“El mayor desafío fue unir dos estilos muy diferentes. Por un lado, un jardín de mucha estructura y clásico. Por el otro, un sueño de un cottage garden con flores, frutales y canteros más silvestres”, relatan las paisajistas Carolina Pell y Paquita Romano, jardinera e influencer, dueña de La Flor Azul. Así, su objetivo fue animarse a diseñar con pocas especies, pero con otra mirada, centrada en formas, niveles y volúmenes.

Séctor del fogón que se armó sobre binder dolomita, bajo la sombra de un árbol vecino Bauhinia forficata.

“Las líneas clásicas de la casa, con reminiscencias de patios españoles o italianos, se retomó en el uso de limoneros, macetas de barro, solados de ladrillo, granza, largos senderos con árboles alineados y setos de buxus topiarios”, explican las paisajistas. Esto se luce especialmente en el sector de la galería, que combina agapantos, Iris ‘Krüger’ (variedad casi negra), para floraciones de primavera temprana. Neomarica caerulea y macetas con limoneros, laureles y eugenias en topiario.

Los corrales de buxus fueron pedidos por los clientes, para dar mayor orden al jardín.

Los corrales de buxus contienen rosales ingleses ‘Lichfield Angel’, Persicaria amplexicaulis, anémona japónica, Salvia forsskaolii, dalias altas color bordó, Salvia ‘Envy’, algunos agapantos, la resistente Salvia ‘African Sky’, escabiosas ‘Black Knight’, verbascums y gauras. Fue clave pensar en las comunidades de vegetales de los canteros, para tener el suelo cubierto y protegido, con floraciones escalonadas a lo largo de las estaciones, explican las paisajistas.

Una salvia argentina que triunfa en el exterior

Salvia 'Lavender Dilly Dilly' y Anémona japónica rosada.

En cuanto a los recorridos, se pensaron diversos ‘garden rooms’ o sectores para ir descubriendo. Es el caso de un estanque circular a filo del suelo, en un espacio con tilos y setos de oleas como biombos vegetales. También había un sector de florales de corte con invernadero, que llevaba hasta los frutales y fue respetado. En este sentido, las paisajistas explican que algunas reformas quedaron para una etapa posterior.

El borde de la pileta, sombrío, con especies que aseguran floración.

En el sector de la pileta, además de los canteros contenidos por buxus se luce un diseño pensado especialmente por las paisajistas para un sector de sombra. En este sentido, las Acanthus mollis y anémonas japónicas, además de Viola odorata de cubresuelos, aseguran floraciones tres veces al año. Se agregan pocas especies como buxus, pyrus, oleas a alturas distintas.

Buxus en topiario y rosales, combinación perfecta.

Un deslumbrante ejemplar de Phonix canariensis se destaca en altura, junto con los cercos de oleas y buxus, podados en forma de pastillas de diferentes diámetros, uno de los gestos más originales del jardín. En la zona del quincho, la huerta y el sector de fogón prolongan las sobremesas, luego de un asado con amigos. ¿Otro hallazgo? En los cercos se destacan dos lagerstroemias arbustivas de floración blanca y un manto de Salvia ‘Lavender Dilly Dilly’ de flores azuladas.

Dos lagerstroemias artustivas y un manto de salvias azuladas.

En suma, el rediseño permitió salir de un típico jardín centrífugo para aprovechar los generosos metros libres y generar sectorizaciones, sin tapar por completo las visuales, y que a lo lejos aparezcan espacios que se ofrezcan para recorrer. Las paisajistas aportan: “Intervenir el diseño en general, desde la iluminación dej jardín, solados de ladrillos, jugar con macetas y formas, asesorar en colores de calcáreos, hasta paneles de madera para cubrir la vista del área de servicio, para que en su conjunto se ‘leyera’ como una unidad y fuera armonioso.

Desde la pérgola del quincho, se ve un diseño de huerta y fogón, a la sombra de Bauhinia forficata del vecino, y repitiendo la especie de este lado.