El derrumbe en un complejo edilicio de Parque Patricios, en la Ciudad de Buenos Aires, dejó un estacionamiento destruido y alrededor de doscientos vehículos cubiertos por los escombros. El siniestro provocó temor entre los vecinos y forzó la evacuación de varias familias. La situación generó un intenso debate público sobre la seguridad estructural en edificios. Raúl Bertero, ingeniero civil estructural y profesor titular en la Universidad de Buenos Aires, habló con Infobae en Vivo y explicó detalles del suceso.

Las advertencias de Bertero se centran en la importancia de detectar problemas a tiempo: identificar puertas que no cierran, grietas, o corrosión en el hormigón armado es esencial para prevenir accidentes y evitar derrumbes. El especialista enfatizó que cualquier cambio en la carga o el uso de terrazas, jardines o balcones debe realizarse bajo asesoramiento profesional, y recomendó inspecciones técnicas periódicas para mantener la seguridad edilicia.

Los edificios, cuando tienen un problema estructural, dan aviso”, explicó Bertero en diálogo con Infobae en Vivo. El ingeniero destacó la necesidad de no ignorar las señales tempranas, como puertas que dejan de cerrar, fisuras o descascaramiento visible. “Si hay síntomas, si uno ve que las puertas no cierran, si hay descascaramiento, el consorcio tiene que llamar a un especialista para que le diga cuál es la dificultad”, subrayó.

El estacionamiento de un edificio PROCREAR en Parque Patricios se derrumbó, afectando a 200 vecinos en el pulmón del complejo y las cocheras del subsuelo, sin registrarse heridos ni atrapados. (Maximiliano Luna)

Factores de riesgo y señales de advertencia en edificios

Para Bertero, la corrosión en el hormigón armado es una de las señales técnicas más frecuentes. “El agua aumenta siete veces el volumen del acero y eso hace que se descascare el hormigón y ahí tenés un aviso cuando tenés corrosión”, detalló. Además, explicó que la acumulación de agua o tierra en terrazas y techos puede multiplicar la sobrecarga y eventualmente superar la resistencia diseñada.

El exceso de agua o tierra puede llevar a una carga mayor que la pensada originalmente. Un entrepiso común está preparado para doscientos kilos por metro cuadrado. Si uno le tira mucha agua, va a tener una carga que puede ser mayor que la de diseño”, indicó el ingeniero. Por eso, recomendó realizar inspecciones frecuentes en zonas expuestas a humedad y consultar a especialistas ante cualquier descascaramiento.

Bertero insistió en que “lo que más caro sale en la estabilidad es la ignorancia”, en referencia a la omisión o subestimación de señales materiales que pueden anunciar un problema mayor.

Residentes de un edificio PROCREAR en Parque Patricios se congregan en la calle tras el derrumbe del estacionamiento subterráneo que afectó a 200 vecinos. (Maximiliano Luna)

Riesgos de modificar el uso o la carga sin asesoramiento profesional

El especialista recordó que “las cosas se calculan, las estructuras se diseñan y están diseñadas para una cierta carga”. Sumar un jardín, una piscina o cambiar el destino de un espacio, sin un análisis técnico adecuado, puede dañar la estructura. “Si le voy a cambiar el destino, tengo que llamar a un ingeniero, llamar a un arquitecto y analizar la situación”, insistió.

Bertero mencionó que tanto balcones como techos y entrepisos se proyectaron para una carga específica desde su concepción. Como ejemplo, indicó: “Un balcón tiene más o menos trescientos kilos por metro cuadrado, fue diseñado por eso. Si el balcón está bien, si está bien la armadura, si te fue bien diseñado, tiene que poder soportar trescientos kilos por metro cuadrado”, según recogió Infobae.

El ingeniero recomendó que consorcios y propietarios siempre soliciten una evaluación estructural profesional antes de realizar cualquier modificación. Tomar decisiones apresuradas, sin este tipo de consulta, implica un riesgo para la integridad del edificio y de sus habitantes.

La acumulación de agua o tierra en terrazas y techos aumenta el riesgo de sobrecarga y puede provocar desprendimientos peligrosos en edificios. Fotografía: Gastón Taylor

Control y prevención de fallas mediante normativa y supervisión

Bertero hizo hincapié en la necesidad de actualizar y jerarquizar el reglamento de construcción vigente. “Argentina tiene reglamento de construcción CIRSOC, que es el reglamento de construcción de obras civiles, que no está jerarquizado, que está con poco”, observó.

Propuso, asimismo, que exista una revisión independiente del diseño de las obras, señalando: “Nosotros en la academia proponemos que haya una revisión independiente del diseño, no gubernamental, porque eso termina en una burocracia… porque eso te cubre el error humano”, remarcó. Además, indicó que este procedimiento tiene un costo mucho menor que otros trámites, como los notariales, y puede evitar errores costosos.

El especialista recalcó que en la Ciudad de Buenos Aires “los balcones y herramientos exteriores requieren inspecciones periódicas obligatorias”, y que es responsabilidad de los consorcios garantizar este control, según la normativa vigente, para prevenir posibles daños.

Interrupciones de obra y cambios de responsables técnicos incrementan los riesgos de fallas estructurales, según expertos en ingeniería civil estructural

Envejecimiento edilicio y prevención de daños futuros

Sobre el envejecimiento edilicio, Bertero aclaró que la mayoría de las grietas que aparecen en casas corresponde a pequeños movimientos de suelo sin implicancia grave para la estructura. “La mayor parte de las grietas que aparecen en comunes en las casas son movimientos de suelo de menor orden”, afirmó, aunque recomendó vigilancia regular y consulta profesional ante signos de corrosión en el hormigón armado.

En relación a edificaciones nuevas junto a edificios antiguos, alertó que pueden aparecer grietas y fisuras relevantes debido a movimientos del terreno. Dijo: “Si te van a hacer un edificio de treinta pisos con tres subsuelos, lo va a mover y ese edificio rígido y antiguo se va a fisurar mucho”, advirtió.

Al ser consultado sobre fenómenos sonoros, el experto explicó que solo en situaciones extremas, como terremotos, pueden percibirse ruidos claros, mientras que la fisuración normal es casi siempre silenciosa para los residentes.

Por último, sostuvo en Infobae que las obras que quedan interrumpidas y cambian de responsables técnicos conlleva un riesgo mayor, porque se corta el control profesional y pueden alterarse los criterios originales del diseño. “Hay una mayor propensión a que haya una falla, hay mayor riesgo, porque se está cortando el proceso normal y atento en el cual se van desarrollando las cosas”.

Bertero recomendó a vecinos y consorcios estar atentos a cualquier evidencia de deterioro estructural y consultar siempre a profesionales. Para el ingeniero, la clave para evitar tragedias es la prevención constante y la intervención a tiempo, guiándose por la experiencia y conocimiento técnico.

La protección real en los edificios depende de la aplicación rigurosa de los principios de ingeniería civil estructural y de la responsabilidad de quienes gestionan cada proyecto, concluyó el especialista.