Marie Goiuiric lee un texto para la muestra de Gabriel Chaila en el Museo Malba Puertos

No puede ser más linda, más conmovedora, más increíblemente íntima la muestra del artista tucumano Gabriel Chaile en esa extraña sucursal del Museo Malba que es Malba Puertos y que está en Escobar,

Un poco al aire libre, un poco con salas de exhibición con paredes de vidrio, un poco con muchos talleres, un poco con la presencia de un curso de agua ahí, ahí mismo, para sentarse a su lado a pensar en lo que se acaba de ver o, bueno, a pensar nomás, que no está mal. Y todo gratis.

Gabriel Chaile hizo, para la Bienal de Venecia de 2022, un enorme grupo escultórico con piezas que medían entre tres y seis metros y pesaban más de 300 kilos. Y el coleccionista Eduardo Costantini las vio y las compró. Sí, hubo que traerlas desde Venecia, pero ese es otro tema.

La familia de Gabriel Chaile.

A simple vista se entiende que remiten a las vasijas indígenas que aparecen el norte argentino pero, tal vez por eso, que hablan de su familia. Son vasijas y son hornitos. Pero esas enormes vasijas tienen carita, expresión, a veces manos, y están dispuestas de manera significativa: por eso es enorme y está en el centro si abuela materna, Rosario Liendro. Así, como la abuela, se llama la obra. También están la madre -que carga dos niñitos-vasijitas- el padre y los abuelos paternos.

Las obras fueron a dar a la “Sala Chaile” y son la muestra permanente de Malba Puertos. Alrededor de ellas, el Museo -que dirige Eleonora Jaureguiberry- organiza actividades. Una de ella consiste en llamar a distintos autores y pedirles que escriban un texto inspirado en esta sala. Y luego, que lo lean ahí mismo.

Eso hizo este sábada Marie Gouiric, nacida en 1985 y autora de varios libros de poesía y de las novelas las novelas De dónde viene la costumbre (publicada por la editorial Random House en, 2019) y Ese tiempo que tuvimos por corazón (Random House, 2023).

Las expresivas escultura de Gabriel Chaile.

Aquí el texto que leyó Gouiric, en plena sala. Lo tituló “El rincón donde yo me crecí”. El que habla, explicó, es Dios.

Marie Gouiric

El rincón donde yo me crecí

Dices, y te equivocas con las palabras que eliges. Dejas bajo una transparencia el error que significaste para este mundo desde que llegaste. Es por ese error que yo te elegí, entre tantos.

Las piedras hablarían si nadie hablara, y tú eres esa piedra. Una piedra marrón, preciosa, que viaja y siempre vuelve a casa. Una piedra con un corazón conforme al mío, que saca cuerpos del barro y les da vida: una génesis caprichosa que yo también hice en el comienzo de todo. Debo advertirte sobre esto: donde hay vida, hay muerte, y ahora que pasaron los años y perdí el control de mi propia creación, multiplicada por toda la tierra, me doy cuenta: hice lo que hice para no estar solo. Tú no estás solo ni vas a estarlo. Yo estoy contigo. Sin embargo, sigue construyendo tus criaturas para que te acompañen y ganen el respeto del mundo. Un mundo que te creyó errado, a vos y a los tuyos, y por eso te elegí entre tantos. Amasa a tu madre, a tu padre, a tu abuela y a tus hermanos. No importa lo que hayan hecho, por tu mano se volverán más buenos, más puros y más sabios. Podrás perdonarlos y estarás en paz.

Cuando hables del pan, el sol brillará y será tu forma más inteligente para hablar del hambre. Cuando nombres los ladrillos que son estufa, el viento se detendrá y será tu forma más amable para hablar del frío. Cuando digas trabajo, las aves volverán a sus cuevas y será tu forma más humana para hablar de la falta. Cuando enumeres tus materiales, la tierra se mantendrá húmeda y será tu forma más oportuna para hablar del vacío. Cuando digas política, no sucederá nada y será tu forma más correcta para hablar de la intemperie.

Hiciste silencio en un principio para comprender. Tu silencio fue escuchado, por eso te elegí entre tantos. Luego produjiste el alimento en hornos como animales, y lo multiplicaste. Lo repartiste entre hombres, mujeres y niños, frente a un río que no te olvida aunque estés lejos. La naturaleza tiene sentimientos —y tú lo sabes—, emociones que se conservarán en lo que hagas siempre que confíes en todo lo que pienses, en todo lo que hables. Armarás tu familia ¿y a quién más? Nadie sabe, queda tiempo por delante.

Te protegeré de aquellos que se intimidan frente a lo que es diferente y lo destruyen. Del que habita bajo mi abrigo, nadie toca su morada. Entre mis plumas te cubriré y debajo de mis alas permanecerás seguro. Yo soy el gran yo soy, te elegí entre tantos y ese error que te dirían ser es tu fortaleza. Pudiste contar el rincón donde te creciste por no cargar con mandatos. Tuviste libertad para estudiar y abrazar una historia desmembrada y sin imágenes, donde se pierden los nombres y se confunden los relatos. Pero yo te di un arte heredado y maravilloso, y tú lo supiste desde siempre.

Tarde de lectura en un museo que integra la naturaleza.

Era yo quien te murmuraba cuando niño y te decía: serás artista. Fue mi manera de nutrirte con un propósito. Hiciste todo lo que te mandé con la mirada siempre en el horizonte y eso te salvó de la locura. Te empujé con un amor vasto y suficiente para atravesar el túnel de la necesidad y el tiempo, accidente que amenazó con tragárselo todo, pero tuviste mi bendición —que algunos llaman suerte— y la conseguiste también para los tuyos porque eres bueno y los buenos todo merecen.

Que siempre tengas frutas de los árboles y trigo de la tierra para hacer el pan.

Ficha

Malba—Puertos

Dirección: Alisal 160 Bahía, Puertos, Escobar, Buenos Aires.

Horario: Jueves a domingo de 12:00 a 19:00

Entrada: Libre y gratuita

Web: https://www.malbapuertos.org.ar/

Teléfono: 11 4526 2522