
Juan Cruz López Lugano tiene 21 años, es argentino, nacido y criado en General Pacheco, en la Zona Norte del Gran Buenos Aires. Hijo de un profesor y entrenador de gimnasia y de una directora de un colegio bilingüe, con una hermana mayor que es contadora. A pesar de haber vivido siempre en un hogar donde los autos solo representaban un medio de traslado para ir al trabajo o a la escuela, desde los 5 años su única pasión eran las herramientas.
Hoy, de paso por Argentina para pasar sus vacaciones de verano con familia y amigos, su vida está en las dunas y las quebradas de cualquier parte del mundo, porque es mecánico del equipo Ford Racing que corre el campeonato mundial de Rally-Raid, que tienen al Rally Dakar como la fecha más importante de cada temporada.
Lo interesante de esta historia es que se trata de una auténtica inspiración para los miles de jóvenes que están empezando su último año del colegio secundario y “no tienen idea para donde arrancar”.
“Yo era un loco de las herramientas. Pero como en mi casa esas cosas no existían, mi papá me llevaba a lo de un vecino que tenía de todo y yo pasaba tardes enteras jugando con las herramientas”, dijo Juan Cruz a un grupo reducido de periodistas que había invitado Ford Argentina, entre los cuales estaba Infobae.

“Cuando tenía 13 años le dije a mi papá que quería armar un karting. A ver, ningún karting de verdad. Digamos que eran unos caños con ruedas y un motor de cortadora de pasto. Pero que andaba, andaba”, explicó. Sin embargo lo más notorio de esa historia fue que lo armó en su casa, ganándole espacios a la familia.
“Yo le pedí el lavadero de mi casa a mi mamá y no me lo dio. Así que dije: ‘¿No me lo vas a dar? Ya me lo vas a dar’. Y me clavé una mesa con una morsa y todas las herramientas en mi habitación con la pared agujereada y todas las herramientas colgadas. Y ahí mi mamá cedió el lavadero, y después el lavadero quedó chico y pasamos a la cocina”, recordó.
Esa pasión se pudo canalizar al enterarse en el último año de la escuela primaria, que dentro de la fábrica de Ford había una escuela técnica, una secundaria industrial con especialización. Se preparó para obtener uno de los 200 cupos disponibles y entró. Al llegar confirmó que su pasión no eran solo las herramientas, sino los autos, y si eran de carrera, mucho mejor.
“A los profes los exprimía, a Marcelo Neto, que es el profe de motores por ejemplo, dos años antes de tener la materia ya lo volvía loco”, recordó. Y fue entonces que decidió cristalizar esa pasión en un proyecto de vida.

“Un día me puse a buscar mecánicos de Fórmula 1 en Linkedin, teniendo siempre la Fórmula 1 como el sueño máximo. Ahí vi que existían estos Masters de Motorsport en Europa, pero casi todos en Inglaterra. Pero no me animaba, yo tenía solo 17 años. Pero un un amigo me habló de un Master en España y ahí me pareció mucho más accesible”, recordó.
El empujón final vino de dos historias. La primera fue de uno de sus profesores, al relatarle que un amigo de la infancia, que siempre había dicho que cuando fuera grande sería astronauta en la NASA. “Nunca llegó a ser astronauta, pero hoy el tipo es jefe en Airbus. Porque vos vas a buscar esa puerta y en el medio van a aparecer mil puertas”, fue el relato que quedó en la memoria de Juan Cruz.
La otra historia la contó un exalumno del instituto, Gustavo Villafañe, director de Posventa regional de Ford. “Recibió la oferta para abrir Ford en Perú. Aunque estaba casado y tenía hijos muy chiquitos, dijo que sí. ‘Tomen riesgos, chicos. Porque las cosas grandes vienen cuando uno toma el riesgos’, nos dijo ese día. Y ahí decidí irme a Europa a tratar de llegar a la Fórmula 1″, relató.
Tras un año trabajando en una escuela de windsurf en Italia para ahorrar dinero mientras hacía los trámites para la ciudadanía italiana, se fue cuatro meses en Estados Unidos para aprender inglés fluido. Al regreso entró al Master del MSI (Motor & Sport Institute) de Teo Martin en Madrid, y empezó a buscar trabajo en todo tipo de equipos de competición.

“En el medio del Master me llaman del equipo Polaris, el de los UTV, porque necesitaban un mecánico para la Baja Aragón, una carrera en España. Me dijeron que vaya a hacer una prueba en Francia. Me fui sin saber hablar nada de francés”, relató.
Le fue bien, lo contrataron y quedó como mecánico principal de uno de los autos para el Dakar 2024. En el camino de aprendizaje tuvo desafíos técnicos, pero también humanos. Ser jefe de auto implica tener a dos personas a cargo. Pero con 20 años no era tarea fácil.
“Mi miedo también era cómo gestionar. Era gente mucho más grande que yo. ‘Y este pibe qué me va a decir a mí’, era un fantasma. Pero mi jefe sabía que yo iba a tener esta inquietud y me dijo: ‘Vos quedate tranquilo, que también vos estás acá porque demostraste que lo podés hacer», contó.
Su primer Dakar fue pura adrenalina y cansancio. Empezó a reducir las horas de sueño progresivamente un mes antes de viajar a Arabia porque sabía que durante 15 días dormiría entre dos y tres horas diarias, y muchas veces en viaje entre el campamento de una etapa y el siguiente.
“Son 15 días sin parar. El auto llega destruido y hay que arreglarlo con mucho frío a la noche y mucho calor durante el día. Estás tan cansado que en un momento te replanteás tu vida y decís ‘¿Quién me mandó acá?’. El cuerpo no se recupera. Los músculos, los antebrazos, en los últimos días los tenés quemados de las herramientas. Terminás agotado, vas a la ducha y es de agua fría. Agotador”, relató con entusiasmo.
Durante el año fue mecánico principal de Polaris en el campeonato mundial pero quería seguir creciendo. Tuvo incluso una entrevista con Ricardo Juncos, el argentino que tiene un equipo de Indycar. No encontró oportunidades y siguió en Polaris el resto del año. Entonces en el Rally de Sudáfrica surgió la oportunidad que esperaba.

“Salí a caminar por el vivac y al pasar por el equipo Ford me acerqué a un chico con el que ya había hablado algunas veces y le pregunté si no había posibilidades de hablar con el Team Manager para ver si podía entar como mecánico. Me dijo que sí, que ya lo llamaba. Vino Martin Wilkinson, me hizo algunas preguntas, entre ellas si estaba dispuesto a irme a vivir a Inglaterra a una entrevista. Le dije que sí y me dijo que le dé un par de semanas. Y a las dos semanas me llamó y me dijo que me querían probar por 15 días en el taller”, continuó el relato de Juan Cruz.
No hizo falta que pasen las dos semanas de prueba, a los pocos días le dijeron que estaban muy contentos y querían dar el siguiente paso: una prueba de diez días en el terreno, en España. Todo salió bien y lo confirmaron como mecánico para todo el campeonato mundial que incluía el Dakar 2026.
“Lo que más me costó fue acostumbrarme a trabajar con tanta presión. Todo se hace muy rápido. El auto viene todo roto y tiene que salir en 30 minutos. Bueno, tenes que hacerlo. Todos trabajan a una velocidad impresionante. Al principio me parecía que no iba a poder hacerlo, pero después vas conociendo el auto, te das cuenta que está perfectamente hecho para poder desarmar y armar rápido. Hoy sacamos el motor Coyote V8 en 40 minutos. El equipo Ford es de otro nivel. Todo, hasta el mínimo detalle, está organizado. Y todo limpio. El auto y las herramientas tienen que estar pulcros”, relató.

En el Dakar fue mecánico de Mattias Ekstrom, tenía a su cargo la rueda trasera derecha, pero si hay que sacar el motor o la caja, se cambia de posición. Trabajar en este equipo le dio otra perspectiva de todo. “Tengo mi propia carpa. En Polaris dormíamos en una especie de caja con cuchetas o directamente sentados en el traslado a otro campamento”, comentó.
Jim Farley, CEO de Ford, estuvo en el día de descanso del Dakar 2026 visitando al equipo. Cuando saludó a todos los mecánicos, Juan Cruz sintió que no podía dejar pasar la oportunidad. “Más allá que Farley nació en Argentina, yo tenía que decirle que estudié en la Escuela Henry Ford, que él visitó en noviembre. Cuando se lo dije, no lo podía creer y nos quedamos charlando un par de minutos. Todos miraban y no entendían por qué él seguía conversando animadamente conmigo”, recordó.
Juan Cruz sigue soñando con ser mecánico de Fórmula 1. Ahora que Ford es el socio tecnológico de Red Bull, sueña con tener una oportunidad. Con la determinación que tiene, no debería sorprender que en uno o dos años se salude con Franco Colapinto en la calle de boxes de cualquier Gran Premio.