La cabeza romana de terracota hallada en una tumba prehispánica de Tecaxic-Calixtlahuaca reaviva el debate sobre contactos entre Europa y América antes de Colón - (Imagen Ilustrativa Infobae)

En 1933, la excavación en el yacimiento de Tecaxic-Calixtlahuaca, cerca de la actual Ciudad de México, desafió los límites de la arqueología regional. Bajo la dirección del arqueólogo mexicano José García Payón, se halló una cabeza romana de terracota en una tumba prehispánica sellada, lo que abrió un intenso debate sobre posibles contactos entre Europa y América antes de Cristóbal Colón.

¿Cómo una cabeza de terracota con rasgos mediterráneos pudo aparecer en un contexto funerario indígena, cerrado siglos antes de la llegada de los españoles? El hallazgo original en Tecaxic-Calixtlahuaca plantea varias hipótesis: desde la posibilidad de un fraude arqueológico hasta rutas de contacto transatlántico anteriores al siglo XVI, e incluso teorías asociadas a naufragios accidentales o tránsitos comerciales de largo alcance. Las dataciones científicas y estilísticas confirmaron la antigüedad de la pieza, aunque su origen y recorrido exactos siguen envueltos en misterio.

La tumba fue localizada bajo tres capas intactas del piso de una estructura piramidal. Según Arkeonews, la ofrenda funeraria incluía fragmentos de cerámica, adornos de oro, objetos de hueso y piezas de cristal de roca, elementos comunes de la Mesoamérica precolombina. Entre estos materiales se encontraba el objeto europeo: una cabeza de terracota de un hombre barbudo.

El entierro estuvo sellado entre 1476 y 1510 d.C., como muestran los registros arqueológicos. Sin embargo, en la investigación original, García Payón no documentó de manera exhaustiva el proceso ni supervisó toda la excavación en persona. Esta falta de controles avivó dudas sobre el contexto exacto del hallazgo.

Investigadores confirman la antigüedad de la cabeza romana encontrada en México y subrayan la ausencia de pruebas concluyentes sobre su llegada al continente - ( Gentileza, estudio The

Cronología y análisis de la cabeza romana

Las interrogantes crecieron al analizar la cronología y los rasgos del artefacto. En 1961, el antropólogo Robert Heine-Geldern afirmó que la pieza podía datar hacia 200 a.C. Posteriormente, el arqueólogo Bernard Andreae, exdirector del Instituto Arqueológico Alemán en Roma, concluyó que la cabeza era “sin ninguna duda romana”, según Arkeonews.

Andreae reconoció en el peinado y la barba la moda del periodo Severo, alrededor del año 193 al 235 d.C. Esta vinculación ubica la pieza dentro del Imperio Romano. Además, un análisis de datación por termoluminiscencia llevado a cabo en laboratorios alemanes determinó que la cabeza fue fabricada en algún momento entre el siglo IX a.C. y el siglo XIII d.C. Este amplio rango temporal, aunque impreciso, respalda que el artefacto existía antes del encuentro español con América en 1492.

No obstante, el contexto funerario donde fue hallada estuvo sellado desde finales del siglo XV o comienzos del XVI. Esta aparente contradicción genera una cronología desconcertante. Por ello, la pieza no encaja en la habitual narrativa sobre la historia americana.

Teorías sobre el origen del hallazgo

Las explicaciones para la cabeza romana de Tecaxic-Calixtlahuaca varían y alimentan un debate internacional entre arqueólogos.

La pieza fue descubierta en un contexto funerario indígena sellado entre 1476 y 1510 d.C., junto a cerámica y adornos de oro representativos de Mesoamérica precolombina - (Imagen Ilustrativa Infobae)

La hipótesis más polémica es la del fraude arqueológico. Algunos investigadores, en la investigación original, consideran que podría haberse tratado de una manipulación realizada por alguien del equipo de excavación, quizás como broma o para generar misterio. Esta opinión se apoya en la falta de supervisión continua y registros precisos por parte de García Payón, pero no existen pruebas directas ni testigos que lo confirmen.

Otra teoría apunta a un posible contacto europeo precolombino. Sugiere que la cabeza podría haber llegado a América durante las primeras incursiones atlánticas europeas, antes o durante la conquista española. Si bien el entierro antecede a la llegada de Cortés, algunos expertos admiten que un objeto extraviado pudo transitar el continente y acabar en un entierro indígena, aunque consideran que es poco probable.

La opción de la deriva transoceánica fue apoyada por investigadores como Romeo Hristov, quien plantea que naves romanas, fenicias o bereberes pudieron cruzar accidentalmente el Atlántico y dejar restos en América. Así, la cabeza de terracota habría sido recogida y reutilizada por pobladores indígenas.

Sin embargo, los propios impulsores de esta hipótesis reconocen, según Arkeonews, que “esto es teóricamente posible, pero no existe evidencia arqueológica que lo respalde”. No se hallaron navíos, objetos ni asentamientos que la corroboren.

Análisis de datación por termoluminiscencia sitúan la fabricación de la cabeza romana entre los siglos IX a.C. y XIII d.C., anterior al contacto español - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Finalmente, una explicación menos habitual postula que el artefacto llegara a México por rutas comerciales transpacíficas antiguas, a través de extensas redes asiáticas o euroasiáticas. No obstante, esta versión sigue siendo especulativa y sin pruebas materiales.

Debate y repercusión en la arqueología mexicana

El hallazgo de la cabeza en Tecaxic-Calixtlahuaca sostuvo durante décadas un ferviente debate dentro de la arqueología mexicana e internacional. De acuerdo con la investigación original, la pieza desafía la narrativa tradicional que sitúa a América como un continente aislado de Europa hasta finales del siglo XV. Su presencia obliga a repensar los límites de la evidencia arqueológica y el papel de las llamadas “anomalías históricas”.

El asentamiento vikingo en Terranova demostró contactos precolombinos entre Europa y el continente americano, pero la pieza romana hallada en México es única en su contexto. Como resumen del debate, los expertos citados coinciden en que “cada teoría plantea nuevas preguntas, lo que pone de manifiesto la complejidad de interpretar la evidencia arqueológica”. También reconocen la falta de consenso definitivo.

El artefacto continúa siendo una rareza histórica para especialistas como David Grove, quien señala que incluso si la cabeza hubiera llegado mediante un naufragio, eso no implicaría necesariamente contacto intencionado entre civilizaciones, recoge la investigación original. Por ahora, “la respuesta sigue siendo esquiva”.

Enterrada bajo capas de historia, la cabeza romana de Tecaxic-Calixtlahuaca recuerda lo mucho que resta por descubrir sobre los vínculos entre continentes y culturas. Su enigma persiste como signo de que la arqueología aún debe explorar caminos inesperados.