Fotografía del embalse Mazar. ARCHIVO EFE/ Robert Puglla

El embalse de Mazar, una de las infraestructuras hidroeléctricas más importantes de Ecuador, alcanzó su nivel máximo de almacenamiento el lunes tras varias semanas de lluvias intensas en el sur del país. El hito se produjo en un momento clave para el sistema energético ecuatoriano, que desde finales de enero opera sin importaciones de electricidad desde Colombia y depende exclusivamente de su capacidad interna de generación.

Según los registros oficiales de la Corporación Eléctrica del Ecuador (Celec), a las 08:00 de ese día el embalse llegó a una cota de 2.153 metros sobre el nivel del mar, su nivel técnico máximo. La “cota” es el indicador que mide la altura del agua almacenada en un embalse y determina cuánta energía puede producirse a partir de ese volumen. En el caso de Mazar, este parámetro es especialmente sensible: cuando el nivel del agua desciende por debajo de ciertos umbrales, el país ha enfrentado en el pasado restricciones en la generación eléctrica y cortes programados de luz.

Mazar está ubicado en la cuenca del río Paute, en la región andina sur de Ecuador, y forma parte del Complejo Hidroeléctrico Paute, un sistema integrado por tres centrales: Mazar, Paute-Molino y Sopladora. En conjunto, estas infraestructuras suman una capacidad instalada de 1.756 megavatios, lo que equivale aproximadamente al 38% de la demanda eléctrica nacional. Esto convierte al complejo en el principal pilar del sistema eléctrico ecuatoriano, un rasgo poco común en países cuya matriz energética depende de una sola cuenca hidrográfica en esa magnitud.

En 2024, debido al estiaje, Ecuador vivió apagones no consecutivos de hasta 14 horas en un día. (AP Foto/Dolores Ochoa)

El llenado total del embalse es el resultado de un cambio sostenido en las condiciones climáticas durante enero. En diciembre de 2025, el nivel de Mazar había caído de forma pronunciada —hasta 12 metros— debido a la ausencia de lluvias en el Austro ecuatoriano. Esa reducción encendió alertas en un país donde la generación eléctrica depende mayoritariamente del agua y donde los períodos secos han derivado históricamente en racionamientos energéticos. Sin embargo, desde la segunda semana de enero, las precipitaciones regresaron de forma constante y permitieron una rápida recuperación del embalse.

Entre el 8 y el 27 de enero, el nivel del embalse se elevó de manera sostenida, impulsado por el aumento del caudal de los ríos que alimentan la cuenca del Paute. El 2 de febrero, el ingreso promedio diario de agua a Mazar alcanzó los 242 metros cúbicos por segundo, el valor más alto registrado en lo que va de 2026. Este incremento permitió no solo alcanzar la cota máxima, sino también fortalecer la energía almacenada en el sistema, que supera los 600 gigavatios hora, una reserva clave para sostener la generación en períodos de menor afluencia de agua.

El contexto regional amplifica la relevancia de este nivel. Desde el 22 de enero, Ecuador dejó de recibir electricidad desde Colombia, su principal proveedor externo, en medio de tensiones comerciales entre ambos países. Aunque las autoridades han señalado que el sistema eléctrico nacional tiene capacidad suficiente para cubrir la demanda interna, la interrupción de las importaciones aumentó la presión sobre los embalses hidroeléctricos, en particular sobre Mazar, que funciona como regulador del sistema.

Mazar alcanzó su cota técnica más alta. REUTERS/Karen Toro

A diferencia de economías con una matriz energética más diversificada, Ecuador depende en gran medida de la hidroelectricidad. En ese esquema, Mazar cumple una función estratégica: almacena agua durante la temporada lluviosa y la libera de manera controlada para garantizar generación continua cuando disminuyen las precipitaciones. Alcanzar su nivel máximo ofrece un margen de maniobra para la planificación operativa del sistema en los meses siguientes.

En Ecuador, la estabilidad del suministro eléctrico sigue estrechamente ligada al comportamiento de las lluvias en una región específica del país. En ese contexto, el llenado total de Mazar se convirtió en un hito relevante, aunque persisten preocupaciones sobre la dependencia climática.