Dante Spinetta estuvo como invitado en Perros de la Calle (Urbana Play) y, en una charla a fondo con Andy Kusnetzoff, desmitificó la idea de una infancia con lujos y privilegios económicos por ser hijo de Luis Alberto Spinetta. El músico sorprendió al revelar que durante mucho tiempo no disfrutaron de los lujos que la gente tenía en mente debido al éxito de su padre.
“No, ni en pedo. Ojalá… Ojalá. Creo que era lo que se merecía, pero no, eran momentos muy difíciles”, comenzó relatando Dante, al recordar cómo su familia, lejos de la abundancia, debió adaptarse a la inestabilidad económica que atravesaron durante varios años.

Andy le preguntó si los cambios de colegio se debían a cuestiones de dinero, y Dante fue contundente: “Exactamente. Y nos mudamos… No había plata. Entonces, de golpe, un año había plata e iba a un privado y después no había, entonces iba a uno del Estado y nos mudábamos de barrio”. El conductor se mostró sorprendido, ya que desde afuera parecía que Luis Alberto Spinetta, por su éxito artístico, debía gozar de una situación económica holgada. “Artísticamente era Spinetta, ya, pero había años que no…”, aclaró Dante, y sumó: “Lo más loco era que nunca paraba de laburar. No era que era un colgado, ¿entendés? Que no, hago música y no. No dejaba de tocar, pero no había guita, no alcanzaba”.
Recién en los noventa, la familia logró acceder a su casa propia: “Para la época de los noventa, tuvimos casa propia, se tardó como un año y medio en terminarla, y entonces vivimos en la casa de mis abuelos”. Ese tiempo, lejos de ser traumático, dejó recuerdos entrañables para Dante: “Mi abuelo se levantaba todos los días cantando tango”.

Con más de 30 años de trayectoria, actualmente, Dante disfruta del lanzamiento de su nuevo álbum, Día 3, el cual cierra la trilogía comenzada con Puñal en 2017 y Mesa dulce. En ese marco, la charla avanzó hacia el contraste que vivió el intérprete de “El lado oscuro del corazón” cuando llegó el primer éxito comercial con Illya Kuryaki and the Valderramas y el disco “Chaco” (1995). “Cuando pegamos con Chaco, nosotros éramos medios hipones con Ema, no teníamos ni obra social, ni plan, nada, qué sé yo. Ni cuenta de banco. Y de golpe el disco fue un éxito groso, que nos sobrepasó a nosotros. Yo vivía en la casa de mi novia, con su familia, y empecé a ganar guita. Y no sabía qué hacer con la guita y la metía toda en una bolsa de consorcio hasta que llegué con esa bolsa a una transacción inmobiliaria”. Entre risas, Andy bromeó: “Sabés qué, llegaste con la bolsa de consorcio a comprar la casa”, y Dante confirmó: “Sí, exactamente”.
El músico admitió que en ese momento no tenía educación financiera: “Después uno va aprendiendo a ahorrar un poco, manejarse bien, y más cuando tenés hijos. Ya después hay otra mentalidad. Yo, por ejemplo, algo que no quería es que mis hijos sufran eso de todos los colegios y todo eso, porque para mí eso no estuvo bueno, haber cambiado siempre. Todos los años, todos los grados, fui nuevo. Entonces no tenías amigos de toda la vida. Y mis hijos fueron desde sala de dos, tienen los mismos amigos. Eso, toda la primaria, por lo menos, hicieron”.
Sobre el cierre, Dante remarcó que la estabilidad familiar y económica recién llegó cuando él y sus hermanos ya eran grandes: “Vera ya era en los noventa y ya estaba más establecida la situación”. Con honestidad y sin idealizar el pasado, el músico mostró la otra cara de crecer en una familia de artistas: una infancia con mudanzas, austeridad y mucho trabajo, pero también con la riqueza de la música, la resiliencia y la importancia de construir para las nuevas generaciones un camino más estable y pleno de oportunidades.
Tras abrir esta ventana a su pasado, Dante se enfoca en su nuevo álbum, Día 3, el cual es un viaje de renacimiento atravesado por el funk y el pop, además de un recorrido emocional de sanación y autodescubrimiento, y también un paisaje sonoro que muestra matices de estos géneros y la música popular latinoamericana.