Ante Garmaz modelando

No tenía los mejores modos, hay que decirlo. Y es probable que algún desprevenido, quizá alguien que haya nacido en las últimas dos o tres décadas, se tope con un video suyo en las redes sociales y no sepa ni siquiera quién era este hombre de tan mal carácter. Sin embargo, Ante Garmaz marcó toda una época en el mundo de la moda y la televisión. Lo suyo fue totalmente disruptivo, tanto en lo profesional como en lo personal, que muchas veces iba de la mano. Y fue así como se convirtió en un personaje único en el espectáculo argentino.

¿Qué no tenía un perfil criollo? Claro que no porque, a decir verdad, era croata. Había nacido el 7 de enero de 1928 en Zagreb, pero cuando tenía apenas 4 años se había instalado con su familia en una colonia yugoslava ubicada en la localidad de Las Breñas, en la provincia de Chaco. Sus padres pusieron una pensión que les permitió sobrevivir por un tiempo. Pero, cuando el joven Antonio Jorge -tal el nombre con el que se lo inscribió en estos pagos- cumplió los 12, todos se mudaron a Rosario, Santa Fe, buscando un pasar mejor.

Ante terminó la escuela primaria en el colegio Mariano Moreno. Y, siendo un adolescente, empezó a planificar su futuro. Sabía que era imposible -y más en esos tiempos-, pensar en entrar a la farándula viviendo en un pueblo. Así que, en cuanto pudo, se trasladó a Buenos Aires. Después de un período en el que se dedicó a vender seguros para poder pagarse un plato de comida y un techo donde dormir, en 1947 comenzó su carrera de modelo.

Tenía un porte imponente a pesar de su baja estatura, un estilo europeo y, por sobre todas las cosas, un carisma arrasador. Así que no pasaba inadvertido. En aquellos años, los prejuicios sociales hacían que pocos hombres se animaran a caminar sobre una pasarela. Y que casi ninguno osara hablar libremente de su orientación sexual, menos, en épocas de dictadura militar. Sin embargo, a Garmaz no le importaba en lo más mínimo lo que otros dijeran de él. Y no conocía el miedo. Sabía perfectamente cuál era su objetivo. Y estaba dispuesto a ir tras él.

El modelo y conductor era fanático de Boca Juniors

Conforme su nombre empezó a tomar notoriedad, Ante pasó de modelar ropa de otros diseñadores a confeccionar sus propias prendas. Y se convirtió en una marca que era sinónimo de elegancia y distinción. Esto, sin embargo, no le impidió mezclar la moda con otra de sus pasiones: el fútbol. Y no solo convenció al arquero de la selección nacional, Amadeo Carrizo, de que desfilara para él, sino que también fue capaz de dejar de lado su fanatismo por Boca Juniors para diseñar la corbata de Ángel Labruna con la que River Plate logró romper una racha de 18 años sin ganar un campeonato.

Eso sí: décadas más tarde, Garmaz se reinvindicó con el club de sus amores y diseñó los trajes que los jugadores xeneizes utilizaron en 2003, cuando les tocó viajar a Japón para disputar la Copa Intercontinental frente al Milán. Pero, por otra parte y mostrando una faceta desconocida para muchos, durante un tiempo fue vicepresidente del club de fútbol Chaco For Ever. ¿Alguien podía imaginarlo llevando todo su glamour al estadio Juan Alberto García, más conocido como El Gigante de la Avenida, en Resistencia?

Sí, definitivamente, Ante era un distinto. Y por lo mismo, resultaba muy atractivo para el público. Los productores se daban cuenta de eso. Así que lo convocaron para formar parte de films como Cosquín, amor y folclore (1965),Triángulo de cuatro (1975), Los hombres solo piensan en eso (1976) y El soltero (1977). Luego tuvo un breve paso por Feminísimas, programa conducido por Pinky en el que le dieron la posibilidad de presentar su propia sección de moda llamada El guardarropas de Adán. Y el éxito fue total. Así que, a partir de ese momento, todo cambió para él.

Dada la repercusión del segmento, en 1988 tuvo la chance de ponerse al frente de su propio programa: El mundo de Ante Garmaz. Al principio parecía disparatado. ¿Un ciclo dedicado, exclusivamente, a hablar de moda? ¡Y conducido por un hombre! Pero Horacio Larrosa estaba convencido de este proyecto y lo hizo debutar en el viejo ATC. El modelo devenido en conductor, en tanto, le puso su impronta. Por empezar, hizo una cortina de presentación con el tema New York, New York, de su ídolo máximo Frank Sinatra. Y, después, se permitió ser él mismo. ¡Total! ¿Qué podía perder?

El Mundo de Ante Garmáz fue un clásico de la televisión

Pero no tenía buenos modos. Para nada. Y, en determinado momento, sus colaboradores dejaron filtrar grabaciones de lo que ocurría en los cortes del ciclo, cuando él se ensañaba con sus productores, les gritaba a las modelos o despotricaba contra los invitados del programa. Descalificaciones, incluso relacionadas a aspectos físicos y que hoy lo mandarían derecho a la cancelación, eran una constante. Pero entonces eran socialmente “aceptadas” bajo la máscara de la “exigencia” laboral de la que él mismo hacía alarde.

Si bien se permitió disfrutar del amor libremente, un día se cansó de sufrir y dejó de buscar una pareja estable. Hizo mucho dinero, pero al no tener descendientes lo invirtió en sí mismo: cenas de lujo, viajes sofisticados, ropa de marca y una interminable colección de corbatas y sombreros. También se ocupó de ayudar a sus ocho sobrinos nietos, que residían en la provincia de Córdoba. Pero no más que eso.

La buena vida, en tanto, se le terminó cuando su salud se resintió. Estuvo muchos años luchando contra el cáncer. Y, en los últimos tiempos, había sido internado en la terapia intensiva del Hospital Fernández por una insuficiencia cardio respiratoria.

Murió el 16 de junio de 2011, a los 83 años. Muchos se habían reído con él y, otros tantos, de él. Pero a Ante no le importaba. Sabía que, sea como fuera, iba a dejar una huella en el espectáculo local. Y así fue. Con sus aciertos y, quizás, muchos errores, Garmaz se convirtió en un personaje de culto. E impuso un estilo único.