Este 28 de agosto se cumplió un mes desde la muerte de Alejandra “Locomotora” Oliveras, la ex boxeadora y campeona mundial que dejó huella dentro y fuera del ring. Para su familia, especialmente sus hijos Alexis y Alejandro, este tiempo ha estado marcado por el impacto de su partida y la necesidad de reconstruir el día a día en medio de la ausencia.
Ambos estuvieron presentes, un día después del doloroso aniversario, en el living de DDM, el programa de Mariana Fabbiani en América TV. Y narraron como toda su vida cambió el lunes 14 de julio. Alexis relató que él fue quien encontró a su madre con el ACV isquémico que finalmente la mató: “Sí, sí, la encontré ahí. La fui a buscar siete y cuarto de la mañana, que así habíamos quedado, para siete y media ir a la peluquería. Y, bueno, llamé la ambulancia y ahí comenzó todo.” Contó que la escena lo dejó “shockeado”. Viéndola en el piso y sin entender nada, se acercó para ayudarla: “la veo que está en el piso y ahí la asisto, la ayudo a levantarse y demás.” En medio de la confusión, Alejandra solo pedía lo básico: “quería ir al baño. Me decía: ‘Acompañame al baño, acompañame al baño’.”
Ese fue el punto de partida de una seguidilla de días difíciles para la familia, que la llevó directamente al Hospital Küchler de la ciudad de Santa Fe. “Ya sabíamos todo lo que le había pasado porque le hicieron determinado tipo de estudios. Bueno, muy agradecido por todo de los médicos ahí, los profesionales. Un diez todos”, resaltó Alexis.
Los primeros informes médicos no fueron alentadores, y la familia quedó sumida en la angustia y el desconcierto. Alexis lo resumió claramente: “El lunes había un panorama muy, muy feo por todo lo que nos habían dicho del ACV y demás.” Sin embargo, algo inesperado ocurrió: “Veinticuatro horas después, que sería el próximo parte, como que fue un milagro. Hasta lo hablamos con ella…” Alejandra tuvo una leve recuperación y hasta pudo comunicarse. Los hijos y otros familiares se turnaron para visitarla de a dos y compartir algunos momentos de desconexión de la hospitalidad clínica. Alexis recuerda que su madre, sin entender del todo la situación, les hacía pedidos muy cotidianos: “A mí me decía: ‘Hijo, haceme unos huevos revueltos”, mientras que a su tía le pedía: “Chuchi, acompañame al baño.” Desde el principio, fue evidente que “no estaba consciente de lo que le estaba pasando”, dijo y la familia eligió no revelarle en ese momento la gravedad de su estado, protegiéndola del impacto.
La mejora duró poco. “Al día siguiente de ese martes, el miércoles, empeoró.” En ese breve intervalo, los hijos conservaron momentos de lucidez de su madre como un último registro de la mujer fuerte que los había guiado. El proceso de duelo fue, y sigue siendo, doloroso. Alexis lo describió como “todo muy confuso, muy nuevo, muy reciente”, agregando: “nosotros decidimos mantener todo hermético, para reunir un poco de fuerza porque es un golpe gigantesco para nosotros. Imaginate que somos tres nomás.”
La dinámica familiar siempre fue de cercanía absoluta. “Nosotros siempre fuimos tres, trabajamos juntos, íbamos para acá y para allá juntos. Los planes de nuestra vida eran de a tres.” Esa unidad ahora se vio rota y la ausencia de Alejandra, según relataron sus hijos, ha removido los cimientos de sus rutinas, sus metas y hasta sus pequeñas costumbres cotidianas.
Ayer, cuando se cumplió un mes del fallecimiento, Alejandro, el mayor de los hermanos, volcó su homenaje y sus sentimientos a través de un posteo en redes sociales, mostrando a sus 20 mil seguidores una faceta íntima de la relación con su madre. “Hoy, ya hace un mes de tu partida, aún nadie lo puede creer, todos te sentimos cerca, y a todos nos hacés falta”, compartió junto a la canción “Those Eyes” y una foto de ambos en ropa deportiva. Se dio espacio para el reconocimiento y la gratitud: “Quiero que sepan que el amor, el orgullo y el respeto que tengo por ella es el más alto, y siempre va a ser así.”
El legado de Alejandra “Locomotora” Oliveras no se resume sólo en títulos (fue seis veces campeona del mundo) ni peleas ganadas. A lo largo de su vida, tanto arriba del ring como fuera de él, cultivó en sus hijos valores y enseñanzas que hoy se convierten en la brújula para seguir adelante. Como expresó Alejandro en su mensaje, se compromete a “seguir sus pasos, el no darme por vencido, el vivir libre y limpio, compartir mi saber, ayudar al que lo necesite, cuidar el cuerpo, el alma y la familia, respetar la naturaleza, respetar el trabajo que es sagrado, es lo que ella hacía y lo que hacemos en esta familia, chiquita pero poderosa, te quiero mucho ma”.
La memoria de Alejandra permanece no sólo en quienes admiraron a Alejandra Oliveras por su trayectoria deportiva, sino en cada gesto y desafío que sus hijos asumen día a día, continuando el ejemplo y la fortaleza que “Locomotora” supo transmitir hasta el final.