Quito ingresa en su mes más festivo con una mezcla de expectación y temor. Diciembre, que para la ciudad siempre ha significado luces, procesiones, pases del Niño y reuniones familiares, también se ha convertido en el período más peligroso del año en sus carreteras.
Cada temporada, mientras la capital se prepara para las Fiestas de Quito, la Navidad y el fin de año, las cifras de siniestros viales se disparan. Las autoridades miran el calendario con preocupación: diciembre es, de manera consistente desde hace años, el mes con mayor número de accidentes de tránsito, heridos y fallecidos en la ciudad. La tradición y la tragedia avanzan en paralelo.
La experiencia reciente sostiene ese temor. En diciembre de 2019, Quito cerró el año con 445 accidentes de tránsito solo en ese mes, el número mensual más alto registrado entonces. La pandemia redujo parcialmente la movilidad y las cifras durante 2020, pero el alivio duró poco. A medida que la ciudad recuperó su ritmo, los siniestros volvieron a crecer. Para 2021 ya se registraban más de 3.000 accidentes en el año antes de llegar siquiera a la mitad de diciembre, y al cierre de ese ciclo murieron 218 personas en las vías quiteñas.

El repunte no se detuvo: en 2022 hubo 3.394 siniestros y en 2023 la cifra alcanzó un récord de 3.816. Ese año fallecieron 329 personas en accidentes dentro del Distrito Metropolitano. Son casi una decena de muertes por semana en una sola ciudad. En el 2024, solo en diciembre hubo 214 siniestros de un total de 2.462 en todo el año.
Diciembre, con su tráfico intensificado por compras, viajes, celebraciones y retornos, suele potenciar las conductas de riesgo que ya predominan en la capital. Los informes de la Agencia Metropolitana de Tránsito (AMT) muestran que las causas más comunes no han cambiado: exceso de velocidad, conducción bajo efectos del alcohol, no respetar señales de tránsito, no ceder el paso al peatón y uso del celular al volante.
La geografía urbana también juega en contra. Quito tiene algunas de las vías más peligrosas del país y casi todas muestran picos de siniestralidad en la temporada festiva. La avenida Simón Bolívar, que circunvala la ciudad y conecta longitudinalmente el norte y el sur, es el corredor con mayor concentración de accidentes graves. En 2023, esa sola vía registró 335 choques, 242 heridos y 38 fallecidos. Sus tramos más críticos —como el Triángulo de Piedra, la Loma de Puengasí o los descensos hacia Guápulo— combinan curvas cerradas, largas pendientes y velocidades que con frecuencia exceden los límites permitidos.

La avenida Mariscal Sucre presenta un patrón similar: cruza zonas densamente pobladas, recibe tráfico pesado y carece, en tramos prolongados, de barreras físicas que separen sentidos de circulación. La Panamericana, tanto al norte como al sur, suma otro corredor de alto riesgo, donde los accidentes se vuelven más intensos durante fines de semana y feriados.
Las víctimas también han cambiado con el tiempo. Si hace una década predominaban los peatones y ocupantes de autos particulares, hoy los motociclistas representan una porción alarmante de las muertes viales. En 2022, más del 40% de los fallecidos en Quito eran usuarios de moto, muchos de ellos jóvenes repartidores o trabajadores que se movilizan en jornadas nocturnas.
Entre 2019 y 2023, las muertes de motociclistas casi se duplicaron, pasando de 66 a 121. Los peatones siguen siendo un grupo extremadamente vulnerable, sobre todo en sectores periféricos con iluminación deficiente, pasos peatonales deteriorados o inexistentes y anchos de vía que inducen velocidades peligrosas. Las estadísticas apuntan a un perfil recurrente: hombres jóvenes, entre 20 y 29 años, que pierden la vida en las madrugadas de viernes y sábado, cuando el alcohol y la fatiga se cruzan con carreteras rápidas y poca supervisión directa.
En este contexto, la ciudad intenta prepararse para enfrentar diciembre sin repetir el mismo escenario trágico. La AMT ha anunciado operativos reforzados en los ejes más peligrosos y controles de velocidad en la Simón Bolívar, la Mariscal Sucre y la Ruta Viva. Se han desplegado fotorradares móviles y puestos de control para alcoholimetría, especialmente en la antesala de conciertos, festivales y eventos por las Fiestas de Quito. También se han instalado delineadores de carril y barreras tipo “jersey” en tramos críticos, con el objetivo de obligar a los conductores a reducir la velocidad. Estas intervenciones físicas, implementadas tras varios siniestros notorios ocurridos en 2023 y 2024, buscan convertir la reducción de velocidad en una condición inevitable y no solo recomendada.

La ciudad también apuesta por campañas de concienciación, aunque su impacto ha sido desigual. Quito ha recibido asistencia técnica internacional para fortalecer la seguridad vial: cientos de agentes fueron capacitados en manejo de conflictos, control de tránsito y protección peatonal.
La presión por actuar ha llevado al Concejo Metropolitano a declarar la seguridad vial como “prioridad metropolitana”. Esto implica una hoja de ruta más amplia que incluye revisión técnica más estricta para vehículos pesados, control de flotas, mejoras en infraestructura peatonal y ciclista y campañas masivas de educación. La medida —adoptada luego de un aumento significativo de víctimas en 2022 y 2023— reconoce que la seguridad vial no es solo un tema de movilidad: es un asunto de salud pública, de gestión estatal y de cultura ciudadana.