Irán confirmó este miércoles la muerte de Ismail Khatib, ministro de Inteligencia y uno de los máximos responsables del sistema de vigilancia, represión y control social del régimen islámico.
El presidente Masud Pezeshkian lamentó la desaparición de Khatib junto a la de Ali Larijani, jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, y Aziz Nasirzadeh, ex ministro de Defensa, y aseguró que estos golpes “nos dejan desconsolados”.
El mandatario intentó mostrar fortaleza y prometió que el régimen “continuará con más fuerza que nunca”, pese a la eliminación de figuras clave de su cúpula.
Khatib era el cerebro detrás del aparato de represión interna y de las operaciones de inteligencia que han aplastado cualquier intento de disidencia en Irán en los últimos años.
Bajo sus órdenes, el Ministerio de Inteligencia supervisó la detención, tortura y asesinato de miles de manifestantes y activistas, especialmente durante la ola de protestas que sacudió al país desde 2022. Su gestión se caracterizó por el uso sistemático de la persecución política, la vigilancia digital y el terror estatal.

“Khatib desempeñó un papel fundamental durante las recientes protestas, tanto en la detención y asesinato de manifestantes como en la configuración de la evaluación de inteligencia”, reconocieron fuentes israelíes tras confirmar su muerte.
La trayectoria de Khatib estuvo marcada desde el inicio por su cercanía al núcleo duro del régimen. Tras formarse como clérigo en Qom y escalar posiciones en la Guardia Revolucionaria, asumió la dirección del Ministerio de Inteligencia en 2021 y profundizó la estrategia de represión. Autorizó redadas, desapariciones forzadas y juicios sumarios contra opositores y familiares de disidentes. El terror impuesto por Khatib y su círculo dejó un saldo de miles de víctimas, incluidas mujeres y jóvenes que participaron en las protestas contra la dictadura islámica.
La eliminación de Khatib se suma a las recientes bajas en la cúpula del régimen. El bombardeo israelí que mató a Ali Larijani, considerado el principal estratega de la represión y la política exterior del régimen, sacudió los cimientos del aparato de seguridad iraní. Larijani, responsable de coordinar tanto la represión interna como las operaciones de terrorismo internacional, murió junto a su hijo y miembros de su entorno en un ataque selectivo sobre Teherán.
Aziz Nasirzadeh, ex ministro de Defensa, también fue abatido en bombardeos israelíes y estadounidenses a finales de febrero. Tanto Larijani como Nasirzadeh y Khatib han sido identificados como piezas clave en la maquinaria de represión y en la organización de operaciones encubiertas y atentados en el extranjero. Por estos y otros crímenes, Khatib había sido sancionado por Estados Unidos, Australia y Canadá en los últimos años.
El avance de la ofensiva contra los altos mandos del régimen ocurre mientras Irán evita publicar nuevos balances de muertos por los ataques israelíes y estadounidenses. El último dato oficial, del 5 de marzo, cifra en 1.230 los fallecidos, aunque el número real podría ser mucho mayor. Pese a la cadena de golpes, el régimen no muestra señales de apertura ni de colapso. Por el contrario, ha intensificado los ataques con misiles balísticos y de racimo contra Israel y mantiene el discurso de resistencia y venganza.
La política de represión y control social que personificó Khatib no solo buscaba aplastar la disidencia interna, sino también exportar el terror a través de operaciones de espionaje, atentados y ciberataques dirigidos a enemigos del régimen. Su muerte, junto con la de otros responsables del aparato de seguridad, representa un duro revés para la dictadura, aunque el gobierno insiste en que continuará la represión y la confrontación con sus adversarios.
(Con información de EFE)