un método eficaz de rehabilitación para pacientes con Parkinson.

El tango también exige a los bailarines seguir ritmos, moverse en una dirección determinada e interpretar las señales físicas de la pareja.

“Hay muchos mensajes simultáneos que deben resolverse, lo que resulta muy positivo para esta enfermedad”, dice Garretto.

Al finalizar la clase, hay aplausos y “un aire de satisfacción” en la sala, señala la terapeuta de danza Laura Segade. “Después de todo, ¿quién puede quitar lo que se ha bailado?”

Fuente: AFP. Fotos: JUAN MABROMATA / AFP