
Un equipo internacional de científicos, encabezado por la Universidad de Lausana y en colaboración con la Universidad de Hong Kong, reconstruyó los patrones sociales de una de las familias animales más diversas y exitosas del planeta: las hormigas. La investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences, analizó datos de más de 3.000 especies y concluyó que el bioma y el clima determinaron la configuración de sus sociedades.
El trabajo dirigido por Cleo Bertelsmeier y Eddie Pérochon resultó en una de las mayores bases de datos sobre comportamiento social de hormigas, con información de todos los continentes excepto la Antártida. Los científicos recopilaron información sobre 3.299 especies, y se centraron en tres rasgos fundamentales: el tamaño de la colonia, el número de reinas y la morfología de las trabajadoras.
A partir de estos parámetros, identificaron tres modelos principales de organización social, cada uno vinculado a las condiciones ambientales de distintas regiones: áreas tropicales, ambientes áridos y zonas templadas.
En las regiones tropicales, donde predominan temperaturas elevadas y una escasa variación estacional, las colonias de hormigas resultaron pequeñas, con una reina única y una notable diversidad morfológica entre las trabajadoras. Eddie Pérochon explicó: “En regiones tropicales, la diversidad y abundancia de hormigas aumenta la competencia por el espacio, especialmente para anidar, lo que favorece sociedades de menor tamaño”.

La presencia de diferentes castas de trabajadoras permitió aprovechar una mayor variedad de recursos, mientras que la estabilidad climática favoreció la supervivencia y la reproducción de la colonia, incluso con una sola reina. Este modelo resultó eficiente en ecosistemas donde la competencia por los lugares de anidación es intensa y la presión ambiental se mantiene relativamente constante durante todo el año.
El segundo patrón, característico de ambientes áridos como los desiertos, mostró colonias más grandes, con varias reinas (poliginia) y trabajadoras de formas diversas. En estos entornos, las diferencias extremas de temperatura y la escasez de alimento representaron desafíos habituales. Según la Universidad de Lausana, “vivir en colectividades grandes reduce los riesgos de depredación y desecación”.
La existencia de varios tipos de trabajadoras permitió explotar los recursos limitados, mientras que la presencia de numerosas reinas facilitó la fundación de nuevos nidos y la resiliencia ante condiciones adversas. Esta estrategia resultó vital para la supervivencia en ecosistemas donde la disponibilidad de alimento puede verse abruptamente reducida y donde el riesgo de perder a la única reproductora sería demasiado alto.
En las zonas templadas de Europa, Asia y el hemisferio sur —incluyendo países como España, Japón, Nueva Zelanda y Chile— predominó el tercer modelo: colonias con varias reinas y trabajadoras morfológicamente uniformes, es decir, monomorfismo. La marcada variabilidad de recursos y temperaturas a lo largo del año generó sociedades que tienden a la poliginia, aunque las obreras mantienen una morfología similar.

Cleo Bertelsmeier, de la Universidad de Lausana, señaló: “Donde las fuentes de alimento pueden variar con rapidez, es mejor ser una hormiga versátil que una ultrasespecializada”. Este tipo de organización facilitó la adaptación ante cambios imprevisibles y la rápida reestructuración de la colonia frente a fluctuaciones ambientales.
Los mapas de la Universidad de Lausana demostraron que estos modelos de organización social aparecen en regiones distantes cuando se reproducen condiciones ambientales similares, lo que sugiere que el clima, la geografía y la estacionalidad actuaron como fuerzas clave en la evolución de sociedades animales complejas.
La investigación destacó, además, la escala inédita de este análisis, que superó a trabajos previos centrados en pocos rasgos o especies, al integrar múltiples aspectos sociales y abarcar una muestra global.
El estudio aportó una nueva perspectiva sobre la evolución del comportamiento social en animales, indicando que especies separadas por grandes distancias desarrollaron soluciones colectivas comparables ante retos ambientales semejantes. Así, la diversidad social de las hormigas no solo reflejó su capacidad de adaptación, sino también la influencia profunda que ejerció el entorno sobre la vida en comunidad.