Villa Carlos Paz celebra su temporada de verano con la presencia de Barbie Vélez, protagonista de una de las apuestas más destacadas del teatro. En el Teatro Candilejas 1, la actriz encabeza, junto a su madre Nazarena Vélez, la comedia “Suspendan la boda, la magia continúa”. El elenco se completa con la pareja de Nazarena, Santiago Camaño, Roly Serrano y la incorporación, en esta nueva etapa, del ex Gran Hermano Nacho Castañares.
En diálogo con Teleshow, Barbie Vélez describe su rutina diaria en Villa Carlos Paz, donde está con su esposo, su hijo Salvador y sus perritos Darwin y Bondiola, como madre primeriza, su trabajo compartido en escena con su madre y su incursión en nuevos formatos digitales con la serie en formato vertical “Cómo deshacerse de una estrella de fútbol”, junto a Sofía Jujuy Jiménez, que luego de su estreno el 6 de enero en las redes se viralizó y convirtió en un suceso.

— Segunda temporada en “Suspendan la boda”, pero con varios cambios. ¿Cómo viene este verano en Villa Carlos Paz?
— Muy bien, la verdad. Recién salieron las planillas de las obras de AADET y estamos segundos acá, es una locura. Trabajamos mucho y sumamos varios cambios: incorporamos un personaje totalmente nuevo, el de Roly Serrano, que interpreta a un hechicero y le da una energía maravillosa al espectáculo, además de toda su experiencia y lo genial que es tenerlo al lado. También sumamos a Nacho Castañares. Cambiar a un actor modifica por completo la dinámica de la sala. Renovamos escenografía y vestuario y pasamos a una sala más grande, enorme (ríe); realmente es otra experiencia. Estoy muy contenta, el equipo está feliz y motivado.
— ¿Pensaron en Nacho Castañares por su popularidad tras Gran Hermano?
— Lo que más nos llamó la atención de Nacho fue su energía y la buena vibra que transmite. Es una persona muy natural, lo que percibíamos de él nos gustaba mucho. Desde que surgió la posibilidad de volver a Carlos Paz con la obra, propuse su nombre. Yo había leído que quería incursionar en la actuación y se estaba preparando, eso demostró un profesionalismo real, algo que valoré mucho. Mi mamá lo conoció y volvió contando maravillas; ya conocía la obra y estaba muy informado de todo. Demostró un compromiso absoluto en los ensayos, siempre puntual y receptivo a las indicaciones. Fue un gran acierto sumarlo.
— Hay una tradición marcada de las Vélez en la temporada teatral de Carlos Paz. ¿Sentís esa identificación familiar con la ciudad y la temporada?
— Me encantaría que así fuera. Mi mamá viene a Carlos Paz desde antes de que yo naciera, creo que en 1992 fue su primera temporada, así que imagina el vínculo. Además, mi abuelo era cordobés; hay un lazo muy fuerte con esta provincia. Toda mi infancia pasé los veranos aquí, siempre acompañando a mi mamá en su trabajo. Es un lugar en el que nos sentimos muy en casa. Nos apropiamos de esta ciudad y su temporada. Aunque venimos a trabajar y es muy exigente, también es un momento para relajarse y disfrutar.
— Hay recuerdos emocionales vinculados a Carlos Paz, tanto familiares como laborales. Tras la muerte de Fabián Rodríguez (pareja de Nazarena, fallecido en 2016), que fue luego de una temporada en Carlos Paz, recuerdo preguntarle a Nazarena cómo vivía el regreso. ¿Cómo lo viviste vos?
— Como te dije, para mi, antes que cualquier cosa, Carlos Paz es un lugar asociado a mi infancia. Si bien el primer regreso después de lo de Fabián fue movilizador, con mucha carga emocional, pudimos separar esas sensaciones. Y ahora venimos desde el pleno disfrute y la apuesta. No tenemos inversores; somos nosotros apostando por el teatro. Lo hacemos con alegría y muchas ganas.

— ¿Qué significa para vos, en lo profesional y personal, trabajar al lado de tu mamá?
— Trabajar con mi mamá tiene un plus enorme. Nos conocemos muchísimo, nos entendemos a la perfección tanto arriba como debajo del escenario. Ya sé cuándo algo le molesta o la pone contenta, y ella igual conmigo; hay mucha confianza. Sobre el escenario la química es total. Habían pasado doce años desde la última vez que trabajábamos juntas y fue una decisión, no una necesidad. Cada una tenía sus proyectos, pero decidimos volver a compartir escenario y todo fluye naturalmente.
— Hoy también incursionas en las ficciones pensadas para plataformas digitales y celulares. ¿Cómo fue participar en la serie en formato vertical “Cómo deshacerse de una estrella de fútbol”?
— Me convocó un director de casting que me vio en la obra el año pasado. Hice un casting tradicional, envié mi material y quedé seleccionada. No conocía tanto el formato. Había visto que era viral sobre todo en redes sociales, pero más de otros países, no tanto de Latinoamérica. Acepté porque me llamó la atención explorar ese nuevo mundo. Todos usamos mucho el celular, pero la gente más joven consume contenido de un modo distinto. Mi hermano de quince años prefiere ver series en TikTok antes que sentarse a ver Netflix. Me pareció interesante incursionar en ese lenguaje, y ahora quedé fascinada, casi adicta a esas historias. Son muy atrapantes y tienen otro ritmo.
— ¿La serie ya está publicada en la plataforma? ¿Qué repercusión tuvo?
— Sí, está completamente publicada. Son 61 capítulos y se lanzó de una sola vez. Se viralizó de manera descomunal, mucho más de lo que esperaba. Pensé que la verían algunos en TikTok y terminó multiplicándose por toda Latinoamérica.
— ¿Cómo te impacta la viralización? ¿Te llegan mensajes del público?
— Todo el tiempo recibo mensajes de gente preguntando sobre el personaje, queriendo saber si habrá segunda temporada. Me escriben hasta de Colombia. Me sorprendió la proyección regional que tuvo la serie. La aplicación se llama Reel Shorts. Es un formato completamente distinto. Este proyecto en particular me resultó divertido. Había visto la versión original estadounidense y me atrajo el personaje. Todo lo que tenga que ver con la actuación me motiva, así que veremos qué surge.
— ¿Sentís que este formato te abrió una nueva puerta laboral?
— Sin dudas. Hoy hay que estar atentos y adaptarse; los lenguajes cambian rápido. Antes no pensábamos que las redes sociales serían tan importantes y de pronto actuás para una aplicación. El desafío es seguir aprendiendo y probar cosas nuevas.
— ¿Cómo es tu rutina diaria en Carlos Paz, combinando teatro con tu vida familiar?
— Aquí tengo una vida muy sana: intento comer bien y hacer deporte. Paso todo el tiempo que puedo con Salvador, mi hijo, porque Lucas (Rodríguez) trabaja todo el día con Santiago (Camaño) y los vendedores en la venta de entradas. Hoy no es fácil para la gente pagar una entrada y hay que esforzarse mucho. Ahora, por ejemplo, está mi suegra con nosotros. Yo con Salvador paso la mayor parte del día, hago deporte y por la tarde-noche me voy al teatro. Me gusta llegar temprano para relajarme y entrar en clima de función, y después regreso a casa. Soy muy hogareña.
— ¿Y Salvador cómo se adapta a este ritmo?
— Salvador es un niño espectacular, bueno, simpático y alegre. Nazarena está ocupada casi todo el día, pero los lunes, que es el día libre, tiene un plan fijo con ella: van al cine o hacen alguna actividad juntos. Además, está toda la familia. Vino mi papá y la familia de Lucas, así que Salvador siempre está acompañado.
— ¿Viven cerca de Nazarena?
— Estamos a ocho cuadras, en el mismo barrio. Eso facilita mucho: tenemos nuestra privacidad, pero si surge cualquier cosa estamos cerca y nos sostenemos mutuamente.
— Cuando eras adolescente, Nazarena casi patentó una frase: “lo hago por mis hijas”. Ahora que sos madre, ¿la entendés más?
— Si. Yo también hago todo por mi hijo, literalmente. Ahora entiendo esa frase más que nunca. Cada cosa en mi vida, cada segundo que organizo, está pensado para Salvador. En Buenos Aires la rutina es más intensa porque sumo grabaciones y ensayos, pero cada minuto libre es para estar con él. Es el motor de todo para mí.

— ¿Y ahora le das la razón en cosas que antes, cuando eras adolescente, discutías con tu mamá?
— ¡Sí, totalmente! Muchas cosas que antes criticaba y hoy me doy cuenta de que tenía razón o que ahora incluso hago igual o peor. Cuando uno es chico cree que sabe todo, pero al ser madre entendés a tus padres desde un lugar distinto.
— Tu imagen pública estuvo muy asociada antes a la exposición mediática y algunos escándalos fuertes. Hoy lograste consolidarte desde el trabajo. ¿Cómo viviste esa transformación?
— Nunca fui una persona que buscara protagonizar polémicas ni quise estar en el centro de situaciones escandalosas. Me angustiaban esas situaciones, no lo vivía con tranquilidad. Fueron cosas que me tocó atravesar, no las buscaba. Hoy veo esa etapa con cariño, entiendo que a los veinte años tenía mucho por aprender y no era madura. Ahora estoy en otro lugar, priorizo lo que me gusta y me siento conforme con el recorrido. Todo lo que viví me ayudó a ser quien soy en la actualidad.
— ¿Hubo momentos o lugares de los que después pensaste “esto no lo quiero más”?
— Sí, claro. Muchas veces pienso qué hacía ahí o por qué actuaba de tal manera, pero también entiendo que era una niña. Ahora estoy parada desde otra perspectiva y trato de cuidarme, elijo qué quiero para mí.
— Sobre tu pareja con Lucas Rodríguez, fue una relación observada por la cercanía, aunque no el parentesco de sangre (él es hijo de Fabián Rodríguez, que fue esposo de Nazarena, la mamá de Barbie), pero lograron consolidarse. ¿Cómo viviste esa tensión?
— Fue clave no engancharse con lo que se decía en los medios. Desde chica, por lo que vivía mi mamá, aprendí a protegerme: evité leer comentarios y no buscaba verme en redes cuando salía alguna nota. Decidimos crear nuestra propia burbuja, protegimos nuestro vínculo y seguimos adelante sin prestar atención al entorno.

— ¿Fue importante que Lucas no pertenezca al ambiente del espectáculo?
— Sin dudas. Eso ayudó a preservar la intimidad y que no importe tanto lo que se dice afuera. Si él no aparece ni se exhibe, se termina el interés ajeno. Para nosotros eso es fundamental.
— Hablando de familia, tu hermano Thiago ya reclama espacio hasta en el escenario. ¿Cómo es tu vínculo con él?
— Thiago es increíble, tiene quince años y parece más grande que todos nosotros. Vive con mi mamá, está siempre con nosotros por obligación, pero también porque quiere.
— ¿Y con otro hermano, el “Chyno” (hijo de Nazarena y Daniel Agostini), cómo es la relación?
— Con el Chyno muy bien, aunque es diferente. Él tiene 25 años y su vida en Buenos Aires. Iba a venir a Carlos Paz, pero le surgió un show. Es más difícil coordinar tiempos y agendas, pero hablamos seguido.
— Ahora presentó una novia, La Tana, ex Gran Hermano…
— Sí, me enteré por redes sociales, ni siquiera por él. Y mi mamá creo que igual. Ella habla más a menudo con él, pero de la novedad nos enteramos por las redes. Parece que tenemos un lazo con Gran Hermano con Nacho y ahora se suma el Chino (ríe). Siempre hay novedades en la familia.
— ¿Tenés proyectos o ideas para después de la temporada?
— Nuestra prioridad es poder seguir con la obra, llevarla a Uruguay, Paraguay o algunas ciudades del país. Me gustaría mucho que ese sea el próximo paso. Después, todo lo que se relacione con la actuación me motiva. Quizás sigan apareciendo propuestas en formatos similares; estoy abierta a lo que venga.