Hay que entender que el problema no siempre es la falta de agua, sino cómo se distribuye y se gestiona

El agua parece estar siempre ahí. Abrimos la canilla y sale. Es un gesto cotidiano,casi automático. Pero detrás de esa escena simple hay una realidad mucho más compleja y cada vez más desafiante.

Cada 22 de marzo, el Día Mundial del Agua invita a poner el foco en este recurso esencial. Pero más allá de la efeméride, el desafío es cotidiano: entender que el problema no siempre es la falta de agua, sino cómo se distribuye y se gestiona. En Argentina, como en gran parte del mundo, hay regiones con exceso, otras con estrés hídrico y sistemas que no siempre logran adaptarse a esa variabilidad.

El agua no empieza en un río, sino mucho antes: en las cuencas, en los suelos, en los humedales. Sistemas naturales que muchas veces no vemos, pero que cumplenun rol esencial: regular, filtrar y almacenar el recurso.

En Argentina, como en gran parte del mundo, hay regiones con exceso, otras con estrés hídrico y sistemas que no siempre logran adaptarse a esa variabilidad

Ahí aparece un cambio clave. Durante mucho tiempo, la respuesta a este desafío se buscó principalmente en la infraestructura. Pero hoy sabemos que muchas soluciones también están en la naturaleza. Restaurar humedales, proteger bosques o regenerar suelos no solo cuida el ambiente: también mejora la disponibilidad y la calidad del agua, y fortalece la resiliencia de los ecosistemas.

En ese camino, las alianzas se vuelven indispensables. Ninguna organización,sector o comunidad puede abordar este desafío en soledad.

Desde Coca-Cola Argentina, este enfoque se traduce en iniciativas que trabajan sobre la cadena del agua en todo el país. Pero, sobre todo, en una forma de hacer que pone a la colaboración en el centro.

En Salta, por ejemplo, con Fundación Coca-Cola y junto a la organización Kamkunapa, implementamos soluciones de acceso al agua potable adaptadas a comunidades urbanas. Pero lo más relevante no es solo la tecnología —filtros,sistemas de almacenamiento—, sino el proceso: cada solución se diseña en función del contexto local y se acompaña con capacitación. Porque sin apropiación, no hay sostenibilidad.

Frente a un escenario cada vez más exigente, avanzar hacia la seguridad hídrica requiere coordinación, evidencia, innovación y, sobre todo, acción colectiva

En Córdoba, en el trabajo conjunto con organizaciones buscamos fortalecer cuencas a través de soluciones basadas en la naturaleza, restaurando funciones ecológicas clave. En Chubut, iniciativas que incorporan humedales artificiales permiten mejorar la calidad del agua antes de que vuelva al sistema. Son acciones silenciosas, pero estratégicas.

Todo esto parte de una idea que todavía no está del todo instalada: el agua es un recurso interdependiente. Lo que ocurre en una parte de la cuenca impacta en todas las demás.

Por eso, las soluciones aisladas no alcanzan. Frente a un escenario cada vez más exigente, avanzar hacia la seguridad hídrica requiere algo más que compromisos: requiere coordinación, evidencia, innovación y, sobre todo, acción colectiva. El agua no es infinita, ni está garantizada. Pero hay algo que sí sabemos: cuando las alianzas funcionan, las soluciones no solo existen: escalan.

La autora es Directora Senior de Asuntos Públicos, Comunicaciones y Sustentabilidad para Argentina y Uruguay