El monumento Kindlifresserbrunnen, levantado en el siglo XVI por el escultor Hans Gieng, rompe con la tradicional imagen serena de las fuentes europeas (Google Maps)

La Kindlifresserbrunnen, una fuente del siglo XVI ubicada en la Plaza del Granero de Berna, provoca asombro y desconcierto tanto en adultos como en los más pequeños. A escasos metros de la famosa Torre del Reloj Zytglogge, esta fuente rompe con la imagen clásica de serenidad: en su centro, un ogro devora a un niño mientras sostiene a otros en una bolsa, listos para el mismo destino. Para muchos visitantes, la escena permanece grabada en la memoria, en especial para quienes la observan en su infancia.

A diferencia de otros monumentos europeos dedicados a héroes o personajes notables, la Kindlifresserbrunnen parece inspirada en un temor colectivo y se asocia, según las guías y sitios turísticos como SwissInfo, con advertencias hacia niños y niñas.

“Quienes visiten Berna con niños y niñas deberían mantenerse alejados de la Kornhausplatz porque allí se encuentra la Kindlifresserbrunnen, una fuente que podría alterar el sueño de los más pequeños”, menciona dicho portal.

La fuente fue creada entre 1545 y 1546 por el escultor suizo Hans Gieng, quien plasmó en piedra y color una escena que pervive en el imaginario local. Desde entonces, el ogro que devora a un niño mientras sostiene a otros en una bolsa se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles de Berna y alimenta debates sobre su verdadero significado.

Qué representa y por qué genera inquietud

Interpretaciones históricas asocian la fuente Kindlifresserbrunnen con la mitología de Cronos que devoraba a sus hijos, reforzando el aura inquietante de la escultura (Wikipedia)

La sensación de inquietud que provoca la fuente está vinculada con la crudeza de su figura central. El ogro, apartado del concepto de paz típico de las fuentes europeas —e incluso de doctrinas como el Feng Shui, en las que “viento y agua” simbolizan armonía—, aparece como una figura que advierte sobre las consecuencias de la mala conducta infantil.

El sitio oficial del gobierno local de Berna indica: “El sentido más plausible es que se trate de una especie de enseñanza para los niños […] animándolos a comportarse bien”.

No obstante, el trasfondo simbólico de la Kindlifresserbrunnen resulta más complejo. Investigadores especializados en historia del arte han planteado que la estatua se vincula a personajes carnavalescos tradicionales, figuras cómicas creadas para infundir respeto a los más jóvenes. Sin embargo, esta hipótesis pierde sustento porque el Carnaval fue prohibido en Berna tras la Reforma de 1529, descartando una relación directa con festividades populares.

Otra corriente interpretativa conecta al ogro con la mitología, identificándolo con Cronos (Saturno en la tradición romana), el dios que devoraba a sus hijos para evitar ser destronado. Este vínculo se apoya en elementos como el sombrero cónico de la figura, similar al representado en pinturas alemanas del siglo XVI y en xilografías medievales, como en la obra de Georg Pencz hacia 1530.

Interpretaciones históricas y controversias

El sombrero del ogro presenta una dimensión histórica relevante: se trata de un gorro cónico, en ocasiones amarillo, que durante siglos fue impuesto a la población judía en Europa como símbolo discriminatorio. Este elemento ha llevado a especialistas en historia judeocristiana a proponer que la Kindlifresserbrunnen podría representar una manifestación artística del antijudaísmo, reflejando prejuicios y leyendas enraizadas en la Edad Media.

El monumento, levantado hace quinientos años, revela la evolución de temores sociales, leyendas antijudías y la búsqueda actual de una mirada crítica sobre el arte público
(Wikipedia)

De acuerdo con SwissInfo “la fuente bernesa representaría una ilustración perfecta de uno de los prejuicios más tristemente difundidos […] contra la comunidad judía: la acusación de sangre”.

Aparecida en el siglo XII, esta falsa acusación sostenía que los judíos mataban niños cristianos para rituales pascuales y empleaban su sangre en la elaboración del pan ácimo, lo que favoreció el miedo y la persecución social. Berna no escapó a estas leyendas: en 1294, varios miembros de la comunidad judía local fueron acusados del asesinato ritual de un niño llamado Rodolfo, un hecho que motivó un pogromo y la posterior expulsión de los judíos de la ciudad.

Consecuencias y resignificación

Las autoridades aprovecharon ese contexto no solo para ejercer control social, sino también para cancelar deudas de la ciudad con los expulsados. Así, la fuente puede leerse hoy como un ejemplo de cómo el arte público puede fijar y repetir estigmas sociales.

La interpretación contemporánea y resignificación de la obra persisten en la Suiza actual. En julio de 2020, el escritor y periodista Roy Oppenheim solicitó a las autoridades de Berna la colocación de una placa explicativa que señalara el contexto histórico y rechazara la interpretación antijudía. El pedido fue considerado, y en 2024 se instaló una placa informativa frente a la escultura de Hans Gieng.

El objetivo es que tanto los locales como los turistas comprendan el origen y las implicancias de la fuente, evitando miradas reduccionistas o discriminatorias. Sin embargo, para los niños que aún no pueden leer, la imagen del ogro mantiene su función como señal de advertencia: “Pórtense bien, o si no…”. La Kindlifresserbrunnen, con sus 500 años de historia, y situada en la Plaza del Granero de Berna, sigue siendo una de las fuentes más visitadas de Suiza.