FOTO DE ARCHIVO REFERENCIAL. El avión de Aeroflot para el vuelo SU150 Moscú-La Habana se ve mientras un taxi sale de un estacionamiento en el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, Cuba, 24 de junio de 2013
REUTERS/Desmond Boylan

Las autoridades aeronáuticas cubanas prorrogaron este martes la alerta oficial de indisponibilidad de combustible para aeronaves en todos los aeropuertos internacionales de la isla hasta el 10 de abril, según el aviso Notam —siglas en inglés de Notice to Air Missions— registrado en la base de datos de la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos. El mensaje, que utiliza el código técnico “JET A1 FUEL NOT AVBL”, amplió en un mes la restricción que entró en vigor el 10 de febrero y que debía expirar el 11 de marzo. Es la primera prórroga de un aviso sin precedentes en la historia de la aviación cubana.

Las nueve terminales afectadas concentran la totalidad del tráfico internacional del país: el José Martí de La Habana, el Juan Gualberto Gómez de Varadero, el Jaime González de Cienfuegos, el Abel Santamaría de Santa Clara, el Ignacio Agramonte de Camagüey, el Jardines del Rey de Cayo Coco, el Frank País de Holguín, el Antonio Maceo de Santiago de Cuba y el Sierra Maestra de Manzanillo. Un Notam no es una advertencia política: obliga a pilotos y aerolíneas a recalcular planes de vuelo, aumentar la carga de combustible desde origen o buscar escalas técnicas en terceros países.

Iberia y Air Europa incorporaron escalas en República Dominicana para repostar, mientras que Air France optó por Bahamas como punto de apoyo logístico. Air Canada suspendió sus vuelos hacia la isla y opera únicamente trayectos de retorno para repatriar a sus pasajeros. Las aerolíneas rusas también cancelaron conexiones temporalmente. En todos los casos, las medidas encarecen las operaciones y reducen la viabilidad de rutas de media y larga distancia, especialmente desde Europa y Canadá, los dos principales mercados emisores de turistas a la isla.

La raíz del desabastecimiento se remonta al 3 de enero, cuando Washington anunció el fin del suministro de petróleo venezolano a Cuba tras la operación militar que concluyó con la captura de Nicolás Maduro. Venezuela aportaba en torno al 30% del total de las importaciones energéticas cubanas. El golpe se agravó el 29 de enero, cuando el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que amenaza con aranceles a cualquier país que suministre petróleo a la isla, bajo el argumento de que Cuba representa un riesgo para la seguridad nacional estadounidense. Cuba produce apenas un tercio de sus necesidades energéticas y recurría a importaciones de Venezuela, México y Rusia para cubrir el resto.

FOTO DE ARCHIVO-Turistas rusos se preparan para abordar un vuelo de regreso mientras Estados Unidos bloquea los envíos de petróleo a la nación isleña, en el Aeropuerto Internacional Juan Gualberto Gómez en Varadero, Cuba. 12 de febrero de 2026
REUTERS/Norlys Perez

El momento no podía ser más adverso para el sector turístico. En 2025 la isla recibió poco más de 1,8 millones de visitantes extranjeros, muy lejos del objetivo oficial de 2,6 millones; en 2024 habían sido 2,2 millones y en 2023, 2,4 millones, cifras que a su vez ya quedaban lejos de los 4,2 millones de 2019. En enero de 2026, Cuba registró apenas 184.833 llegadas internacionales, un 5,9% menos que en el mismo mes del año anterior y la peor cifra en al menos 13 años fuera del período pandémico. El economista cubano Pedro Monreal advirtió que febrero podía convertirse en el peor mes para el turismo internacional de Cuba en décadas.

La crisis aérea amplifica un deterioro estructural que precede al bloqueo petrolero. La tasa de ocupación media de los hoteles cubanos entre enero y septiembre de 2025 fue de apenas 18,9%, equivalente a operar con cuatro habitaciones vacías de cada cinco disponibles, según datos de la ONEI. Destinos del Caribe como Punta Cana y Cancún registran en ese mismo período máximos históricos de visitantes, lo que ilustra la pérdida de competitividad acumulada por la isla en la última década.

La dictadura cubana aseguró estar abierta a un diálogo con Washington, aunque negó en varias ocasiones mantener conversaciones formales en curso. Trump instó a La Habana a negociar “antes de que sea demasiado tarde”. La extensión del Notam hasta abril sugiere que ninguna de esas dos posiciones ha variado: el asedio energético continúa, y la isla no tiene alternativas a la vista para garantizar el suministro de queroseno que sus aeropuertos necesitan para volver a operar con normalidad.