El régimen de Cuba inició este domingo la recuperación parcial del servicio eléctrico después de que una nueva falla general dejara sin suministro a gran parte del país, en el segundo apagón nacional en menos de una semana.
El colapso ocurrió el sábado por la tarde, cuando una central termoeléctrica ubicada en Nuevitas, en la provincia de Camagüey, dejó de operar de forma repentina. La salida de servicio de esa planta provocó una reacción en cadena que terminó desconectando el sistema eléctrico en toda la isla, afectando a millones de usuarios.
Para este domingo por la tarde, la dictadura cubana habló de “avances” en la restitución del servicio, especialmente en La Habana. Según datos oficiales, cerca de la mitad de los hogares y centros de trabajo en la capital habían recuperado el suministro, junto con decenas de hospitales que volvieron a contar con electricidad.
El proceso de reconexión se realizó de manera escalonada, mientras el sistema eléctrico intentaba estabilizarse tras la interrupción total. En paralelo, se preparaba la puesta en marcha de una de las principales plantas generadoras del país, con el objetivo de incrementar la capacidad disponible y acelerar la normalización del servicio.
A pesar de estos avances, la recuperación no fue uniforme. En varias provincias fuera de la capital, el restablecimiento avanzaba con mayor lentitud debido a la limitada disponibilidad de combustible, especialmente diésel, lo que restringe la capacidad de generación eléctrica. Como resultado, se anticipan cortes prolongados en distintas regiones incluso después de reactivada la red.
Las fallas en el suministro también impactaron en las telecomunicaciones. Durante las horas posteriores al apagón, el acceso a internet y la telefonía móvil se vio afectado en múltiples zonas, con mejoras graduales a lo largo del domingo. La falta de conectividad complicó el acceso a información en tiempo real para buena parte de la población.
El episodio volvió a evidenciar la fragilidad del sistema energético cubano, que desde hace meses enfrenta dificultades estructurales. Los cortes de luz se han vuelto frecuentes, con interrupciones que pueden extenderse durante varias horas o incluso días en algunas localidades.
“Estamos atrapados en lo mismo”, relató un residente de La Habana afectado por los cortes recurrentes. Según explicó, la falta de electricidad lo obliga a recurrir a métodos alternativos para cocinar varias veces por semana.
“Es una locura total”, agregó al describir la situación cotidiana.
El nuevo apagón se suma a una serie de incidentes recientes. A comienzos de mes, una avería en otra central provocó una desconexión masiva del sistema, mientras que días después se registró una caída completa cuya causa no fue detallada. En total, se trata del tercer colapso de gran escala en pocas semanas, una situación poco habitual incluso en un sistema que ya mostraba signos de inestabilidad.
En paralelo, la isla atraviesa dificultades para asegurar el abastecimiento de combustible necesario para sostener la generación eléctrica. La reducción en la disponibilidad de crudo ha limitado el funcionamiento de las plantas termoeléctricas, que dependen en gran medida de estos insumos para operar con normalidad.
En este contexto, el seguimiento de buques con cargamentos de combustible ha generado expectativas entre la población, ante la posibilidad de aliviar la crisis energética. Sin embargo, las variaciones en las rutas y entregas han mantenido la incertidumbre sobre la llegada efectiva de estos recursos.
El régimen dijo que continúa trabajando en la reactivación total del sistema, aunque reconoció que la limitada capacidad de generación seguirá condicionando el suministro en el corto plazo. Mientras tanto, la población enfrenta una situación marcada por la inestabilidad eléctrica, con impactos directos en la vida diaria, la actividad económica y el acceso a servicios básicos.
(Con información de Reuters y EFE)