
¿Cuándo termina la Guerra de Malvinas? ¿Es cierto que se acabó en junio de 1982, si todavía hoy quedan allí cuerpos argentinos sin identificar? ¿Se acabó si todavía queda el dolor en las familias que perdieron a sus hijos? Algo de eso debe haber pensado el militar inglés Geoffrey Cardozo, que cuando terminó formalmente la contienda viajó a las Islas a organizar la recuperación y el entierro adecuado de los combatientes argentinos y que, más de 43 años después, está de nuevo por acá. Porque el trabajo no ha terminado. Ni el de identificación ni -no es menos importante- el de transmisión a los más jóvenes.
Este lunes, Cardozo tuvo una sorpresa: se encontró, en Buenos Aires, con la única mujer que pisó Malvinas como parte de la fuerzas argentinas, la enfermera Liliana Colino, y con Beatriz Páez, madre de un veterano de esa guerra. Se abrazaron. Y Cardozo dejó una frase: “No se vuelve igual después de la guerra y no se debe volver de la guerra igual a como uno se fue”.
El encuentro fue organizado por Beatriz Reynoso, una de las autoras -con la periodista Silvia Cordano– del libro Nuestras mujeres de Malvinas. Allí, Cordano y Reynoso reúnen testimonios de mujeres que vivieron y sufrieron la guerra desde distintos lugares. Fueron madres, personal médico de las Fuerzas Armadas, novias. O fueron quienes les escribieron a los combatientes esas cartas que los alimentaron. No volvieron igual de la guerra, no quedaron igual.
“¿Es demasiado sencillo decir que los hombres hacen la guerra y que las mujeres recogen los pedazos después y hacen la paz?“. Así comienza el prólogo que Cardozo escribió para Nuestras mujeres de Malvinas. Y ahí estaban, él y algunas de esas mujeres.

“Qué gran veterano es su hijo, muy orgullosa tiene que estar usted como madre”, le dijjo el militar inglés a Beatriz Páez.
Luego conversó con Liliana Colino, con quien compartió interesantes puntos de vista acerca de la guerra a lo largo de la historia y puntualmente sobre Malvinas y sus heridas aún abiertas, como las secuelas de la posguerra.
“Aprendí de la Guerra a vivir el momento” dijo Liliana Colino. Y fue entonces cuando Cardozo acotó: “No se vuelve igual después de la guerra y no se debe volver de la guerra igual a como uno se fue”. Habla, claro, de cómo la guerra transforma pero también de cómo esa experiencia debe generar conciencia y empatía en pos de la paz.

Cargados de experiencia, ambos coincidieron en que luchar contra los fantasmas en la posguerra es una batalla aún más dura que la guerra misma. Un monstruo grande que pisa fuerte, como cantó León Gieco.
En ese clima de cariño, Cardozo mostró lo que siempre lleva con él: colgada de su cuello, su chapa de identificación junto a una medalla de las islas Malvinas, que le regaló un joven familiar de un excombatiente, en un estudio de TV.
Respecto del papel de las mujeres en las guerras, Cardozo destacó la importancia de los testimonios vivos del libro y contó que en sus visitas alrededor del mundo menciona Nuestras mujeres de Malvinas, este trabajo que busca reconocer el papel crucial que desempeñaron ellas durante y después de la guerra, un aspecto que ha sido históricamente invisibilizado.

El libro también busca enviar un mensaje de paz. Cabe recordar que las autoras han elegido a Geoffrey Cardozo para prologar su obra, destacando su papel en el proceso de identificación de los combatientes caídos y su mensaje de humanidad en medio de la guerra, porque creen que, precisamente, “la guerra es el verdadero enemigo”.
La misión de Cardozo
Geoffrey Cardozo se quedará en la Argentina hasta fin de mes. Va a trabajar en la idenficación de los siete combatienes que faltan, y para eso se reunió con el Equipo de Antropología Forense que llevó adelante el proyecto humanitario Malvinas. Su coordinadora es la antropóloga Virginia Urquizu, cuyo testimonio integra el libro Nuestras Mujeres de Malvinas.
El inglés está preocupado por sanar heridas y pasar un mensaje. Por eso, la mayoría de sus actividades están centradas en encuentros con veteranos de Malvinas. Va a escucharlos, a compartir vivencias.

En Mendoza apoyará a los veteranos que escalarán el Aconcagua y en Mar del Plata visitará al veterano Julio Aro y al cineasta Miguel Monforte, quien integra la Fundación No Me Olvides. Cardozo mantiene con ellas una estrecha amistad.
“La posguerra es más difícil que la guerra misma. Al hablar de guerra, siempre se hace foco en el combate, en la estrategia y la disciplina, pero no se habla del después. A esos hombres que fueron a la guerra hay que cuidarlos. Contenerlos. Honrarlos. Aquí en Argentina, sus propios combatientes no fueron bien tratados, no fueron tratados como corresponde” dijo.
Para este año, se está trabajando sobre el proyecto de una nueva edición ampliada del libro Nuestras Mujeres de Malvinas con testimonios de otras mujeres atravesadas por la guerra, sumando de esta manera, nuevas y diversas miradas, a fin de poner voz y luz a historias y sentires hasta ahora silenciados.
(Fotos Gustavo Gavotti)