El foro “Quo Vadis Cuba 2026”, organizado por el Interamerican Institute for Democracy en Miami, congregó este miércoles a figuras del exilio, activistas, periodistas y académicos para analizar el rumbo de la isla ante la crisis interna y el impacto de las recientes transformaciones regionales.
El evento abordó la situación política, social y económica de la isla, en un contexto marcado por la redefinición de la política exterior de Estados Unidos y la emergencia de nuevas expectativas entre los cubanos dentro y fuera del país.
La apertura estuvo a cargo de Tomás Regalado, ex alcalde de Miami, quien subrayó que el foro se diferenciaba de los anteriores por el momento de inflexión que atraviesa el tema cubano: “Los cubanos en el exilio, pero sobre todo los cubanos en la isla, han vivido de esperanzas, de sueños, y también se han dado cuenta que a veces la única opción es abandonar el país que los vio nacer”. Regalado destacó la repercusión internacional del tema, al afirmar que “antes los cubanos mendigábamos un artículo en un periódico de España o nos complacía que algún político en Washington dijera algo. Ahora es la norma”.
La periodista Iliana Lavastida, directora del Diario Las Américas, centró su intervención en la pregunta histórica que da nombre al foro: “Quo vadis, Cuba?” y describió la profundidad de la crisis que enfrenta la isla. Lavastida aportó un dato demográfico relevante: “Cuba cuenta apenas con 8,62 millones de habitantes, lo cual se puede considerar como un fenómeno de vaciamiento de un país en una magnitud que solo se observa en contextos de guerra”. Según la periodista, la emigración masiva, la escasez de alimentos, medicinas y los prolongados apagones reflejan la gravedad de la situación, aunque también resaltó la resiliencia social y la conexión de las nuevas generaciones con la diáspora.
El historiador y clérigo Marcos Antonio Ramos evocó la experiencia del exilio cubano desde la década de 1960 y señaló la persistencia de la pregunta sobre el futuro nacional. Ramos describió a Cuba como un país “al borde de una paralización total” y compartió los informes que recibe de comunidades religiosas dentro de la isla, donde se reportan necesidades extremas y una crisis sin precedentes en el continente.

Modesto Maidique, ex presidente de la Universidad Internacional de Florida, abordó el papel de las Fuerzas Armadas en el futuro cubano con una reflexión sobre el “coronel Bermúdez”, un personaje hipotético en quien depositaba la esperanza de cambio. Maidique subrayó que “el genio del socialismo es la represión” y relató cómo la vigilancia y el control afectan incluso a los núcleos familiares.
El rapero y activista Raudel Collazo aportó la perspectiva de la generación más reciente del exilio y describió la situación de las familias en la isla: “Las condiciones en las que están viviendo los cubanos hoy es duro, durísimo. Hay gente que está muriendo porque no tiene medicamentos y no tiene manera de cómo conseguirlos. Las escuelas, la educación, la salud, todo es un caos, pero un caos absoluto”. Collazo transmitió la urgencia que percibe en la sociedad: “Lo que tengan que hacer, que lo hagan ya. Lo que vaya a pasar, que pase ya. Lo necesitamos, porque Cuba está al límite”.
El presidente de Prisoners Defenders, Javier Larrondo, planteó que el actual contexto internacional abre una ventana de esperanza: “Después de sesenta y siete años en Cuba, cuarenta y siete en Irán, veintiséis en Venezuela, por fin la legislación y el orden internacional han dado paso a la lógica de los derechos humanos”. Larrondo insistió en la necesidad de mantener la presión internacional y en que la administración estadounidense avance en la estrategia de atacar los ingresos ilegales del régimen cubano.

El periodista Iván García Quintero, corresponsal en La Habana, expuso la diversidad de expectativas dentro de la isla. Destacó la urgencia de mejoras básicas como el acceso a alimentos y servicios, pero también el deseo de democracia y libertad. García Quintero relató: “La democracia no se come, señor, me dijo una tarde cualquiera un taxista privado”. Según el periodista, una parte de la población prioriza la estabilidad económica inmediata, mientras otra respalda la intervención internacional para acelerar la transición.
Desde la perspectiva de la sociedad civil, Dagoberto Valdés advirtió sobre la necesidad de que los cubanos participen activamente en cualquier proceso de cambio: “No es ético, no es justo ni humano que se estuviera decidiendo el futuro de todo un pueblo solo teniendo en cuenta el alcanzar los primeros términos, es decir, estabilidad, evitar oleadas migratorias y solo reformas económicas”. Valdés subrayó la importancia de una libertad unida a la responsabilidad y la participación.
La periodista e investigadora Darcy Borrero llamó la atención sobre el sacrificio de quienes han enfrentado persecución o exilio y alertó frente a una posible transición sin reconciliación: “Una negociación que ignore ese sacrificio no sería reconciliación, sino simplemente continuidad con otro nombre”. Borrero enfatizó la necesidad de sustituir la lógica del miedo por la de la convivencia y de liberar el potencial de la sociedad cubana.
El disidente Manuel Cuesta Morúa analizó la brecha entre el gobierno cubano y la sociedad: “La sociedad cubana va en una dirección totalmente contraria a por donde va el gobierno cubano. Busca la democratización del país, las libertades fundamentales, busca la creación de los espacios necesarios para generar su propio bienestar”. Cuesta Morúa interrogó la alineación de la estrategia estadounidense con las demandas reales de la sociedad cubana y reclamó protagonismo para la sociedad civil en cualquier proceso de negociación.
El politólogo Frank Rodríguez abordó el probable protagonismo de Estados Unidos en la reconstrucción cubana y la posible instauración de un protectorado: “Todo el que lleve el apellido Castro hasta dos generaciones tendrá puente de plata para irse con su plata, mejor dicho, nuestra plata. […] Viene sobre Cuba un protectorado o régimen tutelado, como se le dice ahora, pues el único país que puede inundar a Cuba de dinero y recursos para obviar una hambruna y colapso de la civilización es Estados Unidos”.

Juan Carlos Bermúdez, abogado estadounidense, resaltó la importancia de la participación del exilio y los gobiernos locales en el proceso de reconstrucción de Cuba. “Creo que todo el mundo puede aportar a una reconstrucción en Cuba, en primer lugar, que es lo más importante”, expresó.
El cierre estuvo a cargo de Carlos Sánchez Berzaín, director ejecutivo del Interamerican Institute for Democracy, quien enfatizó el pluralismo ideológico y generacional del foro y la necesidad de evitar que quienes han detentado el poder durante décadas participen en la construcción de la nueva democracia. Sánchez Berzaín remarcó: “Solo el fin de la dictadura y no la modernización del régimen es libertad para Cuba y seguridad para las Américas”.
El foro evidenció la existencia de posiciones maximalistas y minimalistas entre los participantes, así como el consenso en torno a la urgencia de un cambio de modelo y la centralidad del protagonismo cubano en cualquier transición. El debate reflejó la complejidad del desafío y la multiplicidad de actores involucrados en el destino futuro de la isla caribeña.