
La espectadora sale del teatro con el teléfono en la mano. Cinco mensajes de audio, uno tras otro, para los creadores de la obra. No los conoce, pero necesita contarles algo: su madre está por dejar la casa donde vivió siempre y, después de ver la función, siente que solo El funeral de los objetos puede ayudarla a soltar.
Con seis años ininterrumpidos en cartel y una trayectoria que la convirtió en una experiencia de culto dentro del circuito teatral, la obra regresó esta temporada para volver a interpelar al público desde un lugar tan sensible como original. El musical, creado e interpretado por Nicolás Manasseri y Fernanda Provenzano, quienes además firman la composición musical, propone mucho más que una función: invita a participar de un ritual colectivo donde el humor, la emoción y la reflexión se funden para hablar de aquello que cuesta soltar.
La obra se planta con fuerza en una problemática absolutamente contemporánea. En un mundo atravesado por un marcado apego a lo material —y, al mismo tiempo, por discursos que promueven el desapego, el “soltar” y la búsqueda del bienestar—, El funeral de los objetos encuentra su razón de ser. Allí donde los vínculos humanos se vuelven cada vez más complejos, los objetos aparecen como aliados silenciosos: testigos y depositarios de sueños, deseos, frustraciones, miedos e inseguridades.
La acción comienza de manera tan simple como intrigante. Un grupo de personas desconocidas entre sí responde a un anuncio visto y se presenta para participar de un funeral extraño. No hay solemnidad ni silencios incómodos: lo que se despliega es una terapia alternativa, un espacio donde despedir objetos cargados de valor emocional y atravesar, en clave de comedia y teatro musical, las distintas etapas del duelo. Cada personaje llega con su propia historia y su propio apego, construyendo un mosaico tan exagerado como reconocible.
El relato cobra vida a través de un elenco integrado por Martina Alonso, Eugenia Fernández, Renzo Morelli, Matías Zajic y Christian Edelstein además del Manasseri y Provenzano, autores de la obra. Las interpretaciones, atravesadas por una teatralidad expresiva y sensible, oscilan entre la risa franca y la emoción profunda, generando una inmediata identificación con el público.
Aunque se trata de un musical, la obra se corre de los formatos tradicionales. No todo es cantado: las canciones irrumpen en momentos clave para acompañar pensamientos, quiebres emocionales o situaciones límite. La música funciona como un sostén narrativo indispensable. En escena, Facundo Cicciu aporta su presencia al piano y está a cargo de la dirección musical y los arreglos, mientras que la coreografía, realizada por Provenzano, suma dinamismo y potencia expresiva a una puesta que fluye entre lo lúdico y lo introspectivo.

En diálogo con Teleshow, Provenzano y Manasseri repasaron el origen de la obra y el largo camino recorrido. “Hace varios años hicimos un seminario con actores en un taller y veníamos trabajando la relación entre el cuerpo y los objetos. En un momento se nos apareció —casi se nos impuso— el título de la obra. Ahí entendimos que teníamos que desarrollarlo y bajarlo a un guion”, contaron. El proyecto tomó forma definitiva en 2021, en plena salida de la pandemia, cuando se sumergieron de lleno en la escritura y en la exploración de ese vínculo tan íntimo entre las personas y sus pertenencias.
Sostener una propuesta no convencional durante tanto tiempo en cartel es, para sus creadores, motivo de orgullo. “Estamos muy felices de poder sostener esta obra durante seis años y seis temporadas tan extensas. Creemos que el éxito tiene que ver con el buen boca en boca, con ese público que la recomienda una y otra vez y la sigue disfrutando”, aseguraron. Convencidos de que El funeral de los objetos todavía tiene mucho futuro por delante, continúan trabajando para que la experiencia siga creciendo.
Las devoluciones del público fueron clave en la evolución de la puesta. “Siempre tuvimos muy buenas repercusiones. Eso nos da energía para seguir, sobre todo en propuestas que empezaron ‘bien de abajo’. Nos sorprende el grado de identificación que tiene la gente con la historia, y eso nos enriquece muchísimo para profundizar los vínculos en escena”, explicaron.

El vínculo con los espectadores no termina cuando baja el telón. A la salida del teatro, las emociones siguen a flor de piel. “Solemos grabar testimonios del público para redes y nos encanta escuchar sus reflexiones. Se ríen, se identifican y enseguida quieren recomendar la obra a alguien que saben que tiene apego con algún objeto. Es muy cómico ver esas reacciones”, relataron.
Entre las muchas anécdotas que acumularon a lo largo de estas seis temporadas, hay una que los marcó especialmente. “Una espectadora quedó muy conmovida y nos mandó varios audios por Instagram contándonos que su mamá necesitaba ver la obra sí o sí. Estaba atravesando una mudanza de la casa de toda su vida y sentía que esta experiencia podía ayudarla a desprenderse. Los audios eran una maravilla. Claramente la invitamos a volver con su mamá”, recordaron.
La música, coinciden, ocupa un rol central en todo el proceso emocional que atraviesa la obra. “Es fundamental para continuar el relato. Aparece en momentos drásticos para contar pensamientos de los personajes o como parte de esta terapia que propone el coach. La música irrumpe, acompaña y genera momentos escénicos hermosos”, explicaron.

Con más de 150 funciones realizadas en Capital Federal, Mar del Plata y el Gran Buenos Aires, El funeral de los objetos se consolidó como una propuesta singular dentro del teatro musical independiente. Una obra que invita a reírse, a emocionarse y, sobre todo, a salir del teatro con ganas de conversar, de compartir lo vivido y de repensar el vínculo con lo material.
Al final del ritual, el deseo es claro: que el público pueda despegarse —aunque sea por un instante— de los objetos para volver a abrazar lo esencial. Los vínculos, los afectos y el presente.