
En el verano europeo de 2016, la llegada de Pep Guardiola al Manchester City marcó un punto de inflexión en la historia reciente del club y del fútbol inglés. El entrenador español, considerado por muchos como el mejor del mundo, desembarcó en la Premier League tras revolucionar el juego en el Barcelona y cosechar títulos en el Bayern Múnich.
Su desembarco en Manchester no solo prometía éxitos deportivos, sino una transformación cultural profunda, basada en la disciplina, el rigor y los estándares de élite que lo habían caracterizado en sus proyectos anteriores.
Antes de asumir el reto en Inglaterra, Guardiola ya había dejado una huella imborrable en el fútbol europeo. Como director técnico del Barcelona entre 2008 y 2012, conquistó catorce títulos, incluidas dos UEFA Champions League, imponiendo un estilo de juego basado en la posesión, la presión alta y la precisión táctica. Su modelo fue exportado con éxito a la Bundesliga, donde al mando del Bayern Múnich sumó tres campeonatos ligueros consecutivos y consolidó su reputación como un innovador incansable.
Cuando Manchester City terminó en la cuarta posición de la Premier League en la temporada 2015-16, la directiva despidió al chileno, Manuel Pellegrini y decidió apostar por el técnico catalán para dar un salto cualitativo. El club buscaba algo más que títulos: quería instaurar una identidad de juego y una cultura de excelencia que perdurara.
Exigencia máxima desde el primer día
La llegada de Guardiola implicó un cambio radical en la dinámica interna del club. El exfutbolista francés Gael Clichy, quien formaba parte del plantel en ese momento, recordó recientemente los primeros días de trabajo bajo el mando del técnico. En una entrevista citada por FourFourTwo, detalló cómo el entrenador dejó claras sus expectativas desde el inicio, especialmente en lo referente a la condición física de sus futbolistas.

“Todos conocíamos la reputación con la que venía Pep [Guardiola] al club y creo que uno espera ganar cosas con él, porque eso es lo que ha hecho donde ha estado”, señaló Clichy. El defensor explicó que, si bien existían rumores sobre el rigor del técnico respecto al peso de los jugadores, el plantel deseaba comprobar hasta qué punto esas historias eran ciertas.
“Sabíamos que había jugadores en el plantel que estaban pasados de peso y prácticamente esperábamos ver qué iba a suceder. Entonces, en el primer día de entrenamiento, tres jugadores quedaron fuera del equipo: Samir Nasri, Yaya Touré y Kevin De Bruyne”, relató el francés.
La medida no solo sorprendió al vestuario, sino que envió un mensaje contundente sobre las prioridades del nuevo entrenador: nadie, por más talentoso o histórico que fuera, estaba por encima de la disciplina y la profesionalidad.
Las consecuencias inmediatas y el impacto en el vestuario
La decisión de apartar a Samir Nasri, Yaya Touré y Kevin De Bruyne marcó un antes y un después en la gestión del plantel.
Nasri, uno de los jugadores más talentosos pero también más irregulares, apenas tuvo participación durante ese semestre bajo las órdenes de Guardiola y fue cedido a préstamo al Sevilla de LaLiga. Tras esa breve etapa, el francés abandonó definitivamente el club al finalizar la temporada, recalando en el Antalyaspor de Turquía antes de cerrar su carrera en el Anderlecht belga en 2020.
El caso de Yaya Touré fue diferente. Aunque tuvo una relación compleja con Guardiola desde su etapa en el Barcelona, el marfileño continuó siendo una pieza utilizada durante la primera campaña, pero en la segunda perdió protagonismo y terminó saliendo del club. El rigor físico y táctico impuesto por el entrenador aceleró su salida, poniendo fin a una etapa brillante en Manchester.

Por otra parte, De Bruyne supo transformar aquella advertencia en un punto de inflexión personal. No solo recuperó su lugar en el equipo, sino que con el tiempo se consolidó como uno de los grandes emblemas del club, superando los 400 partidos y anotando más de 100 goles con la camiseta celeste. El propio Guardiola comentó públicamente sobre la importancia de la condición física en su modelo, como lo hizo años después en el caso de Kalvin Phillips tras su llegada desde el Leeds United en 2022.
Así, Guardiola no solo transformó al Manchester City en términos de títulos y juego, sino que instaló una ética de trabajo que aún hoy distingue e invita a la “incómoda” idea de posicionarlo como uno de los gigantes del viejo continente.