Personas esperan transporte público, en La Habana (Cuba) (EFE/ Ernesto Mastrascusa)

A la falta de combustible para las ambulancias, pasando por la suspensión de vuelos que llevan insumos médicos vitales y alcanzando los apagones en los hospitales, ahora se le suma a la crisis en Cuba el transporte público.

El costo del transporte representa cerca del 16% del salario mensual de un trabajador en La Habana. Maykel, cubano de 35 años, refleja la situación de miles de isleños que enfrentan una crisis de transporte.

Los cubanos están acostumbrados a un servicio público limitado, pero la situación actual superó cualquier expectativa previa. “Pero, bueno, sobrevivimos”, comenta Maykel a la agencia EFE.

El régimen liderado por Miguel Díaz-Canel implementó un plan de contingencia que incluye la reducción del transporte público y un severo racionamiento de combustible, lo que disparó los precios en el mercado negro. La medida sobre las sanciones estadounidenses a los países que suministren petróleo a la isla impacta en la economía cubana, ya deteriorada tras seis años de crisis.

La escasez de buses urbanos es evidente: en las paradas se observan grandes aglomeraciones o bancos vacíos debido a la resignación de los usuarios.

Una persona se moviliza en bicicleta frente a una estación de gasolina vacía este 19 de febrero de 2026, en La Habana (Cuba) (EFE/ Ernesto Mastrascusa)

La incertidumbre también apodera a los residentes: Miguel Leyva, de 71 años, lleva cuatro horas esperando bajo el sol en La Habana, sin saber si llegará el colectivo que necesita. “El transporte está pésimo. Las guaguas no las ponen. Ponen una y después a las 10 horas no ponen más. No hay dinero ni para pagar ni para comer”, lamentó. Su pensión es de apenas 2.000 pesos cubanos, equivalentes a unos cuatro dólares en el mercado informal.

La escasez de combustible ha vaciado las calles. Las gasolineras en moneda nacional dejaron de funcionar, las de diésel están cerradas y las que venden en dólares requieren reservar turno en una aplicación móvil, donde la espera puede demorar meses y el límite de carga es de 20 litros. A este escenario se suma la poca e inestable red de internet inalámbrica.

El mercado negro del combustible se encareció drásticamente. Andrés, de 67 años, optó por la bicicleta ante los precios: “Si pago esos precios me voy a la ruina. Yo no veo que haya ningún tipo de prosperidad. Aquí la gente se va a cualquier parte del planeta porque ya aquí hoy es invivible”.

Cuba produce solo el 40% del combustible que consume y depende en gran medida del petróleo importado para abastecer la isla. Durante años, el país recurrió a aliados como Venezuela y Rusia para cubrir su déficit energético.

La escasez también impulsó el uso de triciclos eléctricos, aunque la crisis energética dificulta su recarga diaria. Crespo, transportista de 60 años, debe limitar el uso de su vehículo por los apagones y la falta de diésel incluso para alimentar sus generadores.

Ante la falta de combustible, las calles de La Habana quedaron sin tráfico por la mañana y tarde del jueves, mientras los habaneros buscaron alcanzar sus destinos con bicicletas, motos y triciclos.

Personas caminan por una calle sin tráfico este 19 de febrero de 2026, en La Habana (EFE/ Ernesto Mastrascusa)

En paralelo, el sistema de salud está al borde del abismo. El ministro de Salud del régimen reconoció que entre los servicios más afectados ahora, con la situación actual, están los de salud “complejos” como los cardiovasculares, los de ortopedia, oncología o la atención a los pacientes graves que requieren de respaldo eléctrico.

Aunque históricamente el modelo cubano se reflejó en indicadores de salud elevados para un país pequeño —como baja mortalidad infantil e incremento en la esperanza de vida—, la crisis económica que se profundizó hace cinco años tras la pandemia del coronavirus ha impactado de manera significativa en la vida diaria.

(Con información de EFE)