De las advertencias a las amenazas y de las amenazas a los hechos. Así empezó el año en el mundo barra y todo indica que las cosas se van a poner peor. Dos de las internas más fuertes que se viven en este momento terminaron por explotar en los últimos días: en Liniers, Raúl Ciminelli, alias Raulo, jefe de La Pandilla, la barra brava de Vélez, terminó acusado en la Justicia de apuñalar a otro hincha en las inmediaciones del estadio para después refugiarse en el José Amalfitani como mensaje al líder del sector con el que está enfrentado, Adrián Kiko Fernández, un ex presidiario cuyo epicentro de poder es el barrio de Versalles y que avisó que quiere ir por todo. En Avellaneda, durante el segundo tiempo del partido entre Racing e Independiente Rivadavia de Mendoza, la facción oficial llamada Los Pibes de Racing y que maneja Leandro Paredes divisó en la platea a un hombre de la disidente, llamado Walter Alagastino, que paraba en la histórica Guardia Imperial y que tiene relación con Matías Alfonzo, alias Cara de Paty, otro que pugna por quedarse con la popular. Y ayudados por manos amigas que les franquearon el paso, cinco barras fueron a buscarlo a ese sector y le pegaron tanto que tuvieron que trasladarlo desde el Cilindro a un nosocomio en ambulancia. Tanto la gente de Seguridad Deportiva de la Ciudad de Buenos Aires como quienes manejan la Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte en Provincia están al tanto y monitoreando una situación que en cualquier momento parece que se irá de las manos.

El primer caso y el más grave es el que ocurrió en Liniers y es correlato de una guerra que comenzó este verano, cuando Kiko salió de prisión y avisó que iba por todo. Es más, grabó un video en la plaza Ciudad de Banff, corazón del movimiento de Versalles ubicada a tan solo siete cuadras del Amalfitani invitando a pelear a Jonathan Pereira, hermanastro de Raúl Ciminelli y pata fundamental en el liderazgo de la popular. A partir de ese momento se movió toda la estructura política de la Ciudad y se abrió una causa por intimidación contra Kiko y se le aplicó el derecho de admisión. Pero éste, lejos de amedrentarse, siguió patrullando las calles aledañas del club sembrando terror a punto tal que la barra oficial que siempre hizo de la pileta y la ciudad deportiva del club su propio hogar, este verano sólo fue esporádicamente y en cada reunión insólitamente o no tanto, había patrulleros de la comisaría vecinal en la puerta de Vélez, para que nada grave ocurra.

Semejante situación puso en estado de paranoia y conspiración a toda la primera línea de La Pandilla, que decidió armarse y salir también ella a mandar mensajes a sus rivales internos. Y el primero llegó días atrás: a las 22,30 Diego Luis B. (NdR: Infobae reserva el apellido de la víctima), de 44 años, caminaba por la calle Echenagucia 1145 cuando una Chevrolet Tracker donde iba Raulo junto a otros dos barras lo interceptaron y después de avisarle que iban a lastimar a todos los que osaran desafiar su poder, lo atacaron con armas blancas dejándolo lesionado en sus miembros inferiores por lo que tuvo que ser trasladado por el Same al hospital Vélez Sarsfield.
Pero como si esto fuera poco, minutos después sucedió algo más increíble: la Tracker fue al estacionamiento interno de Vélez, el personal de seguridad privada le franqueó el acceso y una vez adentro le sacaron las chapa patente a la camioneta para que no pueda ser identificada. Como la Policía obtuvo las cámaras de la zona, sí lograron establecer la ruta de los barras y el rodado quedó secuestrado. El club, como siempre, dijo no estar al tanto de nada.

Diego B. declaró en la comisaría que reconoció a dos de sus agresores: el líder Raúl Ciminelli y Facundo Sánchez, a los que nombró como barras del club. El tema es que cuando debió ratificar la denuncia ante la fiscalía 24 de la Ciudad cuyo titular es el doctor Rodrigo Pagano Mata si bien volvió a mencionarlos no hizo mención a la guerra barra sino a que había un conflicto por una deuda de cinco mil pesos que arrastraba desde 2019. Lo que tomando el cambio de aquel momento representaban unos 80 dólares. No parece motivo suficiente para atacar con armas blancas a otra persona siete años después.
Ciminelli llegó al liderazgo de la barra en 2021, tras el retiro del anterior jefe, Pedro Paz. De entrada mostró su poder: pactó con la fuerzas de seguridad y con el club, se quedó con todos los negocios de cancha, sobre todo el de los recitales, y puso en el centro de la popular una bandera que decía “La banda de Raulo, más de uno se quiere matar”. De ahí en adelante La Pandilla protagonizó un escándalo tras otro hasta quedar inmersos en un proceso judicial con derecho de admisión en 2021, que gracias a manos amigas les fue levantado una semana antes del Mundial de Qatar, por lo que se constituyeron en la barra más numerosa de la Selección en Medio Oriente. Al regreso, Raulo generó otro incidente increíble: en pleno verano en Villa Gesell atacó al animador de un trencito de la alegría, un adolescente de 16 años vestido de Spiderman, porque no se apuraba en subir a los chicos al vehículo. Pero como fue apenas demorado por la Policía y nadie le puso otra vez derecho de admisión, siguió con su poder intacto. Y ahora, ante el desafío de Kiko, decidió defenderlo por las calles de Versalles cuchillo en mano, según la imputación judicial.

Mientras eso pasaba en Liniers, en Avellaneda se abría otro capítulo de la interna académica. A la par de la lesión de Maravilla Martínez, la cúpula de la barra que estaba en la tribuna y tiene como si fuera la SIDE distribuidos agentes por todos los sectores del Cilindro para detectar movimientos sospechosos de sus rivales, divisó a Walter Alagastino, quien estuvo mucho tiempo vinculado al ex jefe de la Guardia Imperial, Raúl Huevo Escobar. Y el actual líder, Leandro Paredes, que llegó también a esa posición a finales de 2020 tras un pacto con los jefes políticos del Municipio y la Provincia, decidió actuar. Así un grupo comando llegó hasta la platea C del estadio, manos amigas les franquearon el ingreso y durante diez minutos fue agredido sin que la Policía ni los agentes de seguridad privada se hicieran presentes. Extrañamente, recién aparecieron una vez que la faena de los barras terminó, por lo cual no hubo ningún detenido y más allá de la declaración de testigos que dicen haber visto al líder de la tribuna en la zona, no hay imágenes aún que lo comprometan. El tema es que la agresión como mensaje a todos los rivales de la facción oficial fue tan fuerte que Alagastino tuvo que ser trasladado en ambulancia al hospital. Una postal más de una guerra que si nadie para a tiempo, va a pasar de dejar lesionados a víctimas mucho más graves. Porque así lo refleja esta historia de nunca acabar.