Científicos del Conicet y universidades nacionales determinaron la edad de las aguas subterráneas /Freepik

Bajo el suelo argentino, el agua guarda historias que comenzaron hace miles y hasta millones de años.

Científicos del Conicet, la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires (CICPBA) y universidades públicas realizaron el análisis más completo de las reservas subterráneas en las distintas regiones del país.

Identificaron aguas que viajan desde tiempos recientes hasta otras que permanecieron en el subsuelo por más de un millón de años.

Las reservas más antiguas de Sudamérica fueron encontradas en acuíferos profundos

“La variedad muestra una riqueza invisible y obliga a pensar nuevas estrategias para cuidar el recurso”, afirmó en diálogo con Infobae, el doctor en geología Daniel Martínez, investigador del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras, que depende del Conicet y la Universidad Nacional de Mar del Plata.

Las edades de aguas subterráneas fueron determinadas en un rango que va de pocos años a más de 1 millón de años, según el estudio que fue publicado en la revista Groundwater for Sustainable Development.

En los acuíferos fracturados de Los Gigantes, en las Sierras Pampeanas de Córdoba, se encontraron aguas con menos de 20 años de antigüedad.

Este rango sorprende y define qué reservas pueden recuperarse pronto y cuáles se consideran prácticamente irreemplazables.

El uso de isótopos y gases nobles permitió distinguir entre acuíferos de recarga frecuente y reservorios formados en condiciones ya inexistentes/CONICET

En el estudio participaron Orlando Quiroz-Londono, Alejandro Basaldua, Ximena Solana, Emiliano Alcaraz y Leandro Bertolin.

También colaboró Melisa Glok-Galli, de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Centro.

El agua y su reloj invisible

La investigación revela que los acuíferos de la llanura pampeana contienen predominantemente aguas de entre 10 y 50 años de antigüedad/Freepik

Argentina tiene acuíferos de diferentes edades y profundidades, desde la llanura pampeana hasta la cordillera de los Andes.

Las condiciones geográficas y climáticas hacen que la edad del agua subterránea varíe ampliamente en todo el territorio.

Los investigadores tuvieron en cuenta que la falta de datos sobre la edad de los acuíferos dificultaba la gestión responsable del recurso. Sin este conocimiento, el riesgo de agotar reservas valiosas aumenta.

“El objetivo fue trazar un panorama de las edades de las principales reservas subterráneas”, señaló el doctor Martínez, quien también forma parte del Instituto de Geología de Costas y del Cuaternario “Dr. Enrique Schnack”, de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

Los acuíferos antiguos se consideran recursos no renovables, por lo que su explotación debería limitarse a situaciones excepcionales para asegurar la sostenibilidad (Andina)

“Para lograrlo, usamos técnicas como tritio, carbono-14 y métodos más recientes, como gases antropogénicos (CFCs y SF6), gases nobles y radionúclidos de gases nobles (kriptón-81, kriptón-85), adaptados a las distintas condiciones de cada acuífero”, detalló.

Saber la edad del agua permite distinguir cuáles reservas reciben recarga frecuente y cuáles se formaron en condiciones que ya no existen.

El análisis también permite leer la historia climática del país escrita en el subsuelo.

El recorrido oculto de las aguas profundas

El Acuífero Guaraní es una de las mayores reservas de agua subterránea dulce del mundo y abarca a la Argentina y otros países de Sudamérica/Archivo

El equipo estudió siete grandes tipos de acuíferos, desde la Patagonia hasta la región pampeana y el oeste junto a los Andes.

El análisis abarcó tanto aguas jóvenes como las más antiguas conocidas en Sudamérica.

En la llanura pampeana, las reservas miden entre 10 y 50 años, con mezcla de aguas más viejas.

En las zonas cercanas a los Andes, la recarga llega a través del deshielo y lluvias, y se identificaron aguas de hasta 15.000 años.

Los acuíferos intermedios y confinados muestran edades entre 6.000 y 30.000 años.

En la cuenca del Salado, existen acuíferos profundos o confinados/Archivo

En reservorios profundos, como el acuífero Guaraní o los sistemas del Colorado y Salado, existen aguas que superan el millón de años. Se trata del agua subterránea más antigua analizada hasta ahora en Latinoamérica.

El análisis isotópico, que funciona como una huella, revela diferencias entre aguas jóvenes y viejas.

Algunas de las reservas más antiguas se formaron durante épocas frías como el Pleistoceno, pero otras más antiguas aún en períodos áridos en el Mioceno.

En los acuíferos alimentados por deshielo, la composición isotópica refleja la temperatura a la que ocurre la recarga.

Los expertos sugieren controlar la extracción y contaminación/Archivo

El estudio indicó que para usar de manera sostenible los acuíferos no confinados (es decir, aquellos que reciben recarga directa de la superficie), es necesario saber con precisión cuánta agua almacenan y contar con un programa de monitoreo constante.

Eso implica medir periódicamente los niveles y la calidad del agua para evitar la sobreexplotación y asegurar que el recurso pueda renovarse y mantenerse disponible en el tiempo.

En los acuíferos antiguos, la recarga es tan lenta que el agua extraída no se repondrá nunca a escala humana. Esos recursos se consideran no renovables y su uso debe limitarse a situaciones especiales.

Retos y decisiones para el futuro

El trabajo advierte que el uso de reservas muy antiguas debe limitarse porque no se repondrán a escala humana/Conicet

Los investigadores resaltaron que conocer el tiempo y el recorrido del agua es la clave para la protección de las reservas subterráneas del país.

Habría que poner foco en los acuíferos con gran volumen y recarga activa para el suministro regular.

“Extraer agua de reservas muy antiguas es una explotación de un recurso que no se renovará en escalas de tiempo adecuadas, por lo que debe realizarse de manera racional para asegurar una larga sostenibilidad”, subrayaron Martínez y sus colegas.

Para una mejor protección, propusieron que se implemente un programa nacional de monitoreo de los niveles freáticos.

“El tiempo de residencia del agua subterránea permite definir qué acuíferos deben monitorearse con más frecuencia y precaución, así como determinar qué sustancias potencialmente contaminantes deben analizarse”.

En zonas de acuíferos vulnerables a la contaminación o sobreexplotación, puede limitarse la aplicación de contaminantes y los volúmenes de extracción de agua, acotó.

La protección de los acuíferos vulnerables exige controlar tanto la contaminación como la extracción de agua. (Archivo Imagen Ilustrativa Infobae)

Con respecto al potencial impacto del cambio climático, el doctor Martínez respondió: “Las aguas subterráneas son altamente resilientes a las variaciones del clima, como consecuencia del prolongando tiempo en el cual el transcurren y permanecen en un acuífero. Si consideramos que ese tiempo va desde años hasta cientos de miles de años, se comprende que cambios en la precipitación, y por ende en la cantidad de agua que recarga al acuífero, no serán advertidos hasta después de mucho tiempo”.

En la Argentina, “los acuíferos con menor tiempo de residencia, como por ejemplo los acuíferos alojados en conos aluviales y valles en las zonas cordilleranos y precordilleranas, o los acuíferos someros y de bajo espesor en zonas medanosas o costeras, son los más sensibles y vulnerables, mientras que los acuíferos confinados profundos no mostrarán efectos observables en una larga escala temporal”.