
El dinamismo del crédito de consumo, encabezado por los financiamientos para la compra de autos, se convirtió en uno de los principales motores de la actividad bancaria en Panamá durante 2025, marcando el ritmo de expansión del sistema financiero en un contexto de crecimiento económico moderado y ajustes en el costo del dinero.
De acuerdo con datos presentados por la Superintendencia de Bancos de Panamá, el segmento de préstamos de autos registró el mayor incremento dentro del portafolio de consumo, impulsado por la mayor oferta de vehículos, condiciones de financiamiento competitivas y la entrada de nuevas marcas al mercado local.
Este comportamiento consolidó el rol del crédito de consumo como uno de los factores más relevantes en la expansión del negocio bancario, junto con el financiamiento hipotecario y los préstamos personales, que también mostraron variaciones positivas durante el año.
El saldo de financiamientos vehiculares se ubicó en $2,262 millones, con un crecimiento anual de 11.5%. Además, los créditos nuevos para este rubro aumentaron 14.8%, consolidándolo como el principal motor del crédito minorista.
Este desempeño se vinculó a mayor oferta de vehículos, en especial modelos asiáticos de precio competitivo, condiciones de financiamiento más accesibles y una calidad de pago que el Superintendente de Bancos de Panamá, Milton Ayón Wong describió como muy buena.

En hipotecas, la cartera alcanzó aproximadamente $20,330 millones, manteniéndose como el componente más relevante dentro del crédito a hogares.
Esa cifra equivale a cerca de un tercio del total del portafolio (aprox. 33%), con un crecimiento anual de 2.6%. Dentro de ese saldo, se reportó una composición aproximada de $9,687 millones en cartera preferencial y $10,644 millones en no preferencial, en un contexto de reactivación residencial y ajustes alrededor de los esquemas de interés preferencial que influyeron en el ritmo de nuevos desembolsos.
Los préstamos personales mostraron un comportamiento estable: el saldo se ubicó en $9,985 millones y creció 2.8% en el año. En paralelo, las tarjetas de crédito alcanzaron un saldo de $2,798 millones, con un aumento anual de 7.8%, reflejando una mayor actividad de consumo, más uso de medios digitales y la normalización del gasto en hogares.
En contraste, el crédito al sector agropecuario mantuvo una tendencia a la baja. El saldo se situó en $1,963 millones y registró una variación anual de -3.3%, mientras que los desembolsos del sector también retrocedieron 5% en el año. En simple: el agro siguió perdiendo participación en el portafolio, pese a que es un sector que suele reclamar más financiamiento para sostener producción y productividad.

A nivel agregado, la cartera total de crédito del sistema se ubicó cerca de $100,000 millones, con un crecimiento anual de 5.1%. En cuanto a créditos nuevos (total anual), la cifra reportada fue de $26,626 millones en 2025, frente a $25,221 millones en 2024.
Tras este impulso del crédito, el sistema bancario panameño cerró 2025 con activos totales por $163,000 millones, lo que representó un crecimiento cercano a 4.2% frente al año previo y confirmó el peso estructural de la banca en la economía nacional.
La expansión respondió a un aumento combinado de la cartera de préstamos, la inversión en valores financieros y el crecimiento de los depósitos, elementos que sostienen el modelo de intermediación del Centro Bancario Internacional.
En este contexto, el regulador destacó que la banca panameña continúa operando como un sistema sólido y capitalizado, capaz de canalizar recursos hacia el financiamiento de hogares y empresas, al tiempo que mantiene indicadores de liquidez y solvencia por encima de los mínimos regulatorios.
En el desglose del balance, la cartera crediticia alcanzó niveles cercanos a $100,000 millones, consolidándose como el principal componente de los activos del sistema.

A este rubro se sumó una cartera de inversiones superior a $35,000 millones, reflejo de la estrategia de diversificación de portafolios ante cambios en tasas internacionales y condiciones de mercado. Paralelamente, el patrimonio bancario superó los $18,900 millones, evidenciando un fortalecimiento de la base de capital que permite absorber riesgos y sostener la expansión del crédito.
Este crecimiento patrimonial se interpreta como una señal de estabilidad financiera, particularmente en un entorno global caracterizado por volatilidad en tasas y flujos de capital.
Desde la perspectiva del fondeo, los depósitos totales del sistema superaron los $116,000 millones, con una expansión cercana a 5.7%, impulsada principalmente por el aumento de los depósitos provenientes del exterior.
Mientras los depósitos locales registraron un crecimiento moderado, los depósitos externos mostraron variaciones de dos dígitos, consolidando el rol de Panamá como plataforma financiera regional.
La foto de esos depósitos extranjeros también dice mucho sobre la coyuntura regional: Colombia encabezó el ranking con $10,501 millones (crecimiento 36%), seguido por Costa Rica con $4,562 millones (un salto de 104%), Venezuela con $3,064 millones (11%) y Ecuador con $3,019 millones (9%).
Más abajo aparecen República Dominicana ($2,571 millones, 17%), Guatemala ($2,092 millones, 68%), Perú ($1,991 millones, 2%), Estados Unidos ($1,862 millones, -4%), Honduras ($1,801 millones, 17%), Europa ($1,215 millones, -17%) y Otros países ($11,648 millones, -18%).

En el cuadro presentado por la Superintendencia, China figura con $2,243 millones y 21% de crecimiento.
Ayón subrayó que esta dinámica refleja la confianza en el sistema bancario panameño y su capacidad de atraer capital en momentos de incertidumbre en otras economías, lo que a su vez fortalece la liquidez disponible para el otorgamiento de créditos.
Indicó que en el caso de China, se trata de financiamiento a empresas de ese país que operan en la región.
En materia de calidad de cartera, la banca panameña cerró el año con indicadores que reflejan un entorno de normalización tras los ajustes derivados del ciclo económico reciente.
El nivel de morosidad se ubicó ligeramente por encima de los niveles históricos más bajos, mientras el sistema mantuvo provisiones suficientes para cubrir eventuales deterioros crediticios.
Asimismo, la existencia de créditos reestructurados evidenció la estrategia de las entidades para facilitar el cumplimiento de pagos por parte de clientes, evitando un deterioro mayor en la cartera. Este manejo prudencial del riesgo fue destacado por el regulador como parte de la fortaleza del sistema frente a ciclos económicos adversos.

En términos de solvencia y liquidez, la banca panameña mantuvo indicadores superiores a los estándares internacionales. La adecuación de capital se situó alrededor de 16%, duplicando el mínimo de referencia global, mientras los niveles de liquidez se mantuvieron por encima de los umbrales regulatorios.
Estos indicadores respaldan la capacidad del sistema para enfrentar escenarios de estrés y sostener el financiamiento de la actividad económica. Ayón enfatizó que la fortaleza del sistema radica en su capacidad de combinar crecimiento con prudencia, lo que permite preservar la confianza de depositantes e inversionistas.
Los resultados financieros del sistema reflejaron esta dinámica. La banca panameña registró utilidades cercanas a $3,001 millones, con un crecimiento moderado que respondió a la expansión del crédito y la diversificación de ingresos.
El desempeño estuvo marcado por el aumento del costo de fondeo en el contexto de tasas internacionales elevadas, lo que presionó los márgenes de interés y obligó a las entidades a apoyarse en volumen y eficiencia operativa. No obstante, el resultado final evidenció la resiliencia del modelo bancario panameño y su capacidad de adaptarse a cambios en el entorno financiero global.
Sobre las tasas de interés, Ayón plantea que el ciclo de tasas en Panamá empezó a girar: desde diciembre, los bancos estarían renovando depósitos a plazo con rendimientos más bajos que los de meses anteriores.
Su referencia concreta es que el 5% dejó de ser la norma: donde antes era común ver depósitos a plazo alrededor de 5%, ahora el rango que menciona se mueve más entre 3.75% y 4.25% (con “4%” como cifra recurrente). Traducido sin tecnicismos: al banco le está costando menos “comprar” dinero (captar depósitos), y eso suele ser una señal de enfriamiento del costo financiero, aunque no implica automáticamente que el crédito baje al mismo ritmo.