
Cada vez que una persona recibe un ticket, una etiqueta o un recibo en un comercio, probablemente no imagina lo que ese pedazo de papel puede esconder.
Lo cierto es que el papel térmico tradicional, presente a diario en comercios, transporte y hospitales, contiene químicos que pasan desapercibidos y pueden resultar peligrosos.
Un equipo de científicos de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) en Suiza propone una alternativa que busca cambiar esa situación.
La propuesta, que fue publicada en la revista Science Advances, consiste en reemplazar los componentes más cuestionados del papel térmico por materiales que provienen de la naturaleza, como la lignina y azúcares vegetales.

El objetivo apunta a lograr un papel más seguro y ecológico que funcione igual que el tradicional, pero sin consecuencias ocultas para el ambiente o la salud.
El secreto de este papel radica en el uso de un colorante y un “desarrollador de color”, que permite que el texto se vuelva visible al aplicar calor.
Durante años, los desarrolladores más comunes fueron el bisfenol A y el bisfenol S.
El inconveniente, según los investigadores, surge porque estos compuestos pueden acumularse tanto en la naturaleza como en el organismo de quienes manipulan recibos y tiques con frecuencia.

Estos químicos alteran el sistema hormonal, motivo por el cual diversos países ya comenzaron a restringirlos.
El reto de los investigadores fue diseñar una fórmula que no solo cuide la salud y el ambiente, sino que también resulte práctica, resistente y accesible para la industria.
Innovación desde la naturaleza

Muchos intentos anteriores con materiales vegetales no ofrecieron los resultados esperados: algunos papeles se manchaban, otros fallaban en la reacción o no soportaban el uso diario.
El equipo de Jeremy Luterbacher y Harm-Anton Klok en la EPFL encontró una solución al trabajar con lignina, una sustancia que da firmeza y estructura a la madera.
La lignina, aunque útil como reemplazo de los desarrolladores de color, por su tono oscuro y su composición compleja presentaba dificultades para la impresión.
Para resolverlo, aplicaron un proceso llamado fraccionamiento asistido por aldehído, que permitió obtener una lignina más clara y estable. Así, el material se integró al papel térmico sin perder calidad.

El siguiente paso fue el uso de diformilxilosa, un sensibilizador vegetal extraído de la xilosa, un azúcar presente en las paredes de las plantas.
Esta molécula facilita la reacción entre el colorante y el desarrollador cuando el papel recibe calor, asegurando textos nítidos y duraderos.
Las pruebas demostraron que este nuevo papel logra imágenes claras y resistentes, comparables a las de los productos comerciales habituales.
Los textos y logotipos se mantienen legibles durante meses, y aunque todavía resta mejorar el contraste, los resultados ya muestran un cambio importante.
Un futuro libre de tóxicos

El mayor avance de este desarrollo se encuentra en la seguridad. Los estudios toxicológicos confirmaron que la lignina refinada tiene una actividad estrogénica mucho menor que la de los bisfenoles tradicionales.
Además, el sensibilizador vegetal no presentó toxicidad en las pruebas. De este modo, el papel resulta más seguro tanto para las personas como para el medioambiente.
El proyecto contó con la colaboración del Laboratorio de Polímeros de la EPFL y el Centro Suizo de Ecotoxicología Aplicada, que validaron cada paso del proceso.

Si bien los investigadores señalan que aún pueden perfeccionar la calidad de impresión y adaptar la producción a gran escala, el camino hacia recibos y etiquetas sin químicos problemáticos ya se encuentra abierto.
Pensar en un futuro donde los recibos no impliquen un riesgo invisible y donde el papel térmico resulte más amigable con la naturaleza ya es una posibilidad real.
La ciencia y la innovación demuestran que transformar lo cotidiano en algo más saludable y sostenible está al alcance.