Con la llegada de la electromovilidad, los usuarios argentinos se encuentran hoy frente a tener que elegir entre un auto convencional, uno hibrido o uno eléctrico.
Más allá de las ofertas que se pueden encontrar circunstancialmente por estrategia comercial de algunas marcas, en general, a medida que se suma mayor capacidad eléctrica de propulsión, aumenta el precio de adquisición de un vehículo.
Así, si se toma un auto con tecnología de propulsión convencional que tenga un precio referencia de $25.000.000, una versión híbrida del mismo costaría $28.000.000, un híbrido enchufable $32.000.000 y un eléctrico equivalente, si existiera (cosa poco frecuente) podría estar cerca de los 40.000.000 de pesos.
Por ese motivo, los híbridos son los que más se venden en general, y a los que la mayoría de los fabricantes mundiales han redirigido sus inversiones en electromovilidad, porque ahorran cerca de un 40% de combustible en uso urbano. Además, tienen un precio muy cercano al auto térmico normal y no requieren ser enchufados para cargar su pequeña batería.

El concepto híbrido enchufable
Los híbridos enchufables surgieron como una opción intermedia entre los autos híbridos y los eléctricos. Incorporan una batería unas 20 veces más grande, lo que permite recorrer entre 60 y 100 kilómetros solo con energía eléctrica. Además, pueden alcanzar hasta 1.000 kilómetros en ruta sin detenerse. Su precio es algo más alto que el de un híbrido convencional, pero aún bastante menor que el de un eléctrico puro.
Sin embargo, a los híbridos enchufables hay que saber usarlos y eso es algo que, aparentemente, la mayor parte de los usuarios desconoce. Así lo señala un estudio reciente del Instituto Fraunhofer de Alemania, que concluye que muchos usuarios no recargan la batería con frecuencia. Esto no solo impide ahorrar combustible, sino que también provoca un mayor consumo del habitual. Datos reales extraídos de las computadoras de a bordo de los vehículos permitió determinar que menos de un tercio del millón de PHEV en Alemania se enchufaban ocasionalmente o nunca.
En el mejor de los casos, los conductores de Toyota consumieron electricidad para el 44% de la energía utilizada para conducir, lo que sugiere que fueron los que la enchufaron con mayor frecuencia, mientras que el peor fue el caso de los Porsche, donde se encontró que tan solo el 0,8% lo enchufaron, lo que representa un promedio de 7 kWh en dos años. El informe concluye que en este caso, el conductor promedio de un PHEV cargó una sola vez su batería a menos del 50% de su capacidad.

El error de uso
Estudios realizados años atrás demostraron que los PHEV producen aproximadamente 3,5 veces más emisiones de lo que sugieren sus clasificaciones oficiales debido a este comportamiento de los usuarios. Este informe no hace otra cosa que explicar el fenómeno.
El hecho de saber que se generan mínimas recargas de la batería a través del frenado regenerativo y la propia propulsión del motor térmico, han impulsado a que muchos usuarios consideren innecesario enchufar el vehículo a la red para cargar la batería al 100% en las horas de reposo.
El problema es que sin cargas completas, la transmisión eléctrica no beneficia a nadie sino que termina perjudicando a todos, ya que los vehículos producen una mayor contaminación ambiental porque los motores de combustión interna deben mover autos más pesados gracias a tener a bordo una batería y uno o dos motores eléctricos adicionales.

Complementariamente, un auto híbrido enchufable tiene también un tanque de combustible, que aunque es de menor capacidad y oscila entre los 45 a los 55 litros, agrega peso al vehículo también.
Para tener noción de cuánto peso está aumentándose al agregar una batería es importante conocer el tamaño de las que lleva un auto híbrido, un híbrido enchufable y un eléctrico completo.
Tomando como referencia que la batería convencional de 12 voltios, la que presentan todos los autos en el compartimiento del motor y que se usa para arrancar el motor, las luces, alarma y encendido de las bujías, pesa entre 12 y 18 kilos, las baterías que se usan en la electromovilidad tienen otro tamaño, otro voltaje y otro peso.
Un auto híbrido autorecargable tiene una batería con una capacidad de entre de entre 0,8 y 1,8 kWh y pesa en promedio unos 55 kilos. Pero al pasar a un vehículo híbrido enchufable, que tiene una capacidad de entre 18 y 30 kWh, puede pesar entre 150 y 180 kilos. Al final de la línea están las baterías de los autos puramente eléctricos, que van desde los 50 hasta los 100 kWh y agregan al auto entre 350 y 600 kilos de peso.
El problema que tienen los híbridos enchufables radica en que si sus conductores no cargan la batería suficientemente como para aprovechar la autonomía eléctrica del vehículo, estarán usando principalmente el motor térmico con pequeñas asistencias del eléctrico para salidas de parado y estacionamiento, es decir que el uso sería el mismo que el de un auto híbrido autorecargable, pero con la diferencia de transportar a bordo casi 200 kg adicionales de peso.
De este modo, el motor de combustión deberá hacer más esfuerzo para mover el vehículo, lo que generará un mayor consumo de combustible que el que tendría un auto normal del mismo tamaño y segmento. Además de la contaminación y el gasto de combustible, el dueño del auto habrá gastado un 25% más en comprar un híbrido enchufable que en lugar de gastar menos, gasta más dinero que un auto convencional.