Significativo fue lo que José Antonio Kast logró en poco tiempo, ya que él fundó el partido Republicano el 2019 para ganar, por amplia mayoría, en la segunda vuelta de la elección del 2025. Las expectativas son altas para su gobierno y su primera prueba era la conformación del gabinete. Al respecto, creo que cometió un error que puede tener consecuencias para un gobierno corto de solo cuatro años sin reelección inmediata, y que sobre la base de un “gobierno de emergencia” hizo una propuesta centrada en el tema de la seguridad pública y el desarrollo económico, lo cual corresponde exactamente a lo prometido a los electores en la campaña, sin embargo, el error cometido es no considerar lo que puede condicionar su administración, ya que al ser Chile un país totalmente inserto a nivel internacional, ha pasado por alto, el factor decisivo en la era histórica que estamos viviendo, cual lo es la geopolítica más que el mercado.
De partida, a través de una muy completa red de tratados comerciales, Chile vive del comercio internacional, sin embargo, hoy, a nivel mundial, el intercambio comercial está condicionado a directrices geopolíticas tal como se reconoce en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de EEUU incluyendo el tema de los aranceles, documento que no hace sino trasparentar lo que impulsa las decisiones de la administración Trump, que a su vez es una respuesta a lo que Rusia ha estado haciendo desde que asumió el poder hace ya un cuarto de siglo Putin, como también es lo que está detrás de que bajo Xi Jinping China dejó de ser una dictadura colectiva para transformarse en una dictadura personalista que hoy le disputa a EEUU el sitial de la principal superpotencia del siglo XXI.
Ese es el mundo en transformación en el que se va a jugar parte importante del éxito del gobierno, y por ello eran tan importantes las señales que se envían con la conformación del gabinete, Lo anterior es doblemente relevante, ya que antes de asumir el gobierno propiamente tal y considerando cuan incomprensiblemente largo es el plazo de 3 meses que media entre la elección y la entrega del cargo, es quizás el acto más importante en un régimen presidencial o hiperpresidencial como es Chile. Además, al existir dificultades para cumplir las promesas hechas en la campaña, una correcta lectura de lo que está pasando en el mundo, permitiría obtener éxitos con mayor facilidad y rapidez.
Sin embargo, esta no es una columna sobre el gabinete en su conjunto, donde me hubiese gustado ver más personas que estudiaron en un liceo público de provincia, sino solo sobre aquellas designaciones que inciden directamente en el problema detectado, la ausencia del factor hoy más decisivo en el tema internacional, cual lo es la geopolítica, por lo que nos centraremos en las designaciones de Relaciones Exteriores y Defensa como también las señales que está enviando un presidente electo que todavía no asume, pero que está teniendo una activa diplomacia regional, sobre todo, en el tema inmigratorio. Al respecto de estos nombramientos, ideal sería que Chile avanzara lo suficiente para que todas las designaciones ministeriales tuvieran el mismo cuidado y exigencia que rodea, por ejemplo, la de Hacienda, el custodio de la billetera fiscal.
A José Antonio Kast solo en una ocasión tuve la oportunidad de interactuar con él, ya que nunca me tocó entrevistarlo para los programas radiales y televisivos que tuve en los 90 y primera década del 2000, ya que todavía no tenía el protagonismo que asumiría posteriormente. No recuerdo día o año, pero sí el lugar, era un almuerzo en la Nunciatura Apostólica, por invitación de quien cumplía funciones de embajador del Vaticano. Nunca me he olvidado, ya que ante mi interés en el tema sobre el cual conversamos, al día siguiente me hizo llegar a mi oficina los documentos que respaldaban su posición.
Si menciono esta situación, es porque en los muchos años que interactué con políticos activos, ya sea desde la academia o desde los medios de comunicación, nunca otro diputado, senador o ministro actuó de esa forma, lo que inmediatamente le confirió una imagen de seriedad ante mis ojos, tanto que durante las elecciones del 2021 subí al internet un comentario sobre lo que era el fascismo y porque Kast no lo era.
Su seriedad me convence que ya leyó el documento más relevante para entender lo que está ocurriendo y porque Trump y EE. UU. están actuando en la forma de la cual todos somos testigos. Se trata de la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 que describe el giro que han dado las relaciones internacionales hacia la preponderancia de la geopolítica.

Sin embargo, en la revisión que hice de los antecedentes de los ministros designados de Relaciones Exteriores y Defensa, a pesar de trayectorias destacadas en su área profesional, nada indica que sean las personas que se necesitan hoy para esas carteras, como tampoco encuentro que existan especialistas en esta temática entre quienes figuran en la muy importante lista de asesores personales, aquellos con acceso diario al presidente, a quienes este consulta en forma permanente, lo cual indica un vacío en el proceso futuro de toma de decisiones y en la asesoría presidencial, toda vez que hoy por hoy, la geopolítica predomina en las decisiones que marcan el rumbo a nivel mundial.
En efecto, el ministro designado de Relaciones Exteriores es don Francisco Pérez Mackenna, persona de larga trayectoria como Gerente de Quiñenco, el conglomerado de inversiones de la familia más rica de Chile y dueña del grupo económico más poderoso del país, pero su trayectoria tiene relación con inversiones y no con los temas que hoy predominan en las relaciones internacionales. Es sin duda una persona valiosa, pero quizás no es la adecuada para lo que se vive, y si hay un error de diagnóstico, es probable que se traslade también a cargos menores y a embajadores en países e instituciones relevantes,
Me da la impresión de que su designación surge de la necesidad urgente de restablecer las relaciones con países importantes para Chile como lo son EE. UU., Israel y otros, después del desastre dejado por el gobierno saliente en esta área. El problema es que corresponde a un perfil de competencias que fueron importantes en el pasado reciente, pero no ahora. Es entendible la necesidad de recuperar el interés de los inversionistas, sobre todo, en el sector minero, pero el punto es que eso ya existe, es decir, Chile fue afortunado en tener un Tratado de Libre Comercio con buena parte del mundo, incluyendo uno de país a país con EE. UU., por lo que lo probable es que con mucha rapidez se recupere la relación que se tenía con Washington como también la importancia que tiene Israel para el sector Defensa y otras áreas, por la sencilla razón que los nuevos embajadores de esos países han dicho precisamente eso, su disposición a recuperar el sitial que existía hasta la llegada de Boric.
El punto es que hoy grandes inversiones y lo que tiene relación con las llamadas “tierras raras” (que no son ni “tierras” ni tampoco son “raras”), las grandes inversiones en centros de datos o Inteligencia Artificial hoy tienen un componente no solo económico, sino también geopolítico, siempre teniendo el escenario de la competencia por el liderazgo mundial entre China y EE. UU. como telón de fondo.
En ese sentido, de la Estrategia 2025 mencionada surge claramente que hoy EE. UU. le da una importancia destacada a Latinoamérica usando la misma denominación que tenía la Doctrina Monroe, el nombre de “hemisferio occidental”, donde queda claro que hoy EE. UU. no busca un socio comercial, sino un aliado, y esa es una decisión mucho más política que económica.
Es por ello por lo que algunas prioridades están modificándose en las potencias. En ese sentido, las comunicaciones de mandatario a mandatario están teniendo un sentido más geopolítico que económico, y al respecto, corresponde prepararse para escenarios donde la primera llamada telefónica de Trump a Kast podría ser una invitación a integrar el llamado Consejo de Paz, que no solo busca reconstruir Gaza, sino que podría ser el inicio de una nueva institucionalidad para reemplazar funciones que hoy tiene y no cumple la muy ineficiente ONU.
¿Está preparado Chile para dar una respuesta? Si a partir de marzo o de ahora, el presidente Kast le pregunta a su ministro o a los asesores de lo que en Chile se llama “el segundo piso” ¿qué respuesta recibirá? ¿Acumulan estos el conocimiento suficiente como para orientarlo bien? ¿De inmediato o deberán “estudiar” la respuesta? toda vez que diferir la respuesta puede significar quedar afuera. Por último, quienes sean consultados, van a dar una opinión que la puede tener cualquiera ¿o van a tener el conocimiento suficiente para presentarle al presidente las ventajas y desventajas de aceptar como también de rechazar?
Mi impresión del Sr. Pérez Mackenna a quien solo conozco por los medios de comunicación es de lo mejor, pero creo que su perfil es para una etapa ya superada, que correspondía a cuando después de la dictadura Chile buscaba insertarse en el mundo post desaparición de la URSS tanto en el aspecto político como en el económico, pero hoy las urgencias son otras. Por lo demás, este es el gobierno de Kast y no es Piñera III, quien ya tuvo a alguien de perfil semejante al de Pérez en la persona de Alfredo Moreno y a un ex democristiano en Jaime Ravinet.
De esa comparación debe cuidarse por los conocidos déficits políticos que tuvo el expresidente en sus dos gobiernos, por mucho que la gestión económica haya sido de buena calidad, sobre todo, en la reconstrucción rápida del país después que, al inicio de su primera presidencia, el país fuera asolado por uno de los terremotos de mayor intensidad alguna vez registrados. Al ser de derecha, Kast también debe cuidarse de algo que reflotó con estos nombramientos, la asociación con grupos económicos y los inevitables conflictos de interés, de lo cual Kast había salido indemne hasta el momento.
Por su parte, los requerimientos en el sector Defensa son iguales de demandantes desde el punto de vista de la influencia de los elementos geopolíticos. Allí fue designado alguien de similar trayectoria, don Fernando Barros, un conocido abogado, líder en Mercado de Capitales, Fusiones y Adquisiciones, cuyo estudio fue el primero con presencia chilena en Nueva York, y como letrado, asumió la defensa del general Pinochet en Londres, como también fue abogado del expresidente Piñera durante más de 30 años.
Sin duda una trayectoria relevante, pero ¿por qué Defensa?, área donde no se le conoce la experticia necesaria para encabezar un sector que va a estar sujeto a vaivenes tan profundos como el área de las relaciones y la economía internacionales en los próximos años. Por lo demás, solo asumió ante la caída de un periodista también sin trayectoria conocida, y que no pudo asumir por un posible conflicto de intereses de un familiar.
El cuidado aquí debe ser a prueba de acusaciones, ya que también se vive una situación, donde a continuación de la Estrategia de Seguridad Nacional 2025, el Pentágono anunció hace poco la nueva doctrina de defensa, tributaria de la anterior y donde también existe un fuerte interés en Latinoamérica, lo cual, por tratarse de EE. UU. tiene ventajas, pero una historia de desventajas e intervenciones muy poco edificantes, en general fracasadas. De ello Chile puede dar testimonio, considerando lo que ocurrió con la Administración Nixon a partir de la elección de Salvador Allende, y de lo cual existen miles de páginas de documentos oficiales, tanto de la Casa Blanca como de la CIA en las investigaciones conducidas en el Senado estadounidense por la llamada Comisión Church en los 70 del siglo pasado, algo que todavía avergüenza a EE. UU.
Nada debe distraer del hecho que existe un cambio significativo en la doctrina de defensa de EE. UU., ante lo cual expreso mis dudas de si hay conocimiento al respecto en las nuevas autoridades y en los asesores presidenciales, donde se echa de menos en los nombres divulgados, la presencia de un verdadero especialista en la materia. Al respecto, ¿cómo se va a ubicar aquí Chile? ¿Cuáles serán las instrucciones del nuevo ministro para el nuevo escenario que se abre? ¿Cuáles son las orientaciones presidenciales, toda vez que las primeras decisiones son políticas, y al más alto nivel? Todo es no solo nuevo, sino demasiado importante como para dejárselo solo a los generales, ya que por cierto les debe ser solicitada su opinión, pero también hay que saber si la decisión es del gobierno, ¿o se traslada al Congreso o si desde la presidencia se promoverá un debate nacional?
Pienso que la decisión es de Kast, debe ser tomada antes de jurar, y sin duda lo que se resuelva va a ser parte de su legado, el mismo que ha quedado en blanco en esta área por parte de Boric, dada la pobreza de resultados.
Mientras tanto, si para orientarse el presidente le consulta a su ministro de Defensa qué decisión toma si le es requerida la participación de Chile, por ejemplo en la situación de violencia que se vive en Haití y se usa como referencia lo que el presidente Lagos hiciera en conjunto con el entonces Comandante en Jefe del Ejército general Cheyre, ya que ante la crisis humanitaria que atravesaba el país caribeño, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el 29 de febrero de 2004 la resolución 1529 autorizando el despliegue de una Fuerza Multinacional. El 1 de marzo, el presidente Lagos anunció el envío de un contingente militar que con enorme rapidez se desplegó en la capital haitiana el 4 de marzo.
Cómo la situación es igual o peor, ¿qué pasa si el nuevo presidente recibe un llamado, no de la ONU, sino de Washington para algo similar? Aun antes, ¿estará en condiciones Chile de hacer algo, toda vez que las fuerzas armadas están desplegadas en otro escenario, el de la Araucanía, aunque todavía sin claridad suficiente sobre las reglas para el uso de la fuerza? Por lo demás, a propósito ¿existe total claridad en torno a qué hacer en la Araucanía para que esa fuerza sea efectiva?
Aún más, desde hace años Chile participa en los ejercicios navales de defensa del Canal de Panamá cumpliendo la Marina de Guerra un papel destacado, la pregunta es qué rol va a cumplir Chile, si sigue igual o se modifica considerando el nuevo esquema que EE. UU. le empezó a asignar al Canal y la presión que se está ejerciendo para disminuir la influencia china en esta arteria clave. Al respecto recuerdo una conversación privada hace años con el presidente Lagos quien me explicaba que se hacía por la seguridad nacional de Chile, ya que era y sigue siendo uno de los principales usuarios del Canal, toda vez que parte importante del comercio internacional del país por allí pasa. Oportunidad de preguntarse ¿cuándo y dónde, si es que en alguna parte hoy se piensa en Chile en términos estratégicos?
Para el nuevo gobierno, ¿cuál será la actitud de Chile en el futuro, considerando la competencia entre EE. UU. y China, y la importancia de ambos países para la economía del país? Tomaremos una posición diferente o la decisión al más alto nivel será continuar con ambos como socios. ¿Se ha preguntado el nuevo gobierno si es lo anterior sostenible en el nuevo contexto? ¿Lo es aún en condiciones que la nueva estrategia de EE. UU. podría apuntar a buscar que exista una alianza?
Es fácil concluir, que en las nuevas condiciones no va a ser decisión simple que todo continúe exactamente igual que ahora. Las tierras raras son claves para las nuevas tecnologías, y EE. UU. recibió de China el mismo tipo de sanciones que Washington utiliza contra otros países. Fue así como en medio de las negociaciones para los aranceles, China condicionó la entrega a EE. UU. de tierras raras para la industria de defensa donde también se ocupan en forma importante. El resultado fue que EE. UU. cedió y le otorgó a China un rol especial, de igual a igual, para los efectos de negociar pausadamente y sin amenazas mutuas, el tema de los aranceles, situación casi única, en comparación, por ejemplo, a países vecinos o a los europeos, quienes cedieron con rapidez.
El punto es que, en estas tierras raras, EE. UU. tuvo una larga siesta y hoy China tiene un virtual monopolio, no solo en la producción a través del mundo, sino también en su procesamiento en su territorio, dadas las restricciones medioambientales existentes en muchos países de occidente. El resultado es que hoy EE. UU. las busca desesperadamente donde quiera que estén, y ello se demuestra en los acuerdos con países como Australia y en la presión sobre Ucrania a cambio de continuar el apoyo a ese país en la invasión rusa. A mí me ha llamado la atención que ningún país latinoamericano haya llegado a Washington a ofrecer lo que la potencia necesita con desesperación. Me llama la atención que ni siquiera aquellos que están siendo favorecidos por la actual administración Trump como es el caso de la Argentina de Milei.
Mi impresión es que, en este escenario de sorpresas, no debiera llamar la atención que, ante esta situación, en definitiva EE. UU. llegue a un acuerdo con Lula, quien cual viejo zorro, olvidaría todo escrúpulo y se comería muchas palabras, dado el hecho que hoy estaría perdiendo las elecciones ante el hijo de Bolsonaro.
En el caso de Chile, creo que, si se decidiera que dar un paso semejante es en interés de Chile, las señales dadas por los nombramientos en Relaciones Exteriores y Defensa no dan la imagen adecuada, de entender que las decisiones hoy tienen una característica más geopolítica que económica, más de alianza, de nuevas alianzas en reemplazo de las que se están desechando que, de sociedades de negocios, donde todos están de acuerdo.
Por lo mismo, la lectura de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional 2025 (y la de Defensa 2026, aunque esta es más focalizada) es imprescindible también para todos los que tienen relación con economía y finanzas, (y sectores como Minería o Energía) para comprender el nuevo contexto que se ha agregado a la globalización, la geopolítica, toda vez que para un país como Chile es necesario entender con claridad el marco en que va a transitar su deseo de tener al mismo tiempo buenas relaciones económicas con China y con EE. UU., toda vez que ese documento clarifica la forma en que Washington entiende la competencia con China, como insumo para decidir lo antes posible como se va a manejar Chile en esta pelea de perros grandes.

Creo que en la señal que se envió por parte de Kast, parte del error cometido se debió al deseo de compararse con Boric, y la necesidad de mejorar a la vez la seguridad y la economía del país. Todo muy entendible, pero quizás innecesario, ya que lo que convendría es olvidarse de un gobierno que dejó la vara tan abajo, y empezar a buscar las comparaciones con la transición, donde quienes la hicieron, lograron darle a Chile algunos de los mejores años de la historia del país.
Este éxito se logró concentrándose en dos aspectos y solo dos aspectos, que era precisamente lo que dividía al país, la democracia en lo político y el mercado en lo económico. Lo hicieron a partir de un plebiscito cuyos porcentajes esencialmente se repitieron hasta hace muy poco. Sin embargo, ahora Chile busca un camino distinto, ya que la elección de Kast marca los inicios de un nuevo paradigma, un nuevo clivaje, el que se inició con el rechazo a la constitución que quería cambiar a Chile el 2021, más hacia el futuro que hacia el pasado, y de ahí la posibilidad de que surja una nueva propuesta, a partir de un acuerdo nacional sobre lo que hace falta. La oportunidad existe para explorar nuevas variedades de la democracia de los acuerdos, quizás en torno solo a dos puntos, el desarrollo en lo económico y una democracia de calidad en lo político, algo que no está siendo ofertado hoy en ninguna parte de Latinoamérica.
Al respecto, sigo convencido que existen las condiciones para un nuevo Acuerdo Nacional, por lo que reafirmo lo que escribiera en las columnas publicadas en INFOBAE después del triunfo de Kast en la primera vuelta, y una segunda, el mismo día de su triunfo del 14 de diciembre.
La designación del gabinete se rodeó de demasiadas complicaciones inesperadas y quedó hasta innecesariamente ensuciada por la disputa partidaria de cargos y por la maraña de intereses contrapuestos. Creo que el presidente electo debe recuperar la simplicidad del mensaje que le dio el triunfo, con prioridad en seguridad y economía en lo interno, pero en lo internacional entendiendo las características del nuevo escenario que se ha abierto. En los 90 se entendió con claridad el nuevo escenario internacional que se abrió post la URSS y Chile se benefició enormemente, incluyendo aquel día donde el ministro de Hacienda Foxley dijo en Washington que Chile quería comercio en vez de ayuda, del cual salió la red de tratados internacionales que el país hoy disfruta.
Este es un gobierno corto, pero Kast tendrá un respiro que no han tenido otros presidentes, varios años sin elecciones intermedias, tiempo para ensayar un Acuerdo Nacional para dejar a Chile con mejor calidad institucional y con algo que ha eludido a otros países, la oportunidad de recobrar la senda que conduce al desarrollo, entendiendo que para ello se necesita más de un gobierno, para lo cual no basta con pedir sacrificios, sino que se debe visualizar un horizonte de mayor trascendencia que solo la emergencia. Para lograrlo, se requiere algo más que las disputas internas de la siempre díscola derecha, es decir, incorporar al centro, hoy huérfano de representación, quizás irrepetible oportunidad para una mayoría que idealmente dure otras tres décadas.
Después de haber leído como candidato tan adecuadamente lo que pasaba en Chile, ahora, desde el gobierno, para beneficio del país, se requiere que Kast lea certeramente lo que está pasando en el mundo.
@israelzipper
Máster y PhD en Ciencia Política (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)