
El Gobierno puso en marcha un nuevo esquema de subsidios energéticos que modifica de manera sustancial la forma en que se asignan las ayudas sobre las tarifas de electricidad y gas natural. El sistema elimina la segmentación por niveles de ingresos y la reemplaza por un criterio focalizado, con un único registro de beneficiarios y reglas comunes para todo el país. El objetivo central es reducir el gasto en subsidios y, al mismo tiempo, elevar el grado de cobertura de las tarifas sobre el costo real del suministro.
El nuevo régimen se instrumenta a través del esquema de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF), creado por la Secretaría de Energía, que unifica los programas anteriores bajo un único Registro de Subsidios Energéticos Focalizados (RESEF). De esta manera, el Estado deja atrás el Registro de Acceso a los Subsidios a la Energía (RASE), vigente desde 2022, y establece un mecanismo más simple, con menos categorías y criterios de acceso más acotados.
Uno de los principales cambios es la eliminación de la segmentación tarifaria en tres niveles según ingresos. A partir de ahora, el sistema adopta un criterio binario: los usuarios pueden ser beneficiarios de subsidios o no recibir ninguna bonificación. Para acceder a los subsidios, los hogares deben declarar ingresos iguales o inferiores a tres Canastas Básicas Totales (CBT) medidas por el Indec. Quienes superen ese umbral abonarán la tarifa plena, sin asistencia del Estado.
Además, por primera vez el nuevo esquema incorpora a las garrafas de Gas Licuado de Petróleo (GLP) dentro del régimen de subsidios energéticos, ampliando el alcance del sistema a los hogares que no cuentan con acceso a la red de gas natural.
Cómo funcionan los subsidios en la tarifa eléctrica
En el caso de la energía eléctrica, el esquema establece que los hogares beneficiarios acceden a una bonificación que se aplica como un descuento porcentual sobre el precio estacional de la energía, limitado a un bloque de consumo mensual subsidiado. A diferencia del régimen anterior, los bloques de consumo no son fijos durante todo el año, sino que varían según la estacionalidad de la demanda.

Los nuevos topes implican una reducción del volumen de consumo subsidiado en términos anuales. Para los usuarios de ingresos bajos, el bloque subsidiado se reduce un 32% respecto del esquema previo, mientras que para los usuarios de ingresos medios la reducción alcanza el 5%. El consumo que supere esos límites deja de recibir subsidios y se factura al mismo precio que pagan los usuarios no bonificados.
El descuento establecido para los usuarios que califican como beneficiarios es del 50% sobre el precio estacional de la energía eléctrica. A ese beneficio se suma, durante el primer año de implementación, una bonificación adicional del 25%, que tiene carácter transitorio y se reduce de manera progresiva hasta desaparecer en diciembre, con el objetivo de amortiguar el impacto del cambio de régimen.
De acuerdo con las estimaciones incluidas en un informe de la consultora Economía & Energía, bajo este nuevo esquema los subsidios a la electricidad se reducirían en torno al 15% en comparación con el régimen anterior. Al mismo tiempo, el nivel de cobertura de las tarifas sobre el costo de la energía en la demanda estacionalizada —que incluye a usuarios residenciales y comerciales— alcanzaría aproximadamente el 72%. Ese porcentaje representa una mejora frente al nivel de cobertura de 2025, que se ubicaba en torno al 67%.
En términos prácticos, esto implica que, en promedio, las tarifas eléctricas cubrirán cerca de tres cuartas partes del costo real del suministro, mientras que el Estado continuará aportando el porcentaje restante a través de subsidios focalizados en los hogares de menores ingresos.
Cambios en el esquema de subsidios al gas natural
El nuevo régimen también introduce modificaciones relevantes en el esquema de subsidios al gas natural. En primer lugar, se fija para todo el año un precio del gas en el Punto de Ingreso al Sistema de Transporte (PIST) de 3,79 dólares por millón de BTU, un valor que surge del Plan Gas y que se ubica por debajo del costo promedio de abastecimiento, estimado en 4,2 dólares por millón de BTU.

Durante 2026, el sistema mantiene los bloques de consumo base definidos en el esquema de segmentación anterior, aplicables a lo largo de todo el año. Sin embargo, a partir de 2027, esos volúmenes subsidiados se concentrarán exclusivamente en el período invernal, que va de mayo a septiembre. En los meses restantes, el consumo se facturará sin subsidios, independientemente del nivel de ingresos del usuario.
Los hogares de ingresos bajos y medios recibirán un subsidio del 50% sobre el precio del gas en el PIST durante los meses de invierno. Al igual que en el caso de la electricidad, se suma en 2026 una bonificación adicional de hasta el 25%, que se reduce de manera gradual a lo largo del año como parte del sendero de convergencia tarifaria.
Como resultado de estos cambios, las tarifas medias de gas natural se ubicarían en 2026 alrededor de un 23% por encima de los valores vigentes en 2025. Según el informe, los usuarios de ingresos bajos registrarían incrementos superiores al promedio, dado que pasarán a cubrir una mayor proporción del precio del gas en el PIST.
En este contexto, se proyecta una reducción de los subsidios al gas natural cercana al 44% interanual. Al mismo tiempo, el nivel de cobertura de las tarifas sobre el costo de abastecimiento se elevaría hasta aproximadamente el 83%. Esto significa que, en promedio, las tarifas de gas pasarán a cubrir más de cuatro quintas partes del costo real del suministro, reduciendo de manera significativa la participación del Estado en el financiamiento del servicio.
Un esquema con menor gasto y mayor cobertura
La implementación del nuevo sistema de subsidios se da en un contexto de mejora en la balanza comercial energética. En los primeros once meses del año pasado, el país registró un superávit energético de 6.911 millones de dólares, impulsado por el crecimiento de las exportaciones y la reducción de las importaciones. Ese resultado explicó cerca de tres cuartas partes del superávit comercial total.

El rediseño del esquema tarifario apunta a consolidar esa tendencia mediante una reducción del peso de los subsidios en las cuentas públicas, sin eliminar por completo la asistencia a los hogares de menores ingresos. La lógica del nuevo régimen combina un mayor esfuerzo por parte de los usuarios en el pago de las tarifas con un sistema de ayudas más acotado y focalizado.
En términos generales, el nuevo esquema establece un sendero en el que las tarifas de electricidad cubrirán alrededor del 72% del costo total del servicio, mientras que en el caso del gas natural la cobertura alcanzará cerca del 83%. La diferencia continuará siendo absorbida por el Estado, aunque en niveles significativamente menores a los de años anteriores.
Con estos cambios, el sistema energético avanza hacia un esquema de precios más alineado con los costos reales de abastecimiento, con menos categorías, reglas más simples y un uso más limitado de los subsidios, que quedan concentrados en los hogares con menores ingresos declarados.