En una charla exclusiva para Infobae en vivo, Eduardo “Coco” Oderigo, cofundador de Los Espartanos, detalló el recorrido de una experiencia única en el sistema penitenciario argentino: “Comenzamos porque veíamos que las personas que entraban en una cárcel salían peor. Algo más había que hacer, no solamente subir penas o bajar la edad de imputabilidad”.
Durante su paso por el estudio de Infobae a la Tarde, donde dialogó con Manu Jove, Paula Guardia Bourdin y Tomás Trapé, Oderigo remarcó: “En marzo se cumplen 17 años que estamos metidos no solamente en San Martín, sino en 21 provincias de Argentina, en 44 cárceles. Hay más de dos mil personas detenidas que son parte de los equipos de rugby, que son parte de la fundación. En seis países se han contagiado esta idea”.
El impacto de Los Espartanos en la reincidencia penal argentina
Oderigo puntualizó en el dato que transforma el debate: “Dicen que la reincidencia en Argentina está arriba del 65%. No hay nada concreto, no pudimos encontrar una estadística verdadera. Lo que sí sabemos es que cuando llega un gobierno dice que es del 65, el día que se va es del 40, y al día siguiente viene otro gobierno y dice que es de 65. No hay una estadística cierta”. Frente a ese vacío, la fundación realizó su propio relevamiento: “Menos del 5% reincide. Y dijimos: esto hay que tomarlo en serio”.
El trabajo de Espartanos no se restringe a la contención: “La idea es transformar, que salgan mejores de ahí adentro sin que se les baje ni un solo día de pena. Nosotros no vamos para que si juegan al rugby les bajen la pena, sino para que la sociedad reciba personas que estén mucho mejor”.
El cofundador de la organización insistió en que el rugby es apenas una excusa para abordar lo esencial: “Son valores de la vida, no del rugby. El respeto, el trabajo en equipo, eso lo tiene mucha gente. Pero veíamos que la gente dentro de la cárcel es muy violenta y dijimos: ‘Si les llevamos un deporte de contacto, están mucho más cerca de canalizar esas broncas’”.
El debate sobre la edad de imputabilidad y la política de fondo
En relación con la discusión legislativa sobre la baja de la edad de imputabilidad, Oderigo se mostró escéptico sobre los cambios superficiales: “Decir bajar o subir la edad es una respuesta muy fácil. Hay chicos de 14, 15 años que matan y contra eso se son imputables, pero llevar a unas penas grandes y no atacar el problema de fondo me parece mucho más importante”.

Valoró, sin embargo, la atención estatal: “Es una buena noticia que el Estado quiera meterse en un tema como este. Porque esos chicos de 14 y 15 años están a la buena de Dios. Cuando tenían once dejaron de ir al colegio. ¿Y qué hicimos? Que a los doce y trece no matan, lo primero que hacen es robar y van subiendo en la escala. Mientras tanto, no hicimos nada”.
Su propuesta va más allá de la edad penal: “Hay que hacer un poquito más. Que bajen la edad, la dejen como está, lo que sea, pero sí hay que atender a esos chicos, que están en la calle, a la buena de Dios, por ahí con padres muertos o presos, y van creciendo en peligrosidad”.
El círculo virtuoso: deporte, espiritualidad y empleo
Oderigo explicó cómo evoluciona el modelo Espartanos: “Empezamos con dos horas de rugby, después hicimos dos turnos, dos días. Les metimos una parte espiritual: los viernes se reza el rosario. La semana se completa, se cansan, rezan, estudian”. La clave, sostuvo, es la integración laboral: “Cuando salen, ¿quién les da trabajo? Ahí más de cien empresas se animaron. No porque les bajen impuestos, sino porque entienden que el que sale en libertad puede ser mejor que mi hijo”.
El testimonio se refuerza en la experiencia personal: “El ochenta por ciento de las personas que están detenidas son recuperables. Con poco, si le enseñás a pasar la pelota, a taclear, lo mirás a los ojos y le tenés confianza, empiezan a crecer”.
El impacto se replica más allá de los muros del penal: “En estos diecisiete años pasaron más de ocho mil personas. Hoy hay más de dos mil detenidos enfocados en algo distinto. Son alrededor de seiscientos cincuenta voluntarios. Y el círculo donde la sociedad se empieza a meter es fabuloso”.
El caso de éxito atraviesa generaciones: “El abuelo de este chico, preso; el padre, preso; él, preso. Su hijo hoy estudia medicina. Ese chico pudo haber terminado matando, pero el enfoque del padre cambió todo”.
Para Oderigo, la clave está en sumar esfuerzos: “Tratar de que esto sea una política de Estado, que se lo pongan en la cabeza los que están liderando hoy en la Argentina. La seguridad es el principal problema que tenemos. Ofrecemos voluntariamente desde la fundación esta herramienta”.
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