Hace poco más de una década, precisamente el 24 de mayo de 2015, el sable corvo de San Martín era depositado en una vitrina del Museo Histórico Nacional, tras casi medio siglo fuera de las salas abiertas al público.
El acto había sido encabezado por la presidenta Cristina Kirchner, quien buscó resaltar el peso simbólico y político del emblemático objeto perteneciente al Libertador.
Aquel domingo, una multitud acompañó en Buenos Aires la procesión de uno de los más potentes símbolos de la identidad nacional, en un gesto que el gobierno kirchnerista definió como de reparación y recuperación. Hasta ese lugar lo llevaron los granaderos, previo paso por la Catedral Metropolitana, donde fue bendecido por el cardenal Mario Poli.
CFK siguió al granadero, quien sostenía con sus dos manos el arma de guerra. Paso a paso, atravesó el acceso del Museo Histórico Nacional para adentrarse a la sala, especialmente creada para custodiar la reliquia histórica. Y la depositó adentro de una vitrina diseñada para su conservación y exposición.

Hoy, la espada, se exhibe acompañado de los sables de la espada del general Miguel Estanislao Soler, del espadín ceremonial del general Matías Zapiola, del espadín ceremonial del general Gregorio Las Heras, del sable del general Eustoquio Frías, de la espada del general Lucio Norberto Mansilla, de la espada ceremonial del general Enrique Martínez, y del sable del general José Antonio Álvarez de Arenales.
El arma acompañó a San Martín en la Guerra de la Independencia, luego fue donada por descendientes a la Nación y, tras décadas de exposición ininterrumpida en el museo, pasó a ser tomada como símbolo político por la Resistencia Peronista durante los años 60.
La Juventud Peronista ligó el sable a una genealogía política: San Martín, Rosas, Perón. A través de robarlo y devolverlo en dos ocasiones (1963 y 1965), buscaban destacar la continuidad de una causa nacional a lo largo de la historia argentina.
Tras los hechos de los 60, el régimen de Juan Carlos Onganía decretó en 1967 que la custodia pasara al Regimiento de Granaderos a Caballo. A este lugar volverá a partir del próximo 7 de febrero, esta vez por el decreto que firmará el presidente Javier Milei.
El sable volverá bajo la órbita de Granaderos
La ceremonia oficial que marcará el traspaso consistirá en la entrega formal de la reliquia histórica al Regimiento, durante el acto central por el 213º Aniversario del Combate de San Lorenzo, programado para el sábado 7 de febrero a las 19 en el Campo de la Gloria, provincia de Santa Fe.
De acuerdo con información municipal el Presidente entregará el sable en persona a sus nuevos custodios, y el evento incluirá un desfile cívico militar. Antes de ese día, las celebraciones conmemorativas comenzarán el martes 3 de febrero, con actividades como el izamiento de banderas en la Plaza San Martín – Pino Histórico – Campo de la Gloria a las 9, seguidas por un homenaje en el Cementerio Conventual.
Para el 6 de febrero, la Fanfarria Alto Perú desfilará por la avenida San Martín, y a las 21.30, junto con el Regimiento de Granaderos, participará del tradicional cambio de guardia en el Convento San Carlos Borromeo.

Funcionarios de la Secretaría de Cultura de la Nación indicaron a este medio que el traslado requiere la firma de un decreto presidencial acompañado por la fundamentación y un informe técnico elaborado por la Subsecretaría de Patrimonio Cultural.
En el propio borrador del decreto se señala como objetivo “asegurar la correcta administración, preservación y seguridad de un bien histórico del Estado Nacional. Devolverles a los suyos lo que es propio”.
Voceros vinculados al secretario de Cultura, Leonardo Cifelli, manifestaron a Infobae que la medida busca garantizar la custodia y conservación estatal del sable, y la calificaron como “una interpretación jurídica, razonable y de buena fe”. Desde la Subsecretaría de Patrimonio, responsable del informe técnico que acompañará el decreto, también expresaron su respaldo a la decisión.

En la documentación oficial se subraya que el cuartel de Granaderos en Palermo es Monumento Histórico Nacional, y no representa “un ámbito ajeno al patrimonio cultural ni un espacio sin valor histórico”, sino el entorno institucional al que históricamente perteneció la pieza y que posee relación directa con su creador y función simbólica original.
Respecto al papel del Museo Histórico Nacional tras el cambio, fuentes de Cultura remarcaron que la institución “posee una reserva invaluable de gran valor histórico que puede ser exhibida y seguirá abriendo sus puertas como siempre a todos los argentinos”.