Una cría de orangután se acomoda en una hamaca improvisada con hojas. A su alrededor, ramas y pedazos de madera recrean un espacio que intenta imitar la vida en la selva. La escena no ocurre en lo profundo de la jungla, sino en un centro de conservación en Kalimantan, la parte indonesia de Borneo. Allí funciona la Fundación para la Supervivencia del Orangután de Borneo (BOSF), considerada la mayor organización dedicada al rescate de esta especie en peligro crítico de extinción.
La rutina del lugar combina rehabilitación y enseñanza. En lo que llaman “escuela de la jungla”, ejemplares jóvenes aprenden a trepar y a buscar alimento. Según detalló la BOSF, el objetivo es que los animales adquieran habilidades básicas antes de intentar la reinserción en áreas protegidas. Los más independientes viven en islas artificiales rodeadas de agua, mientras que otros permanecen en jaulas elevadas, bajo observación constante de veterinarios y cuidadores.
La fundación nació en 1991 y desde entonces liberó a 533 orangutanes. Actualmente, según precisó Smithsonian Magazine, mantiene a 359 residentes permanentes que no pueden volver a la naturaleza por haber sufrido enfermedades, discapacidades o procesos de domesticación. Entre ellos se encuentra Kopral, un macho que perdió ambos brazos tras electrocutarse y que, según BOSF, no sobreviviría en libertad.
El contexto en el que se desarrolla esta labor es complejo. En sus memorias publicadas en 1984 bajo el título Into the Heart of Borneo, el escritor inglés Redmond O’Hanlon describió la isla como un espacio cubierto en tres cuartas partes por selva tropical.
Hoy esa proporción se redujo a la mitad. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza, Borneo concentra el 6% de la biodiversidad mundial, con récords como el del Parque Nacional Lambir Hills, en Sarawak, Malasia, que alberga más de mil especies de árboles en 51 hectáreas. También, de acuerdo con la misma organización, cerca del 90% de los orangutanes del planeta viven en Borneo, mientras que el resto sobrevive en Sumatra.
La deforestación representa la principal amenaza. Estudios citados por Smithsonian Magazine explican que la población de orangutanes de Borneo cayó de 300.000 a 150.000 entre 1999 y 2015, y que en la última década se redujo a 100.000. Un informe de 2022 proyectó que más de una cuarta parte de los ejemplares actuales podría desaparecer antes de 2032 debido al avance de cultivos de palma aceitera y a la minería.
El reto de la conservación se intensifica con los cambios en la isla. El gobierno de Indonesia decidió trasladar la capital nacional desde Yakarta hasta una ciudad planificada llamada Nusantara, ubicada a 64 kilómetros de uno de los centros de BOSF. La construcción comenzó en 2022 y finalizará en 2045. Según las autoridades, 1,9 millones de personas vivirán allí. El gobierno prometió una ciudad “forestal verde”, con energía renovable y transporte público, pero especialistas advierten sobre los efectos en la fauna.
El ecólogo Andrew Marshall, de la Universidad de Michigan, dijo al equipo de BOSF que “sería extraordinario que un desarrollo de infraestructura a tan gran escala no afectara negativamente a las especies amenazadas” y agregó que “este tipo de proyectos siempre lo hacen”.
El trabajo del santuario incluye también la restauración de hábitats. A principios de los 2000, BOSF inició la reforestación de casi 5.000 acres, con la plantación de 740 especies nativas. Según explicó Aldrianto Priadjati, subdirector del área de hábitat, a los residentes locales se les permitió cultivar frutas en esas tierras bajo la condición de proteger los árboles. Con el tiempo, murciélagos y aves contribuyeron a expandir la vegetación. El santuario ahora compra frutas a agricultores locales para alimentar a los orangutanes, que consumen más de dos toneladas diarias.
Cabe destacar que los costos de mantenimiento son elevados. De acuerdo con Jamartin Sihite, conservacionista y miembro del directorio de BOSF, cuidar a un solo orangután implica un gasto mensual de 500 dólares. El sitio web de la fundación ofrece programas de adopción simbólica desde 10 dólares, en gran parte dirigidos a donantes extranjeros. Según Sihite, la estrategia busca evitar tensiones con comunidades locales que perciben ingresos mensuales promedio de 350 dólares.
Asimismo, la rehabilitación de los orangutanes requiere años de dedicación. Técnicos enseñan a los animales a trepar, buscar alimentos y construir nidos mediante demostraciones que los simios imitan. Según explicó el veterinario Agus Irwanto, los ejemplares suelen vincularse más con mujeres cuidadoras porque en muchos casos las madres de los orangutanes fueron asesinadas por hombres, cuyas voces graves los intimidan.
Cuando un animal completa su aprendizaje pasa a una isla semisalvaje, donde debe demostrar independencia. En ese proceso los cuidadores reducen al mínimo el contacto. “No los abrazamos. No decimos su nombre”, resumió Irwanto. Si logran adaptarse, reciben un chip de monitoreo y son trasladados a zonas de liberación situadas a 12 horas del santuario. Investigadores de BOSF los siguen durante un año con dispositivos de radiofrecuencia, aunque en ocasiones deben internarse en la selva para localizarlos.
Los orangutanes tienen características biológicas que complican su recuperación poblacional. Las hembras solo tienen un segundo hijo cuando el primero se independiza, proceso que dura alrededor de siete años. Además, investigaciones genómicas realizadas en 2011 demostraron que la especie cambió muy poco en los últimos 15 millones de años, lo que refleja una adaptación lenta frente a los cambios humanos.
Los rasgos comunes con los humanos también llaman la atención de los científicos. Los orangutanes utilizan plantas medicinales para tratar heridas, fabrican herramientas y almacenan las más útiles para reutilizarlas. Sin embargo, enfrentan problemas como la depresión posparto. Según el veterinario Agus Irwanto, las hembras que perdieron a sus madres en episodios traumáticos a veces rechazan a sus crías, lo que obliga a los cuidadores a intervenir.
El santuario de Borneo representa hoy un refugio para una especie que perdió más de la mitad de su población en apenas dos décadas. La combinación de deforestación, proyectos de infraestructura y tráfico ilegal mantiene la presión sobre los orangutanes. En ese contexto, la tarea de BOSF refleja el esfuerzo por sostener una población que se considera crítica para la biodiversidad global.